En Popayán se niegan a creer que oncóloga haya envenenado a su examante

En Popayán se niegan a creer que oncóloga haya envenenado a su examante

Septiembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Laura Marcela Hincapié S. | Reportera de El País

Ana María González, la científica brillante acusada de intentar envenenar a su examante en Houston, es recordada en Popayán como una ‘chica 10’.

¡Cómo olvidarla! Dice el hombre mientras frota sus anteojos con un paño blanco. Cómo olvidar a su única estudiante de medicina que mereció un 5 en un examen final. Es que un 5 del profesor Alonso Ruiz resultaba una misión imposible. Pero Ana María González Angulo no era una alumna promedio. Ella era especial. El doctor Ruiz, sentado en su escritorio ubicado en el Centro Médico de los Andes, en Popayán, cuenta que fue profesor de Ana María en quinto, séptimo y octavo semestre de medicina en la Universidad del Cauca. En sus más de 20 años de carrera como docente, pocas veces había visto una alumna tan brillante. El médico alza la mirada, como si por un momento se transportara a la década del 90 cuando Ana María escuchaba atenta sus clases. Afirma convencido que aquella chica era sobrada. Su inteligencia vencía los vicios de cualquier profesor ‘cuchilla’, que, como él, terminaba poniéndole un 5 casi contra su voluntad. A Alonso Ruiz no le sorprendió entonces que esa estudiante sobresaliente se convirtiera en una de las mejores oncólogas de Estados Unidos. Tampoco le resultó extraño que llegara a ser la jefa de Investigación Clínica y Desarrollo de Fármacos del Departamento de Cáncer de Mama del Centro Oncológico MD Anderson de Texas, el más importante del mundo.Lo que sí lo tiene pensativo desde hace meses es que esa chica superdotada sea la misma que hoy está acusada de haber intentado envenenar a un examante y compañero de trabajo. Ella, tan simpática, tan aplomada... “No, eso yo no lo puedo creer”, repite. Confiesa, entonces, que ha preferido mantenerse alejado de las noticias del juicio, que empezó el pasado lunes en Houston (Texas). Dice que, como en los torneos de fútbol, solo espera saber quién fue el vencedor. Una noticia que podría conocerse en dos semanas, cuando la oncóloga González reciba la sentencia por el delito de asalto agravado. El final para la mujer de 42 años podría ser fatal si es declarada culpable: pasaría el resto de su vida en prisión. ***El caso de la doctora Ana María se ha convertido en toda una novela para los medios de Estados Unidos. Un drama en el que, según la Fiscalía, Ana María es una mujer obsesionada que tenía una “atracción fatal” por su compañero, el doctor George Blumenschein, con quien sostuvo una relación amorosa durante años, a pesar de que él vivía con su novia, Evette Toney. Según la acusación de los fiscales, el 27 de enero del 2013, Ana María, después de haber tenido relaciones sexuales con George, le dio de beber dos tazas de café, mezclado con glicol de etileno, una sustancia química que se encuentra en los anticongelantes de automóviles. El médico sobrevivió, pero tuvo que someterse a una diálisis debido al daño que le causó la sustancia en sus riñones. Dos meses después del ataque, Blumenschein acusó a Ana María de haber sido la responsable de su envenenamiento. La oncóloga, sin embargo, se ha declarado no culpable. Su defensa critica que solo después de ocho semanas el médico la señalara, al tiempo que advierte que George pudo haber ingerido esa sustancia en otro lugar o incluso que su novia podría ser la responsable. La Fiscalía, por su parte, insiste en que tiene grabaciones que incriminan a la oncóloga estrella del MD Anderson de Texas. Pero más allá de los argumentos de una y otra parte, lo que hoy se preguntan aquellos amigos, conocidos o simples admiradores del trabajo de la especialista en cáncer de seno, es cómo una eminencia en la investigación resultó implicada en un oscuro triángulo amoroso. ¿Quién es esa mujer detrás de la científica brillante? *** Son las tres de la tarde del miércoles 17 de septiembre y en el Colegio San José de Tarbes de Popayán, conocido como Las Josefinas, algunas chicas entran a los salones apuradas, tras el descanso de la tarde. En una oficina que queda justo al lado de la entrada principal está Lucerito, quien desde 1980 es la secretaría de la institución. La mujer, de unos 60 años, es alta y lleva el pelo corto. -Busco información de Ana María González. Ella se graduó de este colegio...