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Ciudad y educación

Se trata de formar verdaderos urbanistas y de instruir ciudadanos responsables.

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Benjamin Barney Caldas
Benjamin Barney Caldas | Foto: El País

29 de ene de 2026, 02:32 a. m.

Actualizado el 29 de ene de 2026, 02:32 a. m.

Entendiendo la ciudad como la interrelación, en diversos sentidos y de varias maneras, del artefacto (la ciudad física), sus habitantes y sus actividades, debe quedar en claro la importancia de que la educación de sus habitantes al respecto sea la indicada, y así mejorar su calidad de vida en ella. Se trata de formar verdaderos urbanistas e instruir ciudadanos responsables. Educación que no apenas se debe sumar a la convencional de artes, ciencias, humanidades, geografías, historias, lenguas y política, sino relacionarlas con las ciudades.

Educación cívica, para que los habitantes de la ciudad convivan mucho mejor en barrios y conjuntos residenciales, en los que el respeto por los otros, comedimiento y colaboración son fundamentales para que el vivir en ellos sea seguro, funcional y grato, e incluso emocionante, ya sea al permanecer en ellos, o circulando a pie o en un vehículo; además de una verdadera urbanidad en tanto cortesía, buenos modales, lenguaje apropiado y cuidado del entorno para una convivencia pacífica y respetuosa. Educación que una vez que la mayoría de los habitantes de una ciudad la adquieran, los nuevos la seguirán, como lo hacen los turistas educados.

Educación institucional, relativa a cómo funciona el Gobierno; y a la enseñanza de los derechos, deberes y responsabilidades de los ciudadanos en tanto miembros activos del Estado, y titulares de derechos políticos, y sometidos a sus leyes. Logrando de esta manera ciudadanos informados y comprometidos con la democracia y el bien común, y conscientes de la importancia de participar activamente en la comunidad para fomentar valores como el respeto, la tolerancia, la colaboración y la responsabilidad de todos los habitantes en una ciudad.

Educación urbana, centrándose en las características y necesidades únicas y prioritarias de cada ciudad, y su entorno metropolitano, en relación con su geografía e historia, y cómo se ha adaptado a poblaciones diversas y con necesidades específicas, que han dado origen a su urbanismo, arquitectura y paisajes presentes en el Siglo XXI y que la identifican; y cómo lograr a partir de esta realidad una mejor ciudad mediante un pensamiento, ilustrado crítico y participativo, utilizando la ciudad como un recurso a mano para el aprendizaje crítico de la misma.

Educación estética, para que se entienda que la belleza, si bien es variable culturalmente, está relacionada con la armonía, el equilibrio y la proporción, desde la perfección formal hasta el encanto de la imperfección; y entonces desarrollar en los habitantes de la ciudad la sensibilidad, percepción, creatividad y pensamiento crítico necesarios para apreciar la estética y su significado en la ciudad y la naturaleza, fomentando una mejor conexión entre las actividades, el artefacto y sus habitantes, contribuyendo a su transformación personal y social.

Educación política, enfocada en explicar la democracia y lograr el conocimiento político, económico, social, étnico y cultural de cada sociedad. Información que permita a los ciudadanos seleccionar candidatos a alcaldías y concejos según sus propuestas para cada ciudad, en tanto artefactos, habitantes y actividades; como también la de presidentes y parlamentarios, considerando que, en cada vez más países, ya cerca de las tres cuartas partes de sus habitantes viven en ciudades, y en el mundo ya lo hacen más de la mitad desde 2008.

En conclusión, se precisa de una verdadera y amplia educación que permita adquirir conocimientos, valores, costumbres y hábitos para el desarrollo personal y social; desde la familia, la escuela, el colegio, la universidad y después, promoviendo el pensamiento crítico, la igualdad, la colaboración y el respeto por los otros, permitiendo entonces la conformación de sociedades más justas, pacíficas y prósperas, a base de ciudades ídem, en las que el artefacto, sus habitantes y actividades conforman una sola ciudad con mejor calidad de vida.

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.

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