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Los amores pandémicos

Enero 01, 2021 - 11:45 p. m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

En la larga lista de damnificados del año de la pandemia se mencionan empresarios, gobernantes, adultos mayores, personal de la salud, pero no se menciona al amor furtivo. Precisamente por su clandestinidad, es difícil explicar el daño tan grande que el virus le hizo a las artes amatorias.

Los conquistadores no pudieron volver a los restaurantes y mucho menos brindar cachete con cachete ni compartir el postre con la misma cuchara; peor aún, los restaurantes estuvieron cerrados y ahora que abrieron les preguntan a las parejas sus nombres y cédulas, hasta los celulares e incluso la temperatura que en estos tiempos está bajita por razones obvias. Más triste aún, lo sucedido a aquellos que conquistaban mediante ese rítmico roce de los cuerpos que se da en el baile. Las discotecas cerraron; trataron en un momento de abrir pero el compromiso era departir sin licor. Sé de amigos que fracasaron gritando “guepaje” después de un sorbo de mazamorra o se desanimaron cuando a ella le quedó un grumo de sorbete de badea entre el labio superior y la nariz.

Pareciera que el covid fuera hecho contra los amantes. Encerrados todos en la casa institucional, no hay chico ni para llamar al amor clandestino. Si la llamada es en la cocina, allá llega la empleada imprudente, y si es en la terraza, la abuela sorda que recibe el sol roncando, abre un ojo en medio de la llamada sigilosa y grita “¡bandido!”. “Abuela qué pena, ¡pensé que eras sorda!”. “Para unas cosas, ¡corrompido!”, grita ella. Tengo un amigo que se inventó volarse con el pretexto de comprar aguacates. La señora le propuso: “Pero yo lo pido a domicilio y llega rapidito”. Este hombre se enredó tanto que contestó: “Pero si yo iba por un rapidito, ve, por un aguacate”. Es dramático lo que está sucediendo.

Los moteles están cerrados o generan desconfianza; los hoteles son excelente opción pero me dicen que hay que ser amigo del gerente para que no pidan demasiada información sobre la junta a realizarse en el 403. Supe de alguien que visitaba su novia y subía directo desde el garaje hasta el nicho de amor. Ahora debe arrimar a la portería y allí se ha dado cuenta que el portero es el mismo vigilante de su edificio, mal despedido en ese entonces, quien lo saluda con nombre de pila y una maldita sonrisita que ha afectado el desempeño erótico del furtivo visitante.

2020 será recordado entre muchas otras cosas, como el año en el que millones de deliciosos romances naufragaron, en una crisis tal, que ni siquiera el compositor del amor, Armando Manzanero, pudo superarlo.

¡Feliz 2021 a todos los amables lectores!

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