Lo natural

Enero 13, 2022 - 11:40 p. m. 2022-01-13 Por: Alberto Castro Zawadsky

Es muy convincente la erudición con que muchos, incluyendo los que tienen alguna formación en Ciencia, hablan de lo natural. La palabrita es mágica para validar todo discurso. Representa el saber ancestral y universal, y adquiere connotación casi divina.

Los sabios de lo natural dispensan a sus congéneres la verdad revelada. No les asiste ninguna duda y su sello de garantía se basa en insertar el vocablo en todos los menesteres: las plantas, la selva, los animales, la tierra. Algo es confiable porque viene directamente del ambiente y, por tanto, nos lo podemos untar, comer o inhalar.

A diferencia de lo ‘químico’, que se evita con orgullo, confirmando el desconocimiento de lo que parece obvio: todo en la naturaleza está formado por moléculas. La química las aísla y estudia sus interacciones. Un producto natural no es sino una mezcla desconocida de químicos.

Uno de los ejemplos más viejos es la dedalera. Conocida por siglos como veneno. Pero alguien descubre que una cantidad pequeña puede ser beneficiosa para enfermos del corazón. Se comienza a usar en forma ‘natural’. Si el yerbatero se equivoca y muele un poco más del extracto, el enfermo se muere.

A principios del Siglo XX y gracias a los avances de la farmacología se descubre que el principio activo es la digoxina, una molécula que mejora la contractilidad del miocardio. Se descubre también que en el extracto, hay otros potentes químicos que pueden ser muy tóxicos. Se extrae entonces la molécula que sirve, se define una dosis muy precisa, se comprime en una pastilla. Se describen los efectos adversos así como las interacciones con otros medicamentos, y se descubre cuáles son las condiciones cardiacas específicas en las que es útil.

Cuando la digital pasa por todo este proceso, deja de ser un producto natural para convertirse en un ‘peligroso químico’ producido por la ‘abusiva industria farmacéutica’ mundial.

Esta misma historia se puede repetir para casi todos los medicamentos, incluyendo los sintéticos, que no son otra cosa que la modificación de una molécula para mejorar sus efectos benéficos o disminuir los negativos, una vez se entiende como interactúa con un tejido.

Así que la próxima vez que alguien recomiende con fervorosa convicción un producto natural, considere:

- ¿Ese alguien mide y certifica que lo que dice contener el frasco, realmente es?

- ¿Tiene esa persona la forma de saber cuál es la dosis? Muy poco y no hay efecto; mucho y es tóxico.

Todo en la naturaleza es veneno dependiendo de la dosis.

- ¿Se ha comprobado con estudios científicos serios de casos y controles, si verdaderamente es útil para lo que se quiere tratar? O son solo opiniones anecdóticas de otros, que pueden haber tenido una enfermedad muy distinta con síntomas similares.

- ¿Está explícita la mezcla de químicos que hay en el producto? Puede haber algunos útiles para lo que se quiere tratar, y muchos otros que hacen daño a otros tejidos y órganos.

Un caso conocido es el muy natural tabaco. Buscando los efectos de la nicotina, se inhalan una buena cantidad de cancerígenos.

En cambio, el vilipendiado ‘químico’ que viene en la pastillita, ha pasado por todo el proceso y mejora mucho la posibilidad de un beneficio conocido y controlado.

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