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Mercosur-UE y T-MEC: dos vías opuestas que redefinirán a América Latina
El comercio en la región está ante un año de cambios. Estados Unidos exige la revisión del tratado T-Mec, que lo vincula con Canadá y México, mientras el acuerdo Mercosur-UE entra en vigencia. ¿Cómo podrán coexistir en el continente el proteccionismo agresivo y la apertura comercial a nuevos mercados?
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9 de abr de 2026, 02:43 p. m.
Actualizado el 9 de abr de 2026, 02:46 p. m.
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Por Suhelis Tejero Puntes | CONNECTAS
El próximo 1 de mayo el Mercosur y la Unión Europea (UE), en un momento crucial para América Latina, inaugurarán la mayor zona de libre comercio del mundo. El acuerdo, negociado por más de dos décadas, llegará justo cuando más presiona Washington para usar el proteccionismo económico como la moneda de cambio en el mundo pero, sobre todo, en la región.
Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay se abren a Europa con un esquema de desgravación que incluye preferencias arancelarias sobre una enorme cesta de productos, especialmente agrícolas. Según estimaciones recientes, este acuerdo podría aumentar el comercio entre ambos bloques hasta en un 70 %, con lo que comercialmente la UE podría ser tan relevante en América Latina como Estados Unidos y China.
Y mientras el sur del continente se abre al Viejo Mundo, la Casa Blanca insiste en utilizar los aranceles como arma de guerra comercial y, además, a partir de julio revisará el T-MEC, el acuerdo comercial que vincula a Estados Unidos, Canadá y México. El presidente Donald Trump ha sido muy claro sobre sus intenciones sobre este y otros convenios. Según él, los acuerdos anteriores siempre han sido injustos con su país y por lo tanto no tolerará “desequilibrios comerciales, prácticas económicas predatorias y otras imposiciones a la buena voluntad histórica de nuestra nación que perjudican nuestros intereses”. Así lo señaló en el llamado Corolario Trump.

De ese modo, la región parece estar a punto de quebrarse en dos bloques opuestos: el del Mercosur-UE, multilateral y abierto al mundo; y el de un T-MEC revisado, con un blindaje contra todo lo que implique una amenaza comercial para Estados Unidos a los ojos de la Casa Blanca. Pero no se trata solamente de este choque entre un mundo liberalizado y uno proteccionista, porque el paso que da el Cono Sur también plantea riesgos geopolíticos. Para Trump, Estados Unidos debe dominar a América Latina, a la que considera su zona de interés, o en términos en boga, su zona de influencia. Así que la llegada de un nuevo actor comercial como Europa —que ya no es tan amistoso con Washington debido a la guerra en Irán—, podría disparar algunas presiones.
A inicios de marzo, el mandatario estadounidense marcó territorio al celebrar una cumbre informal con 12 presidentes latinoamericanos para crear el “Escudo de las Américas”. La iniciativa tiene como fin nominal crear un bloque de cooperación militar contra el narcoterrorismo y las amenazas externas. Los integrantes son los aliados ideológicos de Washington en el hemisferio occidental, entre ellos Argentina y Paraguay, miembros del Mercosur que podrían encontrarse ante el dilema de qué relación privilegiar, si una con Washington en estas condiciones, o una que incluya a actores externos a la región.
Lourdes Casanova, directora del Instituto de Mercados Emergentes de la Universidad de Cornell (Estados Unidos), no descarta que la Casa Blanca pueda presionar a estos países, como ya ha hecho sobre el tema de las inversiones chinas. Pero considera que la influencia de la economía será más fuerte que cualquier coacción de otro tipo.

“Geográficamente, Argentina no se va a ninguna parte, ni Paraguay ni Brasil, con lo cual están condenados a entenderse y a tejer acuerdos comerciales. Milei, por ejemplo, dijo durante su campaña que iba a romper la dependencia de Argentina de China. En cambio, desde que es presidente, vio que la fuerza de la economía y de los negocios es enorme, con lo cual ha moderado esa postura. Una cosa es lo que ideológicamente algunos políticos dicen, y otra es la fuerza de la realidad económica y de negocios”, explica Casanova a CONNECTAS.
Para el Real Instituto Elcano, un think-tank español, la asociación entre la UE y el Mercosur representa una oportunidad histórica para la integración política y económica entre Europa y América Latina. Sobre todo por el significado de que en estos momentos de proteccionismo, esos dos bloques económicos reafirmen su compromiso con un comercio internacional basado en reglas.
El otro lado de la balanza
México enfrenta una situación diametralmente opuesta. A diferencia de los casos argentino y paraguayo, la nación azteca vive determinada por su localización geográfica. Su principal socio, su vecino Estados Unidos, quiere revisar el acuerdo T-MEC que rige las relaciones comerciales en Norteamérica, porque considera que no le es suficientemente beneficioso. No es la primera vez que las partes han renegociado ese convenio comercial, pues en 2020 también hubo ajustes para incentivar la producción automotriz con insumos locales y para crear normas laborales más estrictas.

