Colisión de valores

Diciembre 20, 2022 - 11:40 p. m. 2022-12-20 Por: Alberto Valencia Gutiérrez

El director polaco Krszistof Kieslowski (1941-1996) produjo para la televisión de su país a finales de los años 1980 una serie de diez episodios llamada El Decálogo, consagrada a confrontar, capítulo por capítulo, los valores representados por ‘Los diez mandamientos de la ley de Dios’ con relatos propios de la vida cotidiana de cualquier persona: no matar, no robar, no mentir, honrar a los padres, no codiciar los bienes ajenos, no jurar en vano, no cometer adulterio, respetar la mujer del prójimo, amar a Dios sobre todas las cosas, no levantar falso testimonio.
Los mandamientos son un código ancestral conocido como las ‘Diez palabras’ que Yavhé entregó a su pueblo durante la travesía por el desierto, en un momento en que la contienda entre clanes y tribus amenazaba la supervivencia y el disfrute de la libertad que, de acuerdo con la leyenda bíblica, aquel les había otorgado al sacarlos de Egipto (Éxodo, 20. 1-17; Deuteronomio, 5. 1-21). Más allá de su significación judaica o católica estas prescripciones, replicadas en otras culturas, representan un patrimonio del mundo occidental y una etapa fundamental en el ‘proceso civilizatorio’. La pretensión de Kieslowski, que considera los diez mandamientos la ‘esencia de la vida’, es rescatar estas normas del olimpo de los valores incondicionados, para insertarlos en circunstancias concretas y construir narrativamente ‘dilemas éticos’.

Veamos algunos ejemplos. Un padre que pierde a su hijo cuando su cuerpo se hunde por su peso en un lago congelado, contra evidencias científicas calculadas, se pregunta: ¿Es posible creer en Dios? (Decálogo 1). Una mujer, con su marido en situación terminal por un cáncer, queda embarazada de otro hombre y emplaza a su médico para que le responda si su esposo va a sobrevivir o debe renunciar al hijo anhelado que no había podido tener en esa primera relación (Decálogo 2). Una hija, enamorada de quien siempre consideró su padre, rompe sin leer una carta que dejó su madre antes de morir en la que probablemente confesaba que su padre era otro (Decálogo 4).

Un hombre, transido por el remordimiento de haber visto a su hermana menor aplastada por un tractor conducido por un amigo, con el que se acababa de emborrachar, busca la manera de aliviar su culpa con un asesinato y es condenado a muerte (Decálogo 5). Una adolescente tiene una hija con un profesor del colegio y para ocultar el suceso la hacen pasar por hija de su madre, con todas sus consecuencias (Decálogo 7).
Una profesora de ética, para evitar un falso testimonio y proteger una organización de salvamento de niños, deja a una niña judía a la suerte de sus verdugos (Decálogo 8).

En cada uno de estos relatos Kiesloswski nos muestra, contra los fundamentalistas que asumen los valores como referentes absolutos, que en circunstancias concretas valores igualmente legítimos pueden entrar en colisión o enfrentarse y, por consiguiente, hay que construir jerarquías entre ellos, considerar las consecuencias de su realización y establecer transacciones o combinaciones porque no son realizables al mismo tiempo. No en vano recibió el sobrenombre de ‘director metafísico’, por la profundidad de los temas tratados: “Simplemente quise mostrar que la vida es más compleja” de lo que parece, nos dice.

En Colombia, enfrentados a los avatares de la justicia transicional, estos documentales representan un material de gran riqueza como punto de partida para reflexionar sobre la posible salida del conflicto. Todo proceso de paz se enfrenta con una ‘colisión de valores’. Nadie niega la legitimidad de reclamar justicia por los crímenes cometidos, como hacen ciertos grupos. Pero en aras de la reconciliación hay que sacrificar justicia por paz, como valor supremo, para que no sigan muriendo nuestros compatriotas. Para Kielowski la defensa de la vida debe ser la prioridad, cuando se trata de decidir entre diversas opciones o dilemas éticos. Pensar sobre estos temas es buen comienzo para un año que ojalá nos traiga paz y prosperidad. Una feliz Navidad.

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