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“Fuimos los hijos del delito; por dos segundos de gloria pagamos 30 años de desgracia” William Rodríguez Abadía

El hijo mayor de Miguel Rodríguez Orejuela habla del peso del apellido, las consecuencias del narcotráfico y las heridas que aún carga su familia.

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William Rodríguez Abadía, hijo mayor de Miguel Rodríguez Orejuela, habla sobre las consecuencias que dejó el narcotráfico en su familia.
William Rodríguez Abadía, hijo mayor de Miguel Rodríguez Orejuela, habla sobre las consecuencias que dejó el narcotráfico en su familia. | Foto: Especial para El País

12 de sept de 2026, 06:44 p. m.

Actualizado el 12 de sept de 2026, 06:44 p. m.

Tres décadas después de la caída del Cartel de Cali, la distancia no ha borrado el peso de un apellido que marcó la historia política, judicial y deportiva de Colombia.

En un diálogo pausado pero de balances tajantes, William Rodríguez Abadía —hijo mayor de Miguel Rodríguez Orejuela— reflexiona desde el exilio sobre el tránsito de la bonanza a la ruina, los años dorados y controvertidos del América de Cali bajo el mando de su familia, y la factura que la justicia y la sociedad le cobraron a su círculo más cercano.

La autocrítica por los errores del pasado y una mirada desencantada hacia la política y las ficciones de televisión que han glorificado el narcotráfico, desdibujado la historia e idolatrado un estilo de vida del cual hoy no quiere volver a saber.

Han pasado 30 años de la captura de su papá, de su tío, han pasado 30 años de mil y una versiones, han pasado 30 años de conocerse mitos, leyendas, seguramente algunas verdades. Después de 30 años, ¿en qué está hoy la familia?

Volvimos a ser personas normales, desafortunadamente esta historia de la familia Rodríguez al final terminó mal, por obvia razón, porque estuvimos en el lado equivocado de la ecuación, digamos así, y bueno, la vida y la justicia nos cobraron. ¿Qué nos quedó? Pienso que nos quedaron historias y nos quedó el amor que tenemos por nuestra familia.

Muy compleja la situación nuestra, porque pienso que la familia es la más afectada y más golpeada por las autoridades en este mundo del narcotráfico y en ocasiones se excedieron porque hay gente que nunca cometió ningún delito y ha tenido que pagar delitos de sangre.

Los que desafortunadamente nos equivocamos, aceptamos nuestra responsabilidad. Mi padre y mi tío se declararon culpables de sus pecados y yo me entregué a la justicia y me sometí y pagué por lo que hice.

Hoy soy un hombre libre que vivo de mi esfuerzo y de mi capacidad como empresario o como un trabajador y eso fue lo que nos quedó, esa enseñanza que ellos nos dieron a la educación, al trabajo y eso nos ha permitido, después de este holocausto que ha sido esto para la familia, poder mantenernos y poder querer hacer cosas para ser personas de bien, para que nuestros hijos no tengan que vivir las consecuencias de los errores de sus padres.

"El narcotráfico destruyó a nuestra familia": William Rodríguez Abadía rompe el silencio | Parte 1

¿Por qué su papá y su tío, y podríamos decir que Carlos Lehder, se convirtieron en los trofeos o los símbolos y los demás no?

Pienso que fueron mitos que nos fueron convirtiendo, pienso que a los Rodríguez lo que más daño nos hizo fue esa famosa guerra con el cartel de Medellín, una guerra inútil, estéril y al final lo que hizo fue acabar a dos familias por el ego de sus familias.

Pienso que eso subió a mi viejo y a mi tío a un nivel de no retorno, porque en esta vida tú cometes hechos que tú sabes que después de eso ya no habrá forma de recuperarlo.

Yo soy un afortunado que lo pude hacer porque tuve el valor de entregarme y salir de esta vida, pero mi viejo y mi tío desafortunadamente ese hecho de haber colaborado y terminado con el cartel de Medellín, les subió el perfil a un lugar que es muy difícil y creo que los americanos nunca les perdonaron eso.

También creo que ellos nunca entendieron cómo es esta justicia, este - digamos entre paréntesis- enemigo jurídico, porque esos eran los americanos para nosotros.

En ese momento no entendimos cómo es su forma de ver la vida, todo es un negocio y nosotros no lo vimos así porque desafortunadamente, como Lehder, fuimos los primeros en tener que enfrentar esta justicia, no entendimos que esto es un negocio.

