Juramento hipocrático siglo XXI

Juramento hipocrático siglo XXI

Mayo 27, 2019 - 11:00 p.m. Por: Carlos E. Climent

El paso de los años ha ido desdibujando la labor del médico hasta reducirla muchas veces a una simple transacción en la cual la mayor parte del tiempo se usa para llenar formatos administrativos en vez de destinarla a la atención al paciente. El médico, en una alta proporción, ha quedado reducido a ejercer como funcionario de entidades de salud intermediarias. En consecuencia termina atendiendo a sus pacientes a la carrera y ejerciendo una medicina deshumanizada, en la que obviamente no hay tiempo para conocer al paciente, mucho menos sus circunstancias.

Hay, sin embargo, profesionales que a pesar de tan infortunadas circunstancias, logran mantener una posición digna y seguir fieles a los principios de la promesa Hipocrática, de 26 siglos atrás, que hicieron el día que recibieron su grado y que actualizada a los tiempos modernos rezaría más o menos así:

*Atenderé al paciente cumplidamente. Sin hacerlo esperar largas jornadas en salitas atestadas de gente afligida, no solamente por sus problemas médicos, sino por el televisor que vocifera los programas más grotescos.

* Me levantaré de la silla, en el momento de recibir al paciente y lo saludaré con respeto.

*Durante toda la entrevista miraré a los ojos al paciente, no al computador, ni al celular.

*Escucharé con atención al paciente y le concederé un tiempo suficiente para contar su historia y hablar de sus síntomas.

*Durante la consulta no atenderé ningún asunto personal a no ser que se trate de una emergencia, a la cual le dedicaré unos segundos, pidiendo excusas al paciente.

*Elaboraré una historia clínica que me permita conocer las circunstancias fundamentales que rodean al paciente.

*Realizaré cuando sea necesario un examen físico.

*Haré diagnósticos y propondré tratamientos basados en la integración de mis conocimientos científicos, la información recogida y las observaciones clínicas.

*Tendré en cuenta, y discutiré con el paciente, los posibles efectos secundarios de los tratamientos propuestos, las interacciones medicamentosas y el costo del tratamiento.

* Me abstendré de realizar procedimientos riesgosos o no suficientemente probados, por publicitados que estén.

* A manera de resumen, al final de la consulta de manera considerada, clara y práctica informaré sobre el diagnóstico y el plan de tratamiento.

*No utilizaré la consulta para “brillarme el ego” o criticar a los colegas que lo han atendido previamente, a no ser que se trate de errores flagrantes o conductas impropias.

*Ante la duda buscaré una segunda opinión.

*Entiendo que mi función debe ir más allá de la de un simple tecnólogo experto en un procedimiento.

*Tendré en cuenta que siempre, aún en el caso más difícil, es posible decirle algo esperanzador a la persona asustada que viene en busca de alivio a sus dolencias.

*Pero sobre todo, practicaré una medicina en la cual el respeto por quien consulta sea el factor predominante en la relación médico-paciente.

Adaptado de ‘Asuma la gerencia de su vida. La lupa interior’, C. E. Climent, Panamericana Editorial, 2018.

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