"Cantar en el Salsódromo es mi amuleto de la suerte": Gilberto Santa Rosa - Feria de Cali

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"Cantar en el Salsódromo es mi amuleto de la suerte": Gilberto Santa Rosa

Diciembre 22, 2019 - 08:00 a. m. Por:
Isabel Peláez R., reportera de El País 
Gilberto Santa Rosa

Gilberto Santa Rosa ha compartido con la orquesta D'Caché, de Cali, en un proyecto musical que nació en el 2009 y que fue presentado como Las Damas y El Caballero, luego evolucionó como Ellas.

Agencia EFE

Gilberto Santa Rosa será la estrella internacional que abra el Salsódromo el próximo 25 de diciembre. El cantante nacido el 21 de agosto de 1962 en Santurce, Puerto Rico, deleitará a los caleños amantes de la salsa con sus éxitos. Pero antes, nos contó y cantó su vida, desde su isla amada.

Viva la gente

¿Qué significa abrir el Salsódromo?

Estoy muy contento de volver, para mí la Feria de Cali es algo muy especial y es el cierre del año, pero a la vez es empezar con buena energía, llegar a una ciudad que recibe con tanto cariño a los que hacemos este tipo de música. Es la primera vez que vamos a participar en el Salsódromo, es casi un amuleto de que el año que viene va a estar bueno.

Cuéntenos sobre sus experiencias musicales en Colombia...

Es un país que es responsable de que la salsa esté viva, además de apoyar el género tiene una cantidad de artistas buenísimos que han aportado a este. Cuando empecé a visitarlos conocí mejor el talento que hay en el resto de expresiones culturales. Es un país musicalmente muy culto. En los 90’s fui por primera vez y no he dejado de visitarlos un año. Uno de los proyectos a los que más cariño les tengo es a la Orquesta D’Caché, grandes músicas y con una disciplina que me dejó frío. Nos presentamos en toda Latinoamérica.

¿Y cómo le fue este año en su dúo con Maía en ‘Lo que yo quiero’?

¡Ah! Maía, nos hicimos amigos trabajando en La Voz Colombia, en la primera temporada Maía y yo éramos asesores junto a Amaury Gutiérrez. Maía es de una simpatía, después conocí la cantantaza que es, tiene una versatilidad y talento increíble. Luego nos cruzamos en viajes. Un día me invitó a cantar una canción con ella y lo hicimos, fue espectacular.

¿Es cierto que fue trabajólico y debió parar el ritmo para no enfermarse?

De hecho, me enfermé por eso. En 1995 tuve un exceso de trabajo que me lastimó las cuerdas vocales, me asusté bastante y disolví la orquesta que tenía, porque cambié todo mi sistema de trabajo, para manejar mejor los tiempos. La gente no entendió muy bien mi decisión que obedeció a que por exceso de trabajo puse en riesgo mi carrera.

Hijo de un dibujante de planos de ingeniería y de una operadora de las primeras computadoras IBM de la isla, ¿Qué heredó, artísticamente hablando, de sus padres, y de su abuela, que era muy rumbera?

Le deseo a todos los niños del mundo que tengan la niñez que yo tuve, por eso me duele mucho que los niños pasen penas, trabajo o hambre. Vengo de una casa de gente trabajadora, no tuve lujos ni carencias. A mis 7 años ellos acordaron que la señora iba a ocuparse de la casa y el viejo a proveer. Entre mis 4 y 7 años pasé esos días fabulosos en casa de mi abuela materna, una abuela rumbera, que le gustaba la salsa. En mi casa se escuchaba mucha música, pero no había nadie que tocara ni cantara, allí todo era baile, disfrute y teníamos muy buen gusto para la música. Un domingo era de concierto de tríos, de música bailable, internacional, de guitarra. Tengo dos hermanas, a una le llevo diez años y cuando empecé en la música ella era muy pequeñita, pero con mi hermana mayor, que era rockera y yo salsero, hacíamos batallas musicales.

Cantó en sus inicios en iglesias y en parques ¿cómo fue ese comienzo?

Divertidísimo, yo cantaba donde pudiera cantar. Empecé en la escuela cantando boleros con un compañerito, teníamos cinco años y él ya tocaba la guitarra y hacía segunda voz porque yo no sabía hacerla. Se convirtió en una primera voz del trío Espectacular, se llamó José Cruz, lo recuerdo con mucho cariño, ya murió. Hicimos un dúo nos relacionamos con otros músicos. Creamos un grupo en la calle donde vivía, de salsa, además yo cantaba con un grupo de corte social, el movimiento internacional Viva la Gente. Hacían conciertos en beneficio de hospitales, cárceles e iglesias. Fui el primero en introducir salsa allí porque se cantaba era rock en español y baladas.

¿Cómo llegó a usted el Conteo Regresivo?

Me la entregó Jerry Rivas, el cantante del Gran Combo, gran hermano, la compuso un amigo mutuo, Juan José Hernández, en un disco compacto me señala un título y le digo: ‘Déjame escucharla’. De inmediato la estrenamos en Panamá y la respuesta fue increíble. Fue un éxito y aún lo es.

