Evitemos una tragedia

Evitemos una tragedia

Abril 04, 2019 - 11:55 p.m. Por: Diego Martínez Lloreda

“Lo que no puede ocurrir es que nos acostumbremos a convivir con este cáncer, que es lo que ha acontecido. Al interior de la Universidad del Valle mucha gente tiene conocimiento de dónde se reúnen, qué armas usan. La ciudadanía sabe que de cuando en cuando cierran la Pasoancho y simplemente toma otras rutas. Y las autoridades se limitan a mandar al Esmad cada vez que estos bárbaros se alborotan. Urge acabar este mal de raíz. Así como el cáncer no se cura a punta de aspirinas, el tumor que se enquistó en Univalle no lo sana el Esmad.”

Estos son apartes de la columna que publiqué el 8 de diciembre pasado, refiriéndome a los desmanes ocurridos en Univalle, dos días antes.
Esa columna era una manifestación, una más, de la indignación ciudadana por los bochornosos hechos que protagonizaron los capuchos en esa ocasión. Esperábamos los caleños que esa barbarie no quedara impune y que los responsables de esos actos fueran desenmascarados y judicializados.

Lamentablemente no fue así. No pasó nada. Nadie fue denunciado ni mucho menos capturado. Pasaron los días, llegó diciembre con su alegría y a todos se nos olvidó lo sucedido.

Hasta que la situación se repitió el miércoles pasado. Y otra vez los terroristas se tomaron la Pasoancho. Y otra vez la ciudad se paralizó. Y otra vez llegó el Esmad para poner orden. Pero en esta ocasión hubo agravantes.

En primer lugar, una persona murió. No importa que el occiso, al parecer, formara parte de los terroristas y que hubiera perdido la vida mientras manipulaba un artefacto explosivo que después iba a lanzar a las autoridades. Que se pierda una vida siempre es de lamentar.
Y varias personas resultaron heridas. Algunas de ellas, según las autoridades, forman parte de la célula terrorista que perpetró los ataques.

Otro hecho muy delicado fue la utilización, por parte de los terroristas, de armamento artesanal de largo alcance. Una especie de bazuca con la que pretendieron derribar el helicóptero de la Policía. Al parecer ese tatuco no tenía semejante capacidad. Pero su aparición en medio de los desórdenes es una voz de alerta para las autoridades.

Lo que debemos tener claro es que los recurrentes brotes de violencia en Univalle ya no son perpretados por un puñado de desadaptados, que a punta de piedra y si acaso de papas bomba, quieren armar el caos en el sur de la ciudad.

No, quedó demostrado que detrás de esas revueltas, lo que hay ahora son terroristas profesionales, armados con explosivos de alto poder destructivo y con armas no convencionales, como las que usaban las Farc en las tomas de poblaciones.

Las autoridades tienen que darle esa dimensión al problema y tener claro que no se puede seguir conviviendo con él. Y que si no se toman medidas urgentes, en la próxima revuelta puede ocurrir una tragedia de una magnitud impredecible.

No puedo creer que a una fuerza pública que ha sido capaz de dar golpes como el abatimiento de ‘Alfonso Cano’ o de ‘Raúl Reyes’ le vaya a quedar grande neutralizar a ese grupúsculo de terroristas que se ha enquistado en Univalle.

Insisto: hechos como los ocurridos el miércoles no pueden repetirse . Hay que evitar, a toda costa, que estos terroristas causen la tragedia que, no lo duden, pretenden ocasionar en nuestra ciudad.

Sigue en Twitter @dimartillo

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS
Columnistas