Culto histórico

Agosto 04, 2022 - 11:35 p. m. 2022-08-04 Por: Alberto Castro Zawadsky

Es muy recomendable para los pesimistas y los negativos leer el maravilloso programa de gobierno del Pacto Histórico. No se le escapa tema ni problema alguno: desde el financiamiento del Estado, la intervención del mercado de la tierra urbana, la minería ‘ancestral’, los ríos, la educación hasta la democratización del campo, la inflación, los aranceles ‘inteligentes’, el transporte, el empleo, la cultura, el arte, la producción industrial, los alimentos, el turismo, la transición energética, la seguridad, la salud, las pensiones. Para todo hay un diagnóstico correcto y todo, absolutamente todo, se soluciona con la apropiada intervención del Estado.

Un Estado omnipresente, omnipotente, magnánimo, justo, equitativo y hasta amoroso. Tanto que se corre el riesgo de poner celoso a Dios con tan agresiva competencia.

Tan importante es el papel del Estado que, mal contada, la palabrita se repite unas 130 veces en el documento. Mientras que otra palabrita, libertad, se consigue escasas 14 veces, varias de ellas para referirse a las cárceles, a la libertad religiosa, a la libertad para protestar y ninguna para la libertad económica.

Para no obnubilarse con el fatalismo, hay que unirse a los millones de entusiastas con el amanecer que se le abre a la República y concentrar las esperanzas en todos los planes planteados, que de cumplirse, transformarán al país en uno próspero, justo y equilibrado. Una ‘potencia de amor’, ejemplo para el mundo y planetas similares.

Eso sí, dependemos del Mesías, de quien ya se rumora, pudo haber bajado de los cielos en un nevado del vecindario, y fue enviado para transformarnos en seres trabajadores, educados, honestos, inteligentes, cooperadores, respetuosos, pero sobre todo con la disciplina y convicción de seguir al pie de la letra el plan maestro que nos fue dado, y que no vayan a considerar ni por un momento, que allí no está la clave de la felicidad.

El Mesías lo expresó con insuperable convicción en una entrevista reciente. El viene con la paz, justicia social y ambiental, y representa la única y última oportunidad de salvación. Si llega a fracasar, dijo, nos hundiremos en las “tinieblas”.

A los de poca fe: sólo tienen que suscribirse al nuevo culto, y dejarán de ver aves negras. Está todo escrito en el Libro del Estado Todopoderoso y Benefactor y si se sigue con devoción se garantiza el camino de la fortuna. Tenemos la suerte de contar con el Enviado, quien con sus prédicas nos enseñará a seguir el libro al pie de la letra. La fe, nos hará temblar con la tenebrosa advertencia de las tinieblas.

Y podrán unirse a tantos bienaventurados que ya creen, para rezar fervorosamente y pedirle al Supremo que en efecto comparta sus poderes con el Estado y nos haga la excepción por esta única vez, de no llevarnos al estruendoso fracaso que ha ocurrido en todas las latitudes en las que un Estado agigantado ha aplastado la libertad. Que aquí no anide la concentración del poder, con sus polluelos de corrupción. Que no emane la inflación insuflando pobreza. Que no emigre la creatividad y el talento dejando huérfano el empleo. Y rogarle con insistencia para que no comparta con el Nuevo Estado la eternidad.

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