‘No’ en labios de mujer

‘No’ en labios de mujer

Enero 11, 2019 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

No creo que un país pueda destacarse como respetuoso de las mujeres por tener, por ejemplo, Vicepresidenta de la República, ministras, mesa directiva de la Asamblea del departamento, mientras que simultáneamente los atropellos y crímenes contra ellas sigan creciendo de una manera absurda en número y vergonzosa en civilidad.

Frecuentemente un dato honroso, como la burocracia pública y privada, tapa la miseria de la realidad. El de miles de mujeres, muchas incluso generadoras de ingreso económico importante para sus hogares, que son tratadas como objetos o como animales de carga por sujetos que no han logrado evolucionar en el respeto de género. El tema es de una profunda raíz sociocultural.

Se pretende disimular la ‘cosificación’ de la mujer con las estadísticas de su progreso laboral o económico. No siempre los parejos ligan el respeto por la persona a su crecimiento laboral. Para ellos, ella es una generadora de ingresos como lo es una página web, una máquina o un buey de arado. Su productividad no necesariamente genera respeto, admiración y valoración de su individualidad.

Por eso, a estos tipos no les cabe un ‘no’ de los labios de sus mujeres. “Tú no eres la persona con quien quiero envejecer”, “dejé de amarte”, “esta noche no quiero estar contigo”, “tú no me convienes”, son expresiones inaceptables para estos delincuentes que al considerar que su pareja es ‘algo’ y no ‘alguien’, irrespetan con violencia la expresión autónoma de su personalidad.

Nada está sirviendo con estos criminales. Ni el endurecimiento de las penas, ni la disminución de beneficios penitenciarios, ni el repudio que padecen de hasta sus mismos compañeros de celda; nada está haciendo cambiar su comportamiento como lo vemos en las noticias diarias. La última fue el atroz crimen de Lady Johanna Morales en Navarro.

Solo cambiaremos cuando haya un trabajo cultural desde el hogar, en los colegios, en nuestra cotidianidad, donde se respete la pareja por ser persona, libre y autónoma y no por ser un elemento más de propiedad machista, que no admite cuestionamiento, distancia o la toma de sus propias decisiones afectivas.

Un hombre que no lo entienda ni lo asuma debería ser despreciado por sus congéneres.

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