Nos debe importar

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Nos debe importar

Septiembre 08, 2019 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

El Valle fue uno de los pocos departamentos al que, comparativamente, no le fue tan bien durante el boom petrolero y le fue mejor con la caída de los precios internacionales del crudo. Esto debido a que en su territorio no se realizan actividades de exploración y producción de petróleo y gas, pues la base de su economía es el agro, la industria, los servicios y el comercio, lo que lo hace menos vulnerable a los ciclos del sector petrolero.

La no dependencia de la región en la industria petrolera le significó tiempos difíciles en la época de precios altos. Según la Cámara de Comercio de Cali, entre 2003 y 2014 el Valle creció por debajo del país, la tasa de desempleo fue las más alta de las ciudades capitales y la construcción de vivienda se estancó. La revaluación de la moneda afectó la competitividad cambiaria del agro y la industria. La salvación fueron las remesas.

Eso cambió durante la crisis de precios del petróleo, entre 2014 y 2017, cuando el valor del barril pasó de US$90 a US$27 en cuestión de meses, seguido de una alta volatilidad. Contrario a lo que ocurrió en otros departamentos y en el país en general, la producción industrial y el empleo en Cali aumentaron, la construcción de vivienda se disparó, y el valor de las exportaciones de la región creció, en parte gracias a la devaluación del peso.

Es decir, pese a las dificultades que vivió la región durante la última bonanza petrolera, aunque se benefició de su efecto en el crecimiento del país, es positivo que su economía sea de las más diversificadas. Pero eso no significa que el Valle deba ser indiferente a lo que ocurre en el sector petrolero, más cuando las reservas de hidrocarburos del país alcanzan para años, poniendo el riesgo la seguridad energética y la sostenibilidad fiscal.

La primera razón porque desde 2012, cuando se reformó el Sistema General de Regalías (SGR), la región ha recibido importantes recursos -directos- del sector petrolero. Según Planeación Nacional, desde ese año el Valle fue destinatario de $1,6 billones de pesos del SGR (Cali $1,2 billones y Buenaventura $153 mil millones, para citar dos ciudades). Sin contar los recursos de participación regional en los Ingresos Corrientes de la Nación.

Pero más allá de las regalías, perder la autosuficiencia también afectaría al Valle. El país tendría que buscar $30 billones para importar crudo y dejaría de recibir $20 billones de sus exportaciones: $50 billones al año. ¡Las últimas tres reformas tributarias suman $30 billones! Es decir, más impuestos y deuda, y menos inversión, pues la sostenibilidad fiscal del país asume una producción de 850 mil barriles día, que no están garantizados.

De ahí la importancia de incrementar exponencialmente las reservas de petróleo y gas del país. Y la mejor opción de mediano plazo, con la información disponible del sector, son los yacimientos no convencionales. En los campos actuales aún hay petróleo y gas, pero tienen límite, los de costa afuera tardarán un tiempo y no es claro si sean rentables, y las compañías no quieren aventurar en cuencas donde la presencia estatal es casi nula.

Por eso lo responsable es avanzar en los cuatro proyectos pilotos de investigación con fracking, que de llegar a etapa de producción -como esperamos- conllevaría a triplicar las reservas de petróleo y de gas, 450 mil barriles adicionales al día (que reemplazarían el declive natural previsto en la producción), una inversión anual de US$ 5 mil millones, e ingresos para el Estado de más de $6 billones al año (equivalente a la última reforma tributaria). Solo los pilotos. Eso es lo que está en juego para el país y el Valle del Cauca.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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