Menos rabia

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Menos rabia

Octubre 20, 2019 - 06:50 a. m. Por: Francisco José Lloreda Mera

El Gobierno Nacional ha cometido errores, como todos, que aciertan y se equivocan. No tiene sentido negarlo ni tapar el sol con las manos. Pero de ahí a responsabilizarlo de todos los males, de lo divino y lo humano, tampoco. Ese tipo de comportamientos, en los que prima el señalamiento, el buscar siempre culpables en los demás sin mayor autocrítica, y en los que la rabia manda sobre la razón, desdice de la esencia de una sociedad.

La Ley de Financiamiento se cayó por distintas razones. Independiente del fundamento de la Corte, discutible incluso, el único responsable no es el Ejecutivo: lo son el Congreso y los sectores políticos que se le atravesaron al proyecto asfixiando su trámite. Es más, el gran perdedor no es el Gobierno, somos todos. Nadie debería alegrarse de lo que pasó ni de tener de nuevo la ley -la seguridad jurídica y fiscal- a merced del chantaje político.

Similar ocurre con la decisión de Naciones Unidas de incluir a Venezuela en la Comisión de DD.HH. Aunque no debe sorprender pues es un organismo cada día más inoperante e ideologizado, sí lo es que reconocidos dirigentes digan que es una estruendosa derrota del Grupo de Lima y del Gobierno. Lo sucedido no es culpa del dossier sobre Maduro. Y es una derrota para los venezolanos y la democracia, y para los intereses de Colombia.

En cuanto al desempleo, igual. Es cierto que se ha incrementado y eso no es bueno, pero esa tendencia no es del último año: inicia en 2015. Por eso, responsabilizar al gobierno, como olímpicamente lo hacen algunos, es incorrecto e injusto. Generar empleo no se da de la noche a la mañana; es resultado de políticas de largo aliento, de la confianza en el país. De ahí el lío con la caída de Ley de Financiamiento, que le apuesta al empleo formal.

Se responsabiliza además al Gobierno y a la Policía de los desmanes que se cometen en el marco de la protesta social y se exonera de entrada a los estudiantes, como si todos fueran unos santos y todos los encapuchados infiltrados. Y a quien se le ocurra hablar de reglamentar la protesta le caen encima. Es el país que hemos forjado, sin orden ni ley; donde los no manifestantes no importan, son ciudadanos de tercera, sin derechos.

Estas son las críticas de moda, de la coyuntura. Sucede similar con el retorno de algunos guerrilleros a las armas y la violencia en territorio. Las disidencias y los asesinatos no iniciaron hace un año; son el efecto de decisiones equivocadas en el proceso de paz, de la incapacidad o desidia del Estado en su deber de copar el espacio de los criminales, y el auge del narcotráfico, explicado por la prohibición de la aspersión aérea con glifosato.

Pero no tiene sentido seguir mirando atrás. Es conocido lo que recibió el gobierno en lo bueno y en lo malo, y a Duque se le eligió para enderezar el rumbo en lo que requiere ser enderezado. El país necesita un norte claro, mando y resultados, y para muchos esto no se está dando. Las expectativas de muchos colombianos se han ido deshilvanando y esa sensación, sea real o no -cada quien lo evalúa- les facilita el discurso a los críticos.

Pero por más errores que haya cometido el gobierno en su primer año, no justifica la inquina. Pareciera que quienes perdieron la elección aún no lo superan e independiente de si el país se desbarata, quieren un epílogo sombrío del actual gobierno. Seguramente Duque tendrá que hacer ajustes, incluso en su equipo. Y tendrá que llenar a como dé lugar las expectativas de quienes hoy no las ven correspondidas. Pero de ahí a caerle por todo, en especial por líos heredados, hay un trecho. Menos rabia, más sentido patrio.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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