¿Qué historia esconde Conciencia?

Esa canción sufrió una cirugía estética. Este tema de Omar Alfano hablaba sobre un amor clandestino, yo no me quería meter en esos terrenos y le dije a Omar: ‘Cámbiale la segunda parte para que al que le sirva igual al que tenga un amor con diferencia de edad, del mismo sexo o a cualquiera que tenga que tomar decisiones sobre su relación sentimental. Cuando terminó de arreglar la canción, le puse el coro: “Me dice el corazón, pero me grita la conciencia”. Esa y Perdóname son mis dos querendonas, cambiaron mi carrera.

¿Por qué dice que le robó Que Alguien me Diga a Son by Four?

Siempre he dicho, de manera jocosa, aunque eso nunca es jocoso, que me robé esa canción para mí. Eso fue mezcla de una indiscreción de un amigo en común con mi sagacidad. Omar Alfano nos dio las canciones a Víctor Manuelle, Son by Four y a mí me dio ‘Que alguien me diga’, pero luego me pidió disculpas y me dijo que era para los muchachos de Son by Four. Quise escuchar de qué me había perdido, la pusieron en un casete y cuando la escuché, me levanté y dije a los muchachos de Son by For: ‘Ustedes me perdonan, pero las canas se respetan’. Y me quedé con ella. Después se olvidaron del coraje porque Omar les escribió ‘A puro dolor’, un gran éxito.

Dicen que es un gran coleccionista de música, ¿de quiénes en especial?

Las de música y de artículos relacionados al maestro Tito Rodríguez, del Gran Combo, son dos de las colecciones más completas que tengo.

¿Conserva la casa de Tito Rodríguez?

Sí, la tengo como oficina y museo a su memoria, pero no es mi residencia. Es fácil verla, está en una avenida que conecta las dos zonas turísticas más importantes de San Juan. Es de estilo japonés y causó furor en los años 60.

¿Cómo es que su debilidad son los dulces, pero no puede comerlos?

Siembre bromeo con que, si la reencarnación existe, tuve que haberme portado muy mal en mi vida anterior, porque me mandaron diabético a esta y a mí me encantan los dulces y el café.

Es un dominicano más... ¿no?

Yo tenía una relación muy bonita con este país antes de casarme con una dominicana guapísima, que es mi esposa, y la semana que me casé el Consulado me envió la noticia de que me declararon ciudadano de su país.

¿Quién seguirá su tradición musical?

Si depende de mis hijos mi legado, no vamos a tener buena suerte. Sospecho que mi hija canta mal a propósito. Mis otros cuatro hijos cantan mal naturalmente. Tengo dos nietos y nacerá otro en abril. El mayor tiene instinto musical, puede entonar, escuchar algo y repetirlo, tengo mis esperanzas puestas allí.

La conciencia le dice 

La salsa, según Gilberto Santa Rosa, “está en muy buenas manos. Los jóvenes, donde quiera que he ido, están haciendo muy buen trabajo, de lo que depende es de la difusión de esa música y de la conexión con el público. Son talentosísimos, tienen buenas ideas y juventud.

Necesitamos esa nueva sangre”. Y que nazca una ‘Guarachera’ como Celia Cruz tampoco lo ve difícil. “Si no ha nacido ya, creo que el mayor reto es crear un proyecto auténtico y original. he visto mujeres muy talentosas, pero mientras más se distancien de Celia, más van a lograr”.

Se muestra ansioso por llegar a Cali donde, en el hotel en que se hospeda, le tienen lista “una empanada con un refresco de manzana”. Y aunque le encantaría visitar muchos lugares, no alcanza. “Llego a trabajar el 25 y 26 de diciembre”. Eso sí, hay un espectáculo que no se quiere perder. “Siempre tengo curiosidad de ir a la Carpa Delirio, me parece espectacular lo que hacen. Es un show único. Es la única ciudad que yo conozco en el mundo que tiene la salsa como parte de su propuesta turística”. Lo dice un salsero que tuvo como instrumento cuando era niño las latas de pintura y los botes de basura. “Un músico en Puerto Rico puede dar fe de eso, Don Perignon. Él y yo empezamos una escuela que aún tiene. Tocábamos en lo que fuera, hasta en los carros de los vecinos, que tenían un sonido peculiar, pero la pieza duraba hasta que el vecino se daba cuenta de que le estábamos cayendo a golpes a su carro y salíamos corriendo. Fue una época muy divertida. Había un solo instrumento de verdad, un timbal que tenía mi compadre, Don Perignon, y dependíamos de su conducta en la casa para que nos dejaran usarlo”, dice Gilberto.

