El trastorno paranoide

Agosto 20, 2022 - 11:25 p. m. 2022-08-20 Por: Carlos E. Climent

Un requisito fundamental para el manejo ambulatorio de estos pacientes, siempre difícil, es que la familia comprenda la naturaleza del trastorno

“Aislamiento social, terquedad, prepotencia, agresividad, sensación de ser objeto de burlas, chismes, robos o amenazas. Si bien es implacable crítico de los demás no tolera la más mínima crítica. Sus relaciones interpersonales suelen ser conflictivas, plagadas de desconfianza, rencor y sarcasmo. Sufre de celos patológicos y con frecuencia tiene dudas sobre la lealtad y el afecto del cónyuge. Niega sufrir de enfermedad alguna e insiste en que los enfermos son los demás. Cuando se le plantea la posibilidad de tener una enfermedad, la niega con vehemencia y amenaza con demandar a quien se atreva a sugerir un tratamiento”.

La descripción anterior corresponde a una fase aguda de un trastorno paranoide que requiere un manejo especializado, no solo por el riesgo que semejante situación representa sino por el deterioro que conlleva para el paciente el no recibir el tratamiento adecuado.

Pero es necesario entender que el tratamiento ambulatorio de estos pacientes es muy complicado por la suspicacia, la agresividad, la negación y las amenazas. Situación que se hace aún más grave cuando:

*Hay negación por parte de la familia.

*No hay claridad sobre el diagnóstico y la verdadera naturaleza de este grave trastorno mental.

*Hay temor entre los allegados sanos, quienes evitan hablar sobre el tema y en consecuencia poco hacen para llevar el paciente al especialista.

*En el caso de tomar la decisión de hospitalizarlo, el paciente se opone vehementemente.

*Cada vez que el enfermo tiene sus breves momentos de tranquilidad y lucidez, la familia respira esperanzada y se hace la ilusión de una mejoría espontánea. Lo que los lleva a concluir que, si no lo contradicen, el paciente se va a mejorar.

*La irracionalidad reaparece la familia vuelve a asustarse, pero en vez de reaccionar queda paralizada por la indecisión.

*Hay disparidad de opiniones sobre el manejo del caso. Por ejemplo, entre el padre y la madre sobre el trastorno de un hijo, lo que impide que se tomen decisiones efectivas. Un caso común es aquel en el que la madre (por momentos) quiere hospitalizar al hijo, pero el padre, refugiado en su trabajo, dice que él no va hacer nada en contra de la voluntad de su hijo porque no quiere echárselo de enemigo. Y ella sin convicción ni respaldo trata de enfrentar una situación clínica que la supera. La falta de una intervención oportuna ha llevado a un agravamiento del cuadro psicótico, y a un incremento de la negación.

Lo que la familia debe tener claro es que no será gracias a explicaciones que se va a persuadir al enfermo de la importancia de recibir tratamiento, pues nadie lo convencerá de su trastorno. Se trata de una persona irracional con la cual, por definición, las discusiones racionales no son posibles.

Lo que inicia el proceso de recuperación, e impide un mayor deterioro, es que la familia se ponga de acuerdo en realizar una acción firme pues la medicina moderna, cuando el paciente recibe tratamiento, podría tener la manera de aliviar algunas de las manifestaciones más amenazantes.

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