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Entonces, la cosa va en serio

Se nos vino en forma brutal esa guerra al narcotráfico que permea la geopolítica de nuestro continente...

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Julián Domínguez Rivera.
Julián Domínguez Rivera. | Foto: El País.

10 de ene de 2026, 12:26 a. m.

Actualizado el 10 de ene de 2026, 12:26 a. m.

Amaneció el año con nubarrones que rápidamente eclipsaron el optimismo propio de los años nuevos, con una operación en Caracas de película de guerra que solo veíamos en otros lados del planeta, distantes de una Iberoamérica en relativa calma.

Se nos vino en forma brutal esa guerra al narcotráfico que permea la geopolítica de nuestro continente y a Colombia como el principal exportador del maldito fármaco. Porque la operación tuvo como objetivo capturar al delincuente que, según una Corte de Estados Unidos, puso al servicio del tráfico de cocaína el aparato del Estado venezolano abusando de su espuria condición de Presidente, lo cual nos mete a la fuerza en el corazón del conflicto por los vasos comunicantes con el país hermano.

Entonces, ¡la cosa va en serio! No es la presencia de unas bandas en el Cauca, el Pacífico o en el Catatumbo, sino territorios de Colombia que son parte, quiéranlo o no, de esta que es también nuestra guerra, pero ahora en una escala superlativa.

Ya con un gobierno en el ocaso y paupérrimo en resultados, la forma de afrontar esta guerra debe ser motivo de urgentes acciones hacia el futuro.

No cabe duda de que lo primero es concentrarse con nuestros aliados en la recuperación territorial, empezando por permitir a nuestras fuerzas del orden su despliegue en todo el país, sin más contemplaciones con ofertas de paz que no se cumplen. Y, lo segundo, establecer un plan institucional para la recuperación del país, con el propósito de que quien gobierne pueda ejecutarlo.

Ello implica concitar a todas las instituciones para este propósito, en especial a nuestras Cortes; ellas han sido cruciales para afrontar el tsunami promovido desde el Gobierno para horadar el sistema de pesos y contrapesos propios de las democracias occidentales.

Acaba de terminar su periodo como presidente de la Corte Constitucional el magistrado Jorge Enrique Ibáñez, el mejor ejemplo de liderazgo en su papel como guardianes del Estado de derecho y con él los magistrados Luis Alberto Parra y Octavio Tejeiro, presidentes del Consejo de Estado y de la Corte Suprema.

Pero también a los medios de comunicación que no pueden dejarse meter en el juego del despliegue cotidiano solo de lo que ocurre en la cancha gubernamental, omitiendo destacar magníficas propuestas de los demás jugadores.

Y al sector privado, que ha mostrado dignidad con sus gremios a la cabeza y resiliencia de sus empresas, para regresar al mercado venezolano, por tantos años nuestro principal comprador. Con el consiguiente bienestar por el empleo que generará producir para alcanzar la cota de USD$ 10.000 millones, de la que estuvimos cercanos.

Pero el blindaje de estos propósitos no es otro que la democracia. Es la mejor aliada para hacer respetar la soberanía colombiana a través de sus instituciones. Así lo entendieron los españoles, cuya Constitución cumplió 50 años, lo que le permitió nivelar el país con el resto de Europa y desarrollarlo hasta lograr pleno empleo, Constitución de la cual se enorgullecen a pesar de su gobierno, porque han entendido que es el mejor seguro para su libertad.

Ahora tenemos la opción de votar para elegir un nuevo Congreso y Presidente de la República. Será la mejor forma de ser autores de nuestro destino como sociedad civil, exigiendo el derecho a la vida y a la libertad, poniendo en valor nuestras instituciones y protagonizando el día después que vendrá con la reconstrucción de Venezuela demolida por el socialismo del Siglo XXI.

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