La falsa relación de pareja

La falsa relación de pareja

Mayo 19, 2019 - 11:00 p.m. Por: Carlos E. Climent

Así como la relación de confianza entre dos personas es una verdadera fortuna y una fuente de estabilidad para las dos partes, el engaño en sus diferentes presentaciones es el elemento más destructivo. Las razones para el engaño son variadísimas y requieren de un “vivo” y de un ingenuo. El “vivo” es un farsante, manipulador, seductor y arribista. Un personaje con una enorme habilidad para identificar su presa potencial, para luego llegar a su objetivo último, la conquista de la víctima.

El ingenuo, la víctima, siempre tiene las mismas características. Posa de inocente (sin serlo totalmente) y no le interesa profundizar mucho al respecto de las características de su interlocutor porque teme confirmar sus sospechas. El ingenuo, siempre necesitado, tan solo busca que alguien lo proteja.

El crescendo del engaño incluye (como mínimo) tres niveles:

1. Las relaciones de conveniencia que nacen de la necesidad, nunca del amor por el otro. La necesidad se oculta y con frecuencia tiene dos lados, las urgencias (casi invariablemente económicas) del uno y las inseguridades del otro. A este tipo de asociaciones las caracteriza la tendencia al ocultamiento y las ventajas que, secreta o abiertamente, ambas partes conceden. Las cosas nunca se hablan claramente y no se tocan asuntos fundamentales, ni jamás se llega a la raíz de nada. Ninguna de las dos partes está muy contenta y, eventualmente, cada una termina saturada de la otra.

2. Los actos desleales, marcados por el engaño, ocurren en una relación que se inicia con los mejores augurios sociales. El engaño se inicia de manera sutil, pero va tomando cada vez más fuerza en la medida en que la contraparte lo tolera y la sociedad (hipócrita por excelencia) lo acepta, avala y aplaude. Por supuesto el amor tampoco tiene cabida en este tipo de relación. Muchas de estas parejas evolucionan hacia una tolerancia más o menos silenciosa y a un acomodamiento mutuo. Ninguna de las dos partes está muy contenta, pero ambas sacan su ventaja. La convivencia de estas personas se suele eternizar a pesar de que con el paso del tiempo se toleran cada vez peor. Las relaciones paralelas, tan comunes en este tipo de arreglos, no son sino una manifestación más de la deslealtad.

3. Las conductas caóticas son el grado más avanzado de la farsa. En estas relaciones se dan (con frecuencia bajo los efectos del alcohol) el irrespeto, la irresponsabilidad, la promiscuidad, las amenazas y las agresiones veladas o abiertas. Una variante consiste en revelar en las redes sociales y sin el consentimiento de su pareja, fotos o videos de la vida íntima. Esta es una conducta criminal que está inscrita en el código penal.

Los anteriores no son sino unos pocos ejemplos del crescendo de la farsa, que sirve para recordar que solamente las razones del corazón basadas en la lealtad, pueden llevar a un buen destino una relación de pareja.

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