Según el maestro salsero Yuri Buenaventura, “Gilberto Santa Rosa tuvo la suerte de conocer y estar cerca de la cultura y el conocimiento de Tito Rodríguez. Eso le da un alto nivel de sensibilidad al lirismo que puede encerrar la música del Caribe. Tito Rodríguez le enseña también la dinámica escénica de que no es necesario ser chabacano para ser negro, esa actitud la lleva impresa Santa Rosa. Y se ve claramente en el estilo de ejercicio escénico que él desarrolla, y en el comportamiento social de su persona y su imagen”, considera el cantante colombiano, para quien su canción favorita del repertorio del ‘Caballero’ es ‘Conciencia’.

Hasta en Japón

En Puerto Rico aún le llaman Gilbertito, como en sus inicios. “Yo empecé a cantar como un profesional a los 14 años, ya cantando con orquestas y grabando discos, entonces todos los compañeros me decían ‘Gilbertito’, porque era, un niño que cantaba salsa. Aquí en Puerto Rico en la calle me dicen Gilbertito. Un poco en República Dominicana y un poco en Panamá. Pero aquí en Puerto Rico me llaman todavía Gilbertito, cosa que me encanta porque ya ha pasado el tiempo, ya no está Gilbertito, y la gente todavía me trata así”, cuenta.

¿Quién lo llamó El Caballero de la Salsa?

Fue un título que me dio un caballero de aquí de la radio que se llamó Rolandito Sánchez, quien lamentablemente murió el pasado año, y fue a quien se le ocurrió que yo fuera El Caballero de la Salsa por el tipo de canción que yo cantaba. Para los años 80, que fue cuando salí como solista, salimos un grupo de muchachitos, Eddie Santiago, Frankie Ruiz, Tito Nieves, José Alberto El Canario. Y cada uno tenía su estilo y peculiaridad. Y Rolandito decía que mis canciones eran muy caballerosas, porque en esa época se puso de moda la salsa erótica y decía que mis canciones eran muy románticas, que no aludían al erotismo. Me bautizó en su programa como El Caballero de la Salsa y poco a poco con mi música y con mi comportamiento me fui ganando el título a pulso. Hoy en día se me conoce así.

Se ha ganado seis premios Grammy. ¿Aún el público está en deuda con usted o ya la saldaron con el cariño que le tienen?

No, yo no diría deuda porque nunca hice un proyecto pensando en premios. Pero sí nos llenan mucho los reconocimientos porque yo formo parte de un género en el que hay muchos y muy buenos artistas. Además me sirve a mí para reconocer el trabajo de otros, porque en un proyecto discográfico hay mucha gente participando, eso me produce mucha alegría, ser reconocido, pero también me da mucha alegría por esta gente que trabaja conmigo con tanta entrega en cada proyecto, el compositor, el arreglista, el productor, el hombre que diseña la carátula, el de sonido, el del estudio, el que va a promover la música. Muchos de estos premios tienen la deferencia de darle una estatuilla al productor, al estudio de grabación, y eso también es importante para ellos y lo disfruto.

Usted ha llegado a países inimaginables como Japón, donde, dicen, cantó en japonés...

Déjame aclararte que eso fue un error de tipografía que me ha perseguido la vida entera. Pero lo que pasó en el Japón fue que la compañía de discos tuvo la cortesía conmigo de editar el disco que yo lancé ese año, De Cara al Viento, editaron toda la literatura del disco, para que la gente entendiera las canciones, en japonés. Yo nunca dije en japonés, solo sabía decir buenas noches. Tenía una intérprete que era quien le transmitía a la gente lo que yo estaba diciendo.

Pero fue una experiencia interesante que me gustaría repetir, y nunca volví. Curiosamente, para esa época, no había muchos latinos en Japón, y el público que llegó a los conciertos era japonés. Era muy simpático ver las señoras que iban con sus kimonos a bailar, y todo lo que era la cultura japonesa frente a la latina, en una de las visitas más interesantes que he hecho en mi carrera.

Su maestro fue Mario Ortiz. ¿Dónde más estudió música?

Don Mario Ortiz era un músico muy respetado en Puerto Rico, era un gran arreglista, un gran trompetista y una bella persona, por lo tanto era un músico que todos respetaban. Donde quiera que Mario se paraba había calidad y los músicos querían estar con él. Yo estudié en Puerto Rico en la Escuela Libre de Música, donde tú vas a estudiar tu currículum general y tienes uno musical, estudias historia, matemática, inglés, español, pero también piano, teoría musical. Yo no era un gran músico, pero sí tenía la habilidad de cantar desde muy joven y empecé a organizarme con mis compañeros y entre ellos estaba el hijo de Mario Ortiz y a través de él fue que llegué a que su padre me escuchara. Él me dio la oportunidad para cantar con profesionales, en abril del año 77. Ahí es que entro al mundo de la música profesional. Don Mario Ortiz me dio las primeras lecciones de taller musical, porque soy muy mal músico.

Y como la vida es tan bonita, cuando fui a mi concierto en el 95 invité a Mario al Carnegie Hall, incluso amplié mi orquesta para que pudiera tocar, para agradecerle que por él estaba allí. Él hizo muchas grabaciones y arreglos con su orquesta y murió muy joven. Le tengo ese respeto, ese cariño.

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