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Agosto 28, 2019 - 11:35 p.m. Por: Benjamin Barney Caldas

El horror a lo que sucede con los habitantes de las grandes ciudades es tema obligado de cada día: corrupción, violencia, delincuencia, inseguridad, miseria, mugre, feúra. Horror que lleva al error de no considerar el papel que la arquitectura y el urbanismo juegan en ellas: imagen colectiva, vivienda, movilidad, servicios y equipamiento urbano, y lo que todo esto implica en la convivencia cotidiana.

Más habitantes menos ciudad: el país pasó de ser rural a ser urbano muy rápidamente, en menos de un siglo son pocas generaciones. Esto ha dificultado que los nuevos habitantes de las ciudades sean verdaderos ciudadanos. Y muy pronto se perdió mucho de lo preferible de la anterior cultura campesina tradicional: colaboración entre vecinos, vida más sana y saludable, y comprensión de la naturaleza.

Más edificios menos espacio urbano: se ignora que el entorno existente está conformado por lo ya construido y en uso. Construcciones que además constituyen un extenso patrimonio común a todos sus habitantes: económico: capital invertido; social: tradiciones locales; y ambiental: materiales y energía. Hay que entender que en las ciudades no sólo se proyectan edificios, sino también calles.

Más construcción menos patrimonio: las demoliciones para construir continúan legal o ilegalmente en muchas ciudades del país. Casi siempre se afecta el entorno supuestamente protegido de los Bienes de Interés Cultural. Se sigue arrasando el paisaje inmediato de las ciudades y urbanizándolo muy mal. Una mejor arquitectura puede ser un negocio preferible para la ciudad y mejor para el inversionista.

Más vías menos calles: Se diseñan como si fueran sólo para los carros y no igualmente para los peatones. Las calles se ampliaron a pedazos dejando culatas y recovecos, y se quedaron sin andenes. Se continúan haciendo en los primeros pisos apartamentos en lugar de locales comerciales. Se siguen dejando antejardines pese a que son ajenos a la tradición urbana del país, pero se los invade y construye ilegalmente.

Más espectáculo menos contexto: Es lo que pretenden algunos ‘arquitectos’ que no lo son legalmente ni mucho menos de formación. Y están los muchos que no entienden la importancia de los edificios para las ciudades. O pretenciosos que sólo piensan en su ego y su inmediato provecho económico. No para un contexto que vuelva a ser también y principalmente para todos los ciudadanos.

Más consumo menos sostenibilidad: es la obsolescencia de lo construido inducida por sus propietarios, consciente o inconscientemente. Es la irresponsabilidad de la propiedad privada y la miopía de las empresas de construcción, no la responsabilidad de consumir menos energía y agua y reutilizar lo ya construido. Es el fraude de las ‘torres’ de sosos apartamentos idénticos uno encima de otro ad nauseam.

Más graduados menos arquitectos: muchas universidades siguen cómodamente con un programa único y obsoleto de arquitectura. Pero se necesitan cada vez más otras varias especialidades además de paisajismo y urbanismo. Como diseño industrial para instalaciones dirigidas a una arquitectura sostenible y reutilizable. O diseño de interiores y amueblamiento de cocinas, lavaderos, baños, depósitos y armarios.

Más politiquería menos polis: se precisan nuevos políticos que entiendan la importancia de los edificios para las ciudades. Que se enteren de que a más curadurías más corrupción y menos control urbano. Se precisan más ciudadanos para que voten pensando y menos que se abstengan. Rogelio Salmona decía que hacer arquitectura aquí era hacer política, y toca para volver a la arquitectura.

Sigue en Twitter @BarneyCaldas

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