El imperio del desorden

Septiembre 24, 2022 - 11:25 p. m. 2022-09-24 Por: Carlos E. Climent

El desatender la pronta solución de un problema en un entorno determinado afecta la actitud de la gente hacia ese entorno y conduce necesariamente al deterioro. Si una comunidad manifiesta signos de deterioro y no se hace nada al respecto sea por desinterés o temor, tal situación se constituye en un caldo de cultivo para el delito, que es mayor en las zonas de mayor descuido, desorden o maltrato material. En cambio, cuando los problemas son atendidos en sus inicios, las actitudes de los ciudadanos son más positivas y se promueven acciones cívicas que contribuyen a su solución. Temas descritos por Philip Zimbardo al respecto del síndrome de la “ventana rota”.

Pequeñas faltas que no se sancionan se convierten en faltas mayores. En “La locura lúcida” menciono el caso de un padre de familia que va a un supermercado, se toma un yogur, lo deja en cualquier estantería y al pagar su cuenta no lo incluye. Esto se considera un delito menor. Pero es un delito que a su vez se constituye en el germen de transgresiones cada vez mayores que ven como “natural” la violación de la norma y la tolerancia de lo torcido. En Cali es doloroso el deterioro de los derechos ciudadanos. Unos pocos casos:

*Las violaciones de las leyes del tránsito están a la orden del día. Por ejemplo, las motos y los vehículos particulares empezaron tímidamente a invadir el carril del mío y hoy en día prácticamente lo han convertido en su vía de acceso rápida. *Las fiestas y las rumbas de particulares, hasta altas horas de la madrugada son asunto de todos los fines de semana y de todos los barrios. Llamar a las autoridades es inútil.

*Las ventas ambulantes, una legítima forma de ganarse la vida, han empezado a utilizar megáfonos a volúmenes innecesariamente elevados convirtiendo a la otrora “Sucursal del cielo” en “La capital mundial del ruido”. Antes eran unos pocos, ahora son docenas que invaden el espacio público de manera cada vez más estridente.

*La suciedad se multiplica sin que a nadie parezca importarle. El vecino que antes era cuidadoso con el manejo de sus desechos, al ver que los vecinos tiran la basura a la calle, hace lo propio. Es un proceso de deterioro que está a la vista de todos. Es el imperio del desorden. Si bien corresponde al Estado estar al frente de las soluciones, es necesario entender que la actitud de claudicación de los ciudadanos no ayuda. Decir que “esto se lo llevó el diablo” no contribuye a mejorar las cosas. Salir corriendo porque “aquí ya no se puede vivir” solo contribuye a empeorar la situación. El negativismo generalizado lleva al incremento de la sensación de caos.

Las soluciones a los problemas de convivencia ciudadana de tan larga data no van a llegar rápidamente, merced a nuevas leyes, ni por actos heroicos ni agresivos. Van a llegar a través de ideas y de actos constructivos y solidarios de cada uno de nosotros. Como por ejemplo hablar con los vecinos para tomar ciertas acciones y organizarse en movimientos cívicos alrededor de temas puntuales.

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