Es un negocio de qué tú me das a cambio de qué, entonces creo que también eso influyó. Además yo creo que influyó la forma mental de mi padre y mi tío, que nunca estuvieron en la filosofía de la colaboración, ellos nunca quisieron delatar a nadie, y eso hizo que sus condenas fueran ejemplares. De pronto otras personas que yo respeto, porque fueron personas que supieron y entendieron cómo funcionaba la justicia, llegaron a un acuerdo con la justicia americana y hoy pueden afortunadamente disfrutar de una libertad.

¿Cuál fue la peor injusticia que se cometió en contra de la familia Rodríguez Orejuela por parte de los estamentos oficiales?

Injusticia en contra de las personas que cometimos los delitos no existió porque merecimos todo el castigo que nos tocó. Pero sí con personas que nunca hicieron nada, si no ser hijos o sobrinos de estos personajes o primos míos, tener que llevar una carga de unas condenas, tener que soportar una cárcel, una persecución.

Eso es la injusticia para mí. Lo que nos pasó y que nos hayan quitado lo que nos quitaron, yo no soy nadie para discutirlo o discutir las directrices estatales o impuestas por otro gobierno, pero sí esa persecución sin cuartel en contra de mi familia.

Han salido un sinfín de series, novelas y recreaciones de la ficción a la realidad, ¿qué análisis hacen ustedes que estuvieron, vivieron y tuvieron ese día a día?

Lo que pasa es que desafortunadamente estas plataformas de entretenimiento -yo entiendo que es un negocio- de pronto han hecho el efecto contrario, en vez de demostrar algo que fuera a ayudar para que esta historia no se repitiera, lo que han hecho es lo contrario, glorificar esta actividad y hacerle ver a los jóvenes que esta vida es fácil y que todo lo puedes obtener, porque si tu analizas, son 10 capítulos donde no hay medios, son glorificación y mitad de un capítulo para terminar así, lo mataron en el tejado o fueron capturados.

Yo pienso que se ha totalmente desviado el concepto de lo que debe ser una serie para no mostrar algo que no es verdad, porque yo pienso que han mostrado muchas mentiras que son como un 80% y un 20% o un 10% de realidad.

Yo creo que había que mostrar, sí, lo que pasa, lo que esto genera, pero también las consecuencias, porque yo lo digo, a veces tengo posibilidad de hablarle a jóvenes o ir a charlas o entrevistas, y lo digo muy claro, por 2 segundos de gloria han sido más de 30 años de desgracia, no solamente para mí, sino para mi familia y es difícil cargar con esa responsabilidad de que por uno hayan tenido que pagar otros, siendo inocentes.

Ahí ha existido el problema, que debería mostrarse la otra faceta, las consecuencias. Yo le llamo a eso ser hijos del delito, nosotros hemos sido tildados y perseguidos como eso y pienso que esa es la parte que tampoco muestran para que los jóvenes entiendan que sí, vas a tener una subida, pero ¿estás dispuesto a tener el valor de afrontar la bajada?

Rodríguez Abadía asegura que su familia pagó durante décadas las consecuencias de los errores cometidos por sus integrantes.
Rodríguez Abadía asegura que su familia pagó durante décadas las consecuencias de los errores cometidos por sus integrantes. | Foto: Especial para El País

¿Por qué en Cali siguen encontrando propiedades de Pacho Herrera?

Lo que pasa es que Pacho dentro de la organización del cartel era como el hombre que más liquidez tenía, se entiende, él era una persona de mucha liquidez, nosotros éramos más de tener empresas, ladrillos.

Entonces él, para mí, y Juan Carlos Chupeta han sido los manes de más billetes que han existido en el narcotráfico, no de poder, porque una cosa es la plata, otra cosa es el poder; de solvencia económica sí, él tenía la solvencia económica, tenía muchas propiedades, tenía muchos edificios, fincas, de todo, porque eso era su vida, nuestra vida era una vida empresarial, muy diferente, fuimos socios en un negocio solamente y luego se convirtió en una alianza para pelear una guerra contra Escobar.

¿Eso es cargar el peso del peligro?

Claro, claro que lo cargamos. Pero te digo, nosotros somos los hijos del delito. Y yo soy un hijo del delito. La que no es ahora un hijo del delito es mi hija. Porque mi hija trascendió.

Yo quise una vida diferente para ellas, pero yo siempre estaré marcado y seré el hijo de. Tú comienzas esta entrevista de William Rodríguez Abadía, el hijo de Miguel Rodríguez. Siempre voy a ser identificado así, pero yo he luchado por tener mi propia identidad.

¿Qué tanto le ha afectado la muerte de su tío Gilberto?

Mi tío era el papá de mi papá. Yo al final desafortunadamente tuve dificultades e inconvenientes con él que quedaron en el pasado, porque respeto la memoria de mi tío. Fue como un segundo padre para mí.

