Líderes e ingratitudes

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Líderes e ingratitudes

Enero 08, 2021 - 11:45 p. m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Esta semana el Valle perdió dos personajes que le hicieron importantes contribuciones: el padre franciscano Luis Javier Uribe y Hugo Lora Camacho. Muchas coincidencias, cultura, compromisos con la educación, liderazgo, ejercicio del poder, momentos aciagos cuando estuvieron en su cenit profesional y los últimos años entre la ingratitud y la melancolía.

El padre Uribe fue gran intérprete de las expectativas de líderes empresariales de la región, al coincidir en la necesidad de construir una universidad que contara con facultades claves para la formación de nuevos liderazgos, en vista de los huracanes comunistas que alteraron en los 60 el curso de las universidades públicas.

Con el apoyo generoso de Enrique González Caicedo, Pedro Pablo Scarpetta y otros, fray Uribe tuvo la credibilidad y convocatoria para hacer realidad la Universidad de San Buenaventura que tuvo su gran momento con la sapiencia pedagógica de fray Alberto Montealegre y el liderazgo político y económico de fray Javier Uribe. La mejor demostración de sus condiciones fue cuando Virgilio Barco lo designó capellán de la Casa de Nariño. Usualmente el rol de esta capellanía es más espiritual y protocolario, pero no en ese gobierno cuando el sanedrín de palacio lo conformaron Germán Montoya, Fernando Cepeda, Gustavo Vasco y el Padre Uribe. La cohesión ideológica, capacidad ejecutiva y lealtad, hicieron que la progresiva crisis de salud del presidente no afectara su gobierno.

Tanta grandeza en la trayectoria de fray Uribe causó escozor en varios de sus compañeros de congregación quienes emprendieron una persecución para acabarlo. Después de varios años de ignominia, los tribunales le dieron la razón al padre Uribe quien así supiera que su nombre quedó esclarecido, jamás recobró los bríos y altivez que tanta envidia generaron. El costo de la batalla terminó afectando el de la universidad y el de la congregación. Nada volvió a ser igual, pero tampoco nadie podrá negar la trayectoria admirable de Luis Javier Uribe.

Parábola con semejanzas le tocó vivir a Hugo Lora. Seguramente con más errores, pero el ostracismo al que fue condenado fue en mi sentir y el de muchos, desproporcionado con su aporte a la región. Ejemplo de amistad e independencia que lo enaltece fue el de Luis H. Pérez quien acogió a Lora como uno de los bastiones de su importante Universidad Autónoma de Occidente.

Lo más triste es que quienes usaron el poder de veto contra estos personajes nunca pudieron construir nuevos liderazgos en una sociedad que carece de ellos.

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