Homicidios bajan, pero...

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Homicidios bajan, pero...

Mayo 02, 2019 - 11:55 p. m. Por: Diego Martínez Lloreda

En los primeros cuatro meses de este año, la cifra de homicidios en Cali se redujo 20%, respecto al 2018, al pasar de 443 casos ese año a 354 el actual.

De hecho, como ha venido ocurriendo en el último tiempo, el que acaba de concluir fue el abril menos violento en los últimos 27 años, con 30 homicidios menos que abril del 2018.

“Se mantiene la tendencia a la baja desde el 2013, cuando estábamos casi en 86 homicidios por cada 100 mil habitantes y hoy estamos en 46”, resaltó el comandante de la Policía Metropolitana, general Hugo Casas.

Sin duda, es muy positiva esta reducción constante en el número de asesinatos en nuestra ciudad. Hay que destacar el trabajo científico y paciente que han desarrollado las autoridades para identificar los sitios donde más homicidios ocurren, para intensificar la vigilancia e incrementar las acciones sociales en esas zonas.

Pero, aunque me tilden de aguafiestas, no parece que la percepción de inseguridad se esté reduciendo en la misma proporción. Por la sencilla razón de que la ciudadanía está aterrada por los recientes casos de sicariato, ocurridos a plena luz del día y en puntos de gran congestión vial y humana, como el barrio Granada, la avenida Pasoancho y el oeste de Cali.

No nos digamos mentiras: es muy diferente que un asesinato ocurra en Aguablanca a que se presente en uno de los sectores residenciales de clases media y alta. Si pasa en el Oriente, nadie se da por enterado. Incluso buena parte de los caleños considera normal que en esas zonas tan violentas haya muertos.

Pero si el homicidio se presenta en la Pasoancho, en Granada o en San Antonio, las redes sociales estallan con los videos y las fotos del hecho y los comentarios sobre “la inseguridad que se está devorando a Cali”.

Precisamente, la gran mayoría de las muertes violentas que ocurren más allá de Aguablanca son perpetradas por sicarios. Ello ocurre, primero que todo, porque en Cali hay muchos clientes que contratan el servicio.
Ley del mercado. Y segundo porque hay una industria del sicariato que provee pistoleros, armas, motos y todo lo necesario para ejecutar ese tipo de acciones.

Pero el verdadero motor del sicariato es el maldito narcotráfico. Porque el 99% de los homicidios que los pistoleros a sueldo perpetran, son por ajustes de cuentas por ese negocio criminal o por el gota a gota. Que es la forma que los narcos han encontrado para lavar los dineros que produce su lucrativo negocio.

No es casualidad que esos ajustes de cuentas se produzcan en Cali: esta ciudad es la capital del Pacífico, zona en la que se produce el 60% de la coca colombiana. Mejor dicho, las diferencias que surgen en Tumaco, Guapi, Timbiquí y Buenaventura, por este negocio, se dirimen aquí.
Porque es desde Cali que se manejan los hilos de esa actividad.

Mejor dicho, mientras el Pacífico colombiano sea un mar de coca, Cali será un torrente de violencia. Ojalá quienes se oponen de forma vehemente a la fumigación aérea, que es la única forma eficaz de controlar los narcocultivos, tengan en cuenta esa realidad.

Los caleños tenemos que ser los más interesados en que se acabe la inacción del Estado colombiano frente al crecimiento exponencial de los cultivos ilícitos.

De lo contrario, a pesar del enorme esfuerzo que hacen las autoridades, nunca podremos vivir en una ciudad medianamente civilizada.

Sigue en Twitter @dimartillo

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