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Crispr

Julio 29, 2021 - 11:40 p. m. 2021-07-29 Por: Alberto Castro Zawadsky

Reconocemos y nos alegramos con los progresos de homo sapiens. Cuando se aplica a combinar inteligencia con bondad, logra enormes avances.

La ciencia aplicada a la medicina nos ha llevado a reducir el sufrimiento y la muerte, en la ingeniería y física nos llenó de comodidades y movilidad.
Con internet nos integramos y estamos logrando la diseminación del saber. Todas han sido modificaciones que se le hacen al entorno para mejorar nuestras vidas.

Transformarnos a nosotros, nuestra esencia humana es algo que parecía imposible. Era el terreno de Dios. Crispr nos ha abierto la posibilidad de editar nuestros propios genes.

Gracias a decididas y brillantes mujeres que se concentraron en el RNA, y no el DNA, dominado por hombres, se logró entender cómo es que estas particulares moléculas de la vida transmiten el código que permite construir otras moléculas.

Este trabajo, fruto de largos años en los que observaron cuidadosamente lo que hacen las bacterias para defenderse, mereció un premio Nobel, y fue fundamental para el rapidísimo desarrollo de las vacunas covid.

La ciencia básica sale del laboratorio, y en una ambiente de libertad económica se atraen grandes capitales y se crean empresas con enorme capacidad de producción con lo que se logra diseminar el extraordinario desarrollo a gran parte de la humanidad.

Así como la imaginación y la inteligencia de Sapiens son infinitas, también lo es la estupidez, y resurge el movimiento antivacunas, que tantas muertes y daños ha generado.

Argumentan que fue muy rápido, porque no quieren ver todos los años de trabajo previo, que sentaron las bases de la edición molecular. Que no está probada, como si 3000 millones de vacunados con el 99,5% de las muertes ocurriendo en no vacunados, no fuese suficiente. Que hay efectos colaterales, porque se niegan a entender sencillos conceptos aritméticos que demuestran que el riesgo de la vacuna es ridículo al lado del riesgo de la enfermedad.

La inteligencia colectiva de la humanidad está en mora de quitarse los guantes y discutir prescindiendo de tanta corrección política. Ya Macron, muy crispado, tomó el liderazgo, desde la cuna de la ilustración y la libertad.

Las bobadas y la ignorancia hay que llamarlas por su nombre. Quienes están interesados en regir sus vidas al ritmo de los avances de la ciencia no tienen por qué encerrarse.

Que lo hagan los que quieren permanecer en el oscurantismo. Quien es trabajador de salud, no tiene la libertad de enfermar a los demás.
Crispr está ya probando ser uno de los avances más trascendentales para la humanidad. Seguiremos dando grandes pasos para reducir el sufrimiento, a pesar de las advertencias apocalípticas que han enfrentado a lo largo de la historia todas las innovaciones.

Los temerosos y excesivamente prudentes tendrán que reconocer que lo que ha ocurrido con la vacuna ha sido extraordinario para la humanidad. Se están evitando millones de muertes.

Quien le tenga miedo a Crispr (leer lo que significa, lo dejará en las mismas), averigüe qué opinan los ciegos congénitos que están comenzando a ver, gracias a su aplicación en la retina.

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