Óscar Murillo

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Óscar Murillo

Diciembre 12, 2019 - 11:45 p. m. Por: Carlos Jiménez

Nació en La Paila, tiene apenas 33 años de edad y su extraordinaria carrera artística ha recibido un nuevo reconocimiento: la concesión del Premio Turner a las artes, el más prestigioso entre todos que conceden en la Gran Bretaña. Se suma a la cadena de exposiciones realizadas de un extremo a otro del planeta en bienales, museos y centros de arte igualmente prestigiosos de Alemania, Azerbaiyán, China, Corea, Emiratos Árabes, España, Marruecos y desde luego la Gran Bretaña.

Su currículo solo admite comparación con los de Fernando Botero, Beatriz González, Doris Salcedo y con el de nuestro Óscar Muñoz. Sólo que de todos ellos se distingue no solo por la rapidez con la que ha hecho carrera en la escena artística internacional sino porque la misma es resultado de su condición de emigrante. De alguien que viene de una familia de trabajadores de la industria de la caña que hace un cuarto de siglo tomó la decisión de emigrar a Londres en busca de las condiciones laborales y sobre todo de las oportunidades de educación de sus hijos que no quería o no podía ofrecerles nuestro país.

Óscar Murillo se benefició extraordinariamente de esa épica decisión. Gracias a una beca pudo estudiar arte en el Royal Collage of Art de la Universidad de Westminster y gracias a vivir en Londres pudo conocer en vivo y directo lo mejor del arte internacional producido o exhibido allí durante su formación artística. Incluido el Young British Art, del cual aprendió cuánto se puede lograr si se tiene el ímpetu suficiente como para romper esquemas y jerarquías.

Óscar Murillo no ha olvidado sin embargo sus orígenes proletarios. De hecho la impactante instalación que ha realizado en el museo Turner de arte contemporáneo en la localidad de Margate para celebrar la concesión del premio, es un homenaje a los trabajadores migrantes del mundo entero. Como lo es su padre, como lo son los cientos de miles que cotidianamente arriesgan su vida en busca de trabajo en las mismas metrópolis responsables de que no los haya en los países donde viven.

Todos representados como muñecotes de trapo sentados en bancas de madera, atravesados por tubos y rodeados por grandes telas negras o pintarrajeadas que cuelgan de los muros y enmarcan un cuadro de John Watson Nicol del Siglo XIX pintado en homenaje de los campesinos escoceses expulsados violentamente de sus tierras por los terratenientes que se quedaron con ellas.

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