-¡Ana María! Claaaro, quién podría olvidarse de una niña tan maravillosa. Hace ya 26 años que aquella jovencita salió como bachiller de Las Josefinas, pero Lucerito tiene su imagen intacta. La mujer mira nostálgica hacia el pasillo y dice que le parece estar viendo a esa niña menudita, risueña, de cabello castaño. Entonces se dirige a un estante y baja un libro de pasta café titulado ‘Actas de grado desde 1982’. Pasa las hojas minuciosamente... “Aquí está: Ana María González Ángulo, se graduó el 2 de julio de 1988. Era muy inteligente y dedicada a su estudio”. Empieza a leer sus calificaciones: Cálculo 10, español 9.0, religión 9.7, física 8.5, filosofía 9.0. Ana María era una ‘chica 10’.En el colegio, Lucerito no es la única que la recuerda como la más aplicada, la más colaboradora. La hermana María Claudia Mosquera Chaux, quien fue durante muchos años directora de Las Josefinas, dice quererla tanto como si fuera parte de su familia. La anciana de 80 años acaba de llegar de una terapia en las piernas y, aunque se siente muy cansada, decide retrasar la siesta solo para relatar quién es la Ana María que ella conoció. La hermana cuenta que nunca la vio pelear con ningún compañero. “Ella era sencilla, servicial, se la llevaba muy bien con todos”. Dice, además, que desde niña tenía un espíritu generoso. A la hermana Laura, por ejemplo, quien fue su primera profesora, le ayudaba todas las tardes a hacer unos helados para vender. María Claudia dice estar segura de que Ana María es inocente. Sus ojos azules se enrojecen y confiesa que sufre mucho por ella. Desde el año pasado, cuando se enteró de su lío judicial, la anciana ora en las mañanas y en las tardes y en las noches por su exalumna favorita. Como la religiosa y el profesor Ruiz, en Popayán son muchos los que se niegan a creer que Ana María, miembro de una de las familias más prestantes de la ciudad sea culpable de semejante acusación. La mujer, hija del doctor Alfredo González y Eugenia Angulo, y sobrina del exgobernador del Cauca Guillermo Alberto González, siempre tuvo una reputación intachable. En la ciudad la recuerdan como esa jovencita que se dedicó por completo a estudiar y se convirtió en una de las mejores investigadoras de cáncer en el mundo. Esa solidaridad con Ana María llevó, incluso, a que se creara un grupo de apoyo en Facebook. Hasta este sábado tenía 2226 miembros. 2226 personas que dicen creer en la inocencia de la doctora acusada de envenenamiento. *** Fernando López aclara que no quiere echarse flores, pero es cierto. Él, en parte, es el responsable de que Ana María haya decidido especializarse en oncología. Cuenta que cada vez que se la encontraba en congresos internacionales, ella siempre lo presentaba a sus colegas como el doctor que “le dio alas” para estudiar el cáncer. López, director del servicio de oncología de Popayán, fue profesor de Ana María durante dos meses, cuando ella, estando en la Universidad del Cauca, decidió hacer su rotación en oncología. La chica lo hizo tan bien que él mismo le aconsejó que se dedicara a esa área. Es que ella parecía saberlo todo, incluso, antes de que se lo explicaran. Recuerda, por ejemplo, que solo tuvo que enseñarle una vez cómo se hacía una historia clínica. Aunque él -confiesa- intentaba encontrarle algún error a su trabajo, ella siempre terminaba ganando. El oncólogo, el único que hoy tiene Popayán, cuenta que luego de graduarse, Ana María se casó y se fue a Estados Unidos, pues a su esposo lo nombraron cónsul en Miami, en el gobierno de Andrés Pastrana. Allí la doctora se especializó en Medicina Interna en el Centro Médico Monte Sinaí. Luego recibió una beca de oncología en Nueva Orleans. Tras su divorcio, la doctora González siguió viviendo en Estados Unidos y se dedicó a investigar el cáncer de mama. Hoy aparece como coautora de unas 120 publicaciones científicas en los registros de la Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Sus aportes se han focalizado en tipos agresivos de cáncer de seno y en mecanismos de resistencia a las terapias para combatir esta enfermedad.El doctor López dice que en este caso el alumno superó al profesor. Por eso, desde hace años, él consulta a Ana María para conocer su opinión acerca de los pacientes más graves que ha atendido. Pero más allá de esa relación profesional, de la admiración, del respeto a la científica brillante, él reconoce en ella a “una mujer de buen corazón”. Relata que Ana María apoya a muchas pacientes de cáncer de seno. Cada año, la doctora llegaba a Popayán, y junto a su madre, donaba medicamentos a enfermas de bajos recursos. Cómo -se pregunta el doctor López- una persona que ha tratado una enfermedad tan dura como el cáncer sería capaz de envenenar a un compañero de trabajo. Él, como el resto de sus colegas, tampoco puede verla como una mujer mala y obsesiva.La Fiscalía, sin embargo, sostiene que Ana María sí tuvo una motivación para atacar al médico Blumenschein: los celos. Al parecer, la científica no puede tener hijos y, meses antes del supuesto envenenamiento, se habría enterado de que la novia de su amante había quedado en embarazo, aunque luego tuvo un aborto involuntario. Esa versión, como el resto de señalamientos, aún debe comprobarse. Mientras tanto, Popayán sigue conmocionado y solo espera que, como en un torneo de fútbol, los abogados de Ana María muestren sus mejores jugadas y ella salga vencedora.

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