Monseñor Gerardo Valencia Cano

Escuchar este artículo

Monseñor Gerardo Valencia Cano

Enero 26, 2020 - 06:10 a. m. Por: Arquidiócesis de Cali

Este Obispo fue el primero que en Buenaventura entregó hasta su sangre por la defensa de los más pobres y más necesitados. Pero no lo hizo solo con sus palabras; lo hizo con su propia vida. De él han bebido para su inspiración muchos hermanos y hermanas que siguen elevando su grito en busca de mejores condiciones de vida para este pueblo que tanto lo necesita.

Gerardo fue un auténtico profeta moderno, con una misión muy clara de denuncia en este continente oprimido y subyugado. Las situaciones de injusticia que denunció hace más de 48 años, hoy se mantienen y siguen siendo el dolor y la tragedia.

La profundidad de su pensamiento le permitía visualizar la desigualdad social contra la que debía enfrentar los objetivos de su misión como pastor. Pero comprendió además que con su trabajo no lograría nada sin despertar el amor y la unidad en todos los que Dios le había confiado. Por eso decía: “Sólo cuando se logre la unión de los trabajadores, en la igualdad de la dignidad humana, por encima del color, de la técnica, del país, de la forma de trabajo, entonces se formará aquel poder que hará grandes programas y realizará hazañas de gigantes. Si tú, hermano obrero, cada día haces un sacrificio por la unión, ésta se logrará por el triunfo del hombre latinoamericano”.

Un hombre, un pastor, un luchador por la justicia social, preocupado por devolver la dignidad humana a todos los desposeídos y a quienes su pobreza se las había arrebatado. Su esmerada dedicación por la educación de las comunidades, le llevó a crear tantas y tan destacadas instituciones en el Puerto, por las cuales han pasado muchas generaciones de obreros, empleados, profesionales, niños y jóvenes que buscan superar los obstáculos que les aleja de una vida sin oportunidades y sin esperanza.

El 21 de enero, en todos los hogares de Buenaventura se recuerda al hermano mayor, a Gerardo Valencia Cano. Su vida y su actuar marcaron a Buenaventura para siempre. De él aprendimos mucho, sobre todo a mirarnos como hermanos, a valorarnos mutuamente: afrodescendientes, indígenas, campesinos, profesionales. injusticia y la indolencia social, que socaban la libertad y la esperanza de nuestro pueblo.

Acercarse a su tumba, tocarla, hablarle de los problemas personales, familiares y sociales, hacen parte del ritual de todos sus hermanos bonaverenses y por eso Gerardo vive hoy y nos acompaña en esta difícil travesía.

En la Catedral está su tumba, pero su espíritu y su fuerza misionera nos seguirán acompañando eternamente, porque los grandes hombres no mueren, siguen viviendo en el corazón de aquellos que conservan su legado. Todos en el puerto tenemos una gran responsabilidad en este momento histórico, y es la de levantar nuestra voz como él lo hizo, cuando las dragas infames de los despojadores de tierras pretendieron aniquilar a la población humilde asentada en aquellos terrenos ganados al mar. Tenemos la obligación de denunciar todo atropello contra la dignidad y contra la vida humana. Tenemos que cambiar la mentalidad de que el dinero fácil lo resuelve todo; de pensar que tenemos que superar al otro, aun valiéndonos de la trampa y la extorsión, de que el Estado tiene la obligación de proveernos gratuitamente lo que podríamos lograr con nuestro propio esfuerzo.

Monseñor Gerardo Valencia Cano desde el cielo nos pide no parar esta lucha por una Buenaventura digna. Gracias hermano Gerardo, gracias hermano mayor, gracias Obispo de los pobres. Paz en su tumba.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS