Roy, ¿el poder para qué?

Julio 21, 2022 - 11:55 p. m. 2022-07-21 Por: Diego Martínez Lloreda

Más inflado que un bimbo se veía nuestro paisano Roy Barreras el miércoles pasado, durante su posesión como Presidente del Senado.

Gustavo Petro, que ante todo es un político consumado, demostró ser más pragmático que leal, al abrirle el camino a Roy para que presidiera esa corporación, por encima de viejos y fieles compañeros de lucha como Alexánder López y Gustavo Bolívar. Porque si se trata de hacer componendas, negociaciones bajo la mesa y pactar apoyos a cambio de canonjías, nadie mejor que el mefistofélico Roy.

Este hijo del Valle llegó al Congreso en el 2006 como representante de Cambio Radical que, por físico pesar, resolvió darle el aval, luego de que nuestro patriarca se convirtiera en visitante asiduo del pabellón de los quemados electorales.

Por entonces, el partido de Vargas Lleras era uno de los más sólidos respaldos con el que contaba el entonces recién reelegido presidente Álvaro Uribe. Pero al poco tiempo surgieron las diferencias y Roy, por supuesto, tomó partido por el que tenía el sartén por el mango y mando a freír espárragos a Cambio Radical.

Ya en el 2010, Roy decidió pasar de la Cámara al Senado. Y lo hizo aupado en la figura de Álvaro Uribe, que por entonces tenía una opinión favorable del 80% en las encuestas. Incluso, Barreras se presentó como ‘el candidato del Presidente’ y en las piezas publicitarias aparecía su imagen con la sombra de Uribe.

Pero la Corte Constitucional frenó la intención de Uribe de hacerse reelegir por segunda vez y al Presidente no le quedó otro camino que cederle los trastos a Juan Manuel Santos.

Santos, al mejor estilo Roy, se hizo elegir con las ideas uribistas, pero tan pronto se posesionó cambió radicalmente de libreto y desarrolló uno propio que iba en contravía del ideario uribista. Consumada la traición, el primero que recaló en el santismo fue, por supuesto, Roy. Y con la habilidad y la lagartería que lo caracterizan terminó apropiándose de la principal bandera de Santos: la paz. Incluso, terminó como negociador en La Habana.

Con el triunfo de Iván Duque, Roy pasó al ostracismo. Entonces, y al ver la favorabilidad creciente de Gustavo Petro, optó por dar un salto triple y se sumó al Pacto Histórico, fiel a su principio ‘fouchecista’ de estar al lado de las mayorías. Mejor dicho, en poco más de diez años, Roy pasó de ser el escudero mayor del líder de la derecha, al sacamicas máximo del jefe de la izquierda. Y terminó adueñándose de la candidatura de Petro, desplazando a petristas pura sangre como Alexánder y Bolívar.

El accidentado ascenso de Roy al poder ha tenido un enorme costo para él, que, aunque no nos guste, posee la inteligencia, la experiencia y la capacidad para haber sido presidente de Colombia. Pero su ambición sin límites, su falta de principios y su forma de hacer política, que tantos réditos le ha dado, lo convirtieron en el símbolo de la deslealtad, del clientelismo, de la politiquería y del todo vale, como dijo Sergio Fajardo.
Vaya paradoja: Roy, en la actualidad, es el político más poderoso y a la vez el más desprestigiado de Colombia.

Como diría el maestro Darío Echandía: Roy, ¿el poder para qué?

Sigue en Twitter @dimartillo

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