Casanova cree que en esa oportunidad las cosas salieron mejor de lo que los mexicanos esperaban, pero esta vez los resultados podrían ser distintos, aunque no inmediatos. En el segundo mandato de Trump, Estados Unidos es mucho más categórico en su rechazo a la influencia de China en la región, un país al que considera una amenaza externa. Y esto plantea un problema: Enrique Dussel Peters, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), resalta que México depende enormemente de insumos tecnológicos chinos, que representaron un tercio de lo importado por ese país desde la nación asiática en 2024.
Además, para Dussel Peters, la relación comercial de China con el mundo es bien particular, porque hay productos que llegan desde ese país pero en realidad provienen de empresas transnacionales estadounidenses que operan allí y exportan a todo el mundo. Así que cortar el comercio chino afecta incluso a las compañías estadounidenses, a las que Trump quiere beneficiar con su proteccionismo y la revisión del T-Mec.
En todo caso, sea cual fuere el resultado de la renegociación del acuerdo de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y China, sus efectos no se verán de la noche a la mañana. Tanto Casanova como Dussel Peters coinciden en que el comercio no se puede cerrar permanentemente ni las maquilas mexicanas se pueden clausurar de un día para otro.

Pero ante un posible acuerdo que reduzca las posibilidades de México y Canadá de comerciar fuera de la zona de influencia occidental, Casanova cree que la nación azteca debería enfocarse en su otro mercado natural, Centroamérica, e incluso en el sur del continente. La académica de la Universidad de Cornell recuerda que hay empresas de capital mexicano a lo largo de toda la zona, así que diversificar sus mercados de exportación e inversión no sería una tarea tan difícil.
La mezcla entre el comercio y la política
Cuando en diciembre de 2025 el Mercosur y la UE anunciaron su acuerdo, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, resaltó que no solo se trataba de una oportunidad económica, sino también de una necesidad política. Las ventajas económicas parecen claras: el bloque europeo es el segundo mayor socio comercial del Mercosur, con exportaciones que alcanzaron los 65.000 millones de euros en 2024.
Un análisis del Instituto Europeo Campus Stellae califica la firma del acuerdo como “un acto de resistencia contra el bilateralismo predatorio”, pero ya no a través de un sistema abierto, sino con bloques regionales y un multilateralismo estratégico donde los socios comparten valores democráticos y sostenibles, además de los intereses comerciales.

Quizás por ello hay un interés inusitado por pertenecer a este nuevo acuerdo. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, dijo hace poco que pedirá que Mercosur acepte a su país como miembro pleno de ese grupo, al que pertenece desde 2004 como estado asociado. También, informó que Venezuela pedirá ser readmitido como miembro pleno. Hay que recordar que ese país perdió ese estatus en 2017 por las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen de Nicolás Maduro contra las protestas sucedidas ese año.
Con este nuevo espacio comercial, la región se dispone a nadar entre las aguas del proteccionismo a ultranza de Trump, con sus aranceles y su “Estados Unidos Primero”, y la apertura a un nuevo mercado libre con aranceles reducidos. “Va a ser una época muy difícil de navegar. Vamos a ver lo que pasa en los próximos meses y los próximos años de la presidencia de Trump, pero definitivamente no es un momento fácil para la región”, destaca Casanova.
Por su parte, Dussel Peters recuerda que la presidencia de Trump tiene fecha de expiración y que todo podría volver a cambiar, pero tiene claro que el proceso actual es irreversible. No es el fin de la globalización, pero sí un momento muy crítico por el cuestionamiento absoluto al libre comercio proveniente de una de las economías más grandes del mundo, la de Estados Unidos. Para el investigador de la UNAM, es un salto al vacío. “Estamos siendo testigos de esta transición ¿a qué? No sé. Es un gran misterio, ya lo descubriremos, espero que más pronto que tarde”.

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