¿Y las investigaciones?

Septiembre 30, 2022 - 11:45 p. m. 2022-09-30 Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Cuando hay voluntad para investigar, estas dan resultado. Por ejemplo, la destitución del poderoso presidente del BID Mauricio Claver-Carone se dio después que la junta directiva de la entidad comisionara una firma de investigación privada para que evaluara posibles conductas antiéticas del ejecutivo. Estaba señalado de favorecer salarialmente a una subalterna como consecuencia de un romance clandestino. Los investigadores recopilaron pruebas y al final le pidieron a Claver-Carone y a la funcionaria, que permitieran revisar sus celulares. La negativa de estos se convirtió en indicio grave y así se consolidó la destitución.

¿Por qué entre nosotros, muchas investigaciones, especialmente las que tienen que ver con corrupción, no fluyen? Ese largo silencio perjudica a la sociedad que termina dudando de su Justicia, afecta a los imputados y deja en tela de juicio los denunciantes. En las denuncias en Cali, por ejemplo, se mencionan sucesivamente casi que extorsiones para que se adjudiquen los contratos. Se repiten los nombres de las cabezas de ese carrusel. Se observa el enriquecimiento de algunos de ellos sin que se identifique una fuente de ingresos clara.

Los aspirantes a ganarse un contrato, al final, después de la extorsión, terminan en uno de tres grupos: a) el que habitualmente se gana el contrato después de pagar la coima y hace parte del club de beneficiarios. Estos son grupos reducidos que a veces terminan manejando grandes cifras. b) Los que rechazan la extorsión, por ética o porque las cifras no les dan para atender las expectativas de los titiriteros del clan y pierden en las convocatorias, y c) aquellos que, por no perder el negocio, por lograr alguna liquidez o mantener sus trabajadores activos, acceden al chantaje.

Lo cierto es que los integrantes de estos dos últimos grupos, no simplemente quedan molestos o dolidos, me da pena expresarlo, pero no hay un mejor adjetivo: quedan ‘putos’ ante su impotencia al ver que las entidades oficiales van quedando en manos de delincuentes, cínicos y prepotentes, que se sienten invencibles por el poder y el dinero. Faltaría un cuarto grupo: aquellos que prefieren abstenerse de negociar con el Estado pudiendo ser excelentes proveedores pues “saben cómo es la cosa allá adentro”.

Un investigador con real interés en cumplir su labor ya habría allanado oficinas, identificado líneas telefónicas e interceptado las conversaciones; habría hecho la trazabilidad a los activos propios y del clan familiar; tendría números telefónicos y links para denuncias anónimas. Ante la ausencia de acciones y resultados, la pregunta colectiva es si en los entes de control hay incapacidad o más bien, complicidad.

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