Infarto cardíaco y depresión

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Infarto cardíaco y depresión

Enero 26, 2020 - 11:00 p. m. Por: Carlos E. Climent

La depresión sigue siendo ignorada como una de las prioridades en salud pública a pesar de ser, a nivel global, una de las primeras causas de incapacidad, incluso por encima de los accidentes y de las enfermedades infecciosas. Con relación a Colombia, 2.4 millones de personas, una población del tamaño de la ciudad de Cali, están deprimidas siendo las mujeres las que la sufren con mayor frecuencia.

La evidencia actual sugiere que la depresión tiene varias formas de afectar de una manera directa o indirecta la salud de prácticamente todos los sistemas del organismo. Específicamente los efectos dañinos sobre el corazón se hacen evidentes porque aumentan:

*La carga de impulsos nerviosos autónomos sobre el miocardio lo que a su vez facilita el proceso de isquemia a nivel del corazón.
*La irritabilidad ventricular.
*La producción de ateromas en las arterias.
*El cortisol en la sangre lo cual tiende a incrementar la presión arterial y los niveles de lípidos.
*La disfunción endotelial de las arterias coronarias.
*La dificultad de regular el sistema simpático adrenal.
*El ritmo cardíaco y la presión arterial por el incremento de las catecolaminas circulantes con lo cual se acrecienta el riesgo de ruptura de placas arterioscleróticas lo que puede terminar en una trombosis coronaria. Al subir el nivel de las catecolaminas que agravan la irritabilidad del músculo cardíaco, se producen arritmias ventriculares y se modifica la función de las plaquetas circulantes.
*Los niveles de cortisol que a su vez generan una inflamación, un aumento de coágulos, un síndrome metabólico, hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia, todo lo cual puede conducir a un daño endotelial de las arterias coronarias.

Además de los factores mencionados, las personas deprimidas suelen tener estilos de vida poco saludables. Por ejemplo no hacen ejercicio, están sometidos a altos niveles de estrés, se alimentan mal, fuman, sufren de sobrepeso, tienden a alienarse de sus contactos sociales y a quedarse solos. Y como si lo anterior fuera poco no acuden al médico y cuando lo hacen no siguen los tratamientos indicados.

Si bien, autorizados investigadores (1) han demostrado que la depresión debe ser considerada como un factor de riesgo del mismo tamaño que el cigarrillo, las alarmas en este sentido siguen sin prenderse, y los deprimidos siguen alimentando las cifras de las víctimas de enfermedad coronaria, en especial la de los pacientes con infarto miocárdico.

En otras palabras, se le tiene miedo al cigarrillo porque es innegable que el riesgo de infarto es mayor entre fumadores que entre no fumadores. Pero casi nadie le dice a la persona deprimida que la depresión representa un riesgo de infarto del corazón tan grave como el fumar cigarrillo. Y por supuesto nadie le va a decir lo que es, hoy en día, una verdad inobjetable: “Si no se trata la depresión, las posibilidades de que haga un infarto son muy grandes”.

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