Odio, muerte y juventud

Odio, muerte y juventud

Agosto 09, 2019 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Leí recientemente un preocupante informe del New York Times que presenta similitudes entre los grupos supremacistas blancos y los del Estado Islámico. Ambos captan jóvenes, usualmente fáciles de radicalizar, promueven un lenguaje apocalíptico relacionado con el riesgo de desaparecer y como consecuencia, matar masivamente (a los infieles unos y a los inmigrantes otros) es solución replicable. Ya no hay paraísos donde estemos a salvo. Edenes como Noruega o Nueva Zelanda ya hacen parte de los campos de tiro de jóvenes que combinaron su desadaptación con ideologías relativas al choque entre civilizaciones que pueden aniquilar a los suyos.

Los terroristas no nacen. Es triste como se les prepara y otras veces como se radicalizan en solitario mediante el acceso a las redes. El lenguaje del odio es el factor común. Después las redes y los medios ampliarán sus crímenes y ellos se sentirán salvadores de su raza o de sus creencias con la divulgación de sus atrocidades. El efecto viral se convierte en bola de nieve al punto que el FBI ha declarado que han muerto más estadounidenses en ataques terroristas nacionales que en ataques internacionales sucedidos desde el fatídico 11 de septiembre. El asesino del Walmart en El Paso, Texas, tenía solo 21 años. 19 minutos antes que cayera la primera de las 20 víctimas fatales, las redes divulgaron un mensaje terrible advirtiendo de ‘la invasión hispana a Texas’. A veces sentimos que estas masacres son lejos de nosotros.  Mensajes como esos que estimulan el racismo, la intolerancia y la división son cada vez más frecuentes y cercanas a los nuestros.

Me preocupa mucho el lenguaje de odio cotidiano que venimos usando los colombianos al interior. Me sorprende el comportamiento en las redes de caballeros y de damas a quienes conozco cuando se van a referir a los expresidentes o a sus seguidores. La caballerosidad y las buenas maneras bajan a las cloacas y lo escrito allí queda. Grabado con innecesario estiércol. Pero la gran preocupación es que estamos levantando nuestros jóvenes en un clima de extremismo y radicalización, en el cual estamos preparando una receta peligrosa: odios viscerales, internet generoso y en un país donde el sicariato es silvestre y mandar a matar es barato. ¿Me hago entender querido lector, hacia dónde va mi preocupación?

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