Armando Imbanaco

Armando Imbanaco

Noviembre 16, 2018 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

En medio de estas semanas tan convulsionadas y escasas de buenas noticias, se ha hecho felizmente viral el premio mundial de arquitectura logrado por Imbanaco en la categoría ‘Innovación en la construcción’, otorgado por Cemex a la nueva sede.

El video presenta los finalistas al premio: imponentes obras en Costa Rica, España, México, Polonia y República Dominicana.

La viralidad, sin lugar a duda, es consecuencia del orgullo que sentimos por la ejecución de tan portentoso proyecto en una región necesitada de pensar y actuar en grande.

Recordé entonces a su impulsor, el médico Armando González Materón, quien gerenció Imbanaco desde 1986 hasta diciembre pasado. Cirujano exitoso, líder en las residencias estudiantiles, profesor distinguido de la Facultad de Medicina, gerente por cuatro años del Hospital Universitario del Valle y posteriormente cabeza del CMI por 32 años, institución fundada en 1970 por 28 médicos que recibieron cada uno crédito de Coomeva para medírsele a la creación del Centro, el cual está hoy conformado por 360 socios, profesionales de la salud.

¿A qué se debe el crecimiento impresionante de Imbanaco? A la demanda, estimulada especialmente por la ampliación de la cobertura de salud fomentada por la ley 100, pero también a la obsesión en la calidad en el servicio que imprimió Armando González.

Él, estudioso de temas gerenciales de vanguardia y comprometido con la espiritualidad y con el servicio a los demás, como la mayor muestra de amor, lograron que los índices de satisfacción se dispararan tanto entre empleados como en usuarios.

La obra de cierre de su gestión gerencial fue la construcción de la nueva sede, 112.000 metros construidos durante seis años, fundamentados en las recomendaciones de Siemens en Alemania de levantar primero el mapa detallado de flujos de procesos, para sobre estos, hacer el diseño de la clínica de tal manera que el manejo eficiente, ágil, aséptico, cómodo, se reflejara desde urgencias y hasta el más recóndito espacio de la obra.

Hoy, felizmente retirado, entre el golf, su familia y sus perros, Armando González pasea silencioso por la vida, honrando aquel principio suyo que grabaron sus colaboradores: “Buscar hacer posible lo que para muchos es imposible”.

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