El ejemplo de Popayán

El ejemplo de Popayán

Abril 11, 2019 - 11:55 p.m. Por: Diego Martínez Lloreda

El infame bloqueo al que fueron sometidos los habitantes del Cauca y Nariño, durante 27 días, por parte de una minoría arrogante y caprichosa, dejó, al menos, una enseñanza.

Y es que parece que los payaneses descubrieron el antídoto contra ese tipo de agresiones: la protesta social. Mejor dicho, los ‘patojos’ les aplicaron a los indígenas la misma medicina que estos les han suministrado a los caucanos en 64 ocasiones. Que son las veces que la carretera Panamericana ha sido bloqueada, en los últimos años.

No cabe duda de que una de las razones que motivó a las comunidades indígenas a desbloquear la Panamericana fue el levantamiento popular.
Y es que los habitantes de esa ciudad, mamados por las penurias que estaban padeciendo por cuenta de la minga, decidieron salir a la calle a protestar contra los indígenas. Centenares de personas se tomaron el parque Caldas y las principales vías para rechazar ese bloqueo interminable. Incluso algunos exaltados y radicales, amenazaron con incendiar la sede del Cric en la capital del Cauca.

Amenaza que, por supuesto, hay que rechazar, de la misma manera que deben repudiarse las acciones violentas que algunos indígenas protagonizaron durante la minga. No se puede confundir protesta social con violencia.

Lo cierto es que esas manifestaciones de rechazo sirvieron para que los indígenas se percataran, no solo del riesgo que corrían, sino de que con su empecinamiento de no desbloquear la Panamericana estaban poniendo en riesgo el apoyo que tienen, sobre todo en sectores populares.

Que fueron los que se alborotaron. Porque las protestas contra el bloqueo fueron lideradas por mototaxistas y otros trabajadores humildes, afectados directamente con el mismo. Atribuirle ese levantamiento al uribismo, o a cualquier sector político, es desconocer el drama que vive Popayán cada vez que se bloquea la Panamericana.
Contrasta esa reacción popular con la pasividad con la que la comunidad de la Universidad del Valle ha actuado frente a los graves disturbios de la semana pasada.

De forma recurrente, directivas, trabajadores y estudiantes de la Universidad recalcan que quienes protagonizan ese tipo de desmanes constituyen una inmensa minoría. Y que muchos de esos capuchos ni siquiera son estudiantes de ese centro educativo.

Eso es verdad. Pero también lo es que la gran mayoría de los que no participan en esos actos están siendo cómplices pasivos de los violentos. Porque diez días después de los últimos disturbios, aparte de las directivas, nadie en la universidad ha levantado su voz de condena frente a esos hechos. Y el que calla otorga.

Muchos caleños nos quedamos esperando la convocatoria de una gran
marcha de rechazo contra la violencia en la principal institución educativa de la región. Sin duda, a ese tipo de protesta nos sumaríamos miles de caleños que estamos aburridos de que unos pocos violentos siembren el caos en la ciudad cada vez que se les da la gana.

Aún están a tiempo los grandes afectados con esas agresiones, estudiantes, profesores y empleados de Univalle, para dejar en claro ante la ciudadanía, y ante los extremistas, que no comulgan con ninguna expresión violenta que afecte la universidad.

Si los payaneses pudieron, no veo por qué razón esa amplia comunidad universitaria no vaya a poder rebelarse de la tiranía de los violentos.

Sigue en Twitter @dimartillo

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