Desafortunadamente la desgracia de este negocio nos separó en algún momento, pero para mí quedó ahí y lo respeto. Pero para mi papá fue algo muy grave. Yo creo que es como que se le haya muerto su padre. Yo creo que eso fue mi tío para mi papá, el papá, el hombre que lo sacó de la miseria, le dio una educación y lo ha afectado bastante. Yo pienso que mi papá es uno antes de la muerte de mi tío y otro después de la muerte de mi tío.

¿Cómo está su papá?

Mi papá está bien en cuanto a su salud física. De pronto un poco afectado en la parte de su mente, porque pues los años pasan, más en un hombre que lleva más de 30 años preso. Tiene un poquito de demencia senil. Y afortunadamente la demencia no se devuelve, la demencia antes se aumenta.

Y cuando tú no tienes las atenciones médicas y psiquiatras necesarias, pues ojalá que mi padre aguante y pueda salir cuerdo de eso. Quedan dos años exactamente.

¿Sueña usted con volver a abrazar a su papá en libertad?

Pues ojalá lo pueda hacer. Desafortunadamente yo no puedo ir a Colombia en este momento por mi situación migratoria y él sería deportado de los Estados Unidos, a Colombia.

Pero yo lo he visto y he tenido la oportunidad de abrazarlo. Pronto lo volveré a ver. Estoy dirigiendo una visita para verlo y poder darle un abrazo. Hablo con él una o dos veces al mes, me llama. Tenemos una relación buena dentro de la distancia. Hubo momentos muy difíciles, pero yo pienso que tanto él como yo supimos perdonar y poder mover para adelante nuestra relación.

¿Qué lectura hace usted de Colombia hoy, de la manera como ha cambiado la estructura de narcotráfico, de la guerra, de la violencia?

Pues es difícil, porque estos fallidos procesos de paz nunca han traído un proyecto que venga pegado a eso para tratar de sacar a esa gente del campo… Cuando hablo del campo es de la subversión, de seguir con un fusil en la mano, porque no tiene fundamento esto. Simplemente, digamos, el de la guerrilla. Sí, se entregaron los fusiles, nos vamos a desmovilizar, pero, ¿quiénes se desmovilizaron? Simplemente los jefes.

¿Y qué pasó con los que quedaron allá? ¿Con los que ganaron un millón de pesos en el campo empuñando un fusil? Ah, que les dieron ocho millones. Bueno, ahí parece que hay unos proyectos de mostrar, pero habrá de cien, dos o tres que hayan tenido éxito, porque no hubo una alternativa económica para esa gente para quedar a las armas. Entonces es muy fácil salir a criticar, es que eso no sirvió.

Sí, pero bueno, ¿qué es lo que tú estás proponiendo para que sirva? Porque hemos visto que la guerra no es la opción, ¿me entiendes? Sí, hay momentos o etapas donde hay más seguridad, pero volvemos y seguimos en lo mismo porque el problema central es el narcotráfico, el narcotráfico es el combustible que le da plata a esto para que esto sea máculo.

Entonces no hay ninguna política realmente para buscarle una solución permanente a esto. Simplemente es la guerra, porque es la guerra la que genera dinero, las cárceles son las que generan plata.

Es algo que se va a quedar ahí y vamos aquí dando vueltas y aparece este tipo, presidente, que va a hacer eso, lo otro, pues vamos a ver qué pasa en cuatro años cuando se vaya.

Entonces no hay algo realmente que valga la pena. Dale a los políticos a hablar mierda, eso es la palabra, pero al final no hacen nada por la gente. Simplemente, sí, sí, es tirarle el agua sucia a los Rodríguez, a Pablo Escobar.

Bueno, nosotros pasamos y no solamente Pablo Escobar y los Rodríguez, sino varias generaciones de bandidos que han pasado en Colombia, pero los mismos políticos siguen ahí, ya andan hasta con caminador, ¿me entiendes? Y eran nuestros socios. Entonces realmente no hay una justicia de verdad, de perdón y olvido y de la comisión, yo no lo llamo la comisión de la verdad, sino la comisión de la mentira, donde van a tratar de exculparse de todos los daños que le han hecho a Colombia, de realmente aceptar que el problema ha sido ese, que no hay un compromiso de parte de la dirigencia política para acabar con ese negocio.

Productor audiovisual y periodista, universidad Minuto de Dios. Apasionado por Cali y su cultura, por el periodismo serio y con criterio. Caleño, melomano, coleccionista y editor de El Son del Barrio, un cuento que no se ha contado.

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