cultura
Una hija, la memoria de su madre
La periodista Claudia Palacios, una de esas caleñas universales que trascienden fronteras gracias a su trabajo de décadas, acaba de presentar el libro más íntimo de su vida: ‘Hola, Mami, Quiubo, Mija’.
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9 de ago de 2026, 10:27 p. m.
Actualizado el 9 de ago de 2026, 10:27 p. m.
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Podcast literario Que Vivan los Libros
Fueron trece los años en que María Teresa Giraldo, la madre de la periodista y escritora Claudia Palacios, convivió con la enfermedad de Alzhéimer. Años en que madre e hija tuvieron una serie de conversaciones memorables, desde las fases más tempranas de la enfermedad, cuando apenas se anunciaba y abundaban las señales e indicios del deterioro de la memoria, hasta las más avanzadas.
Porque muchos hijos, por amor a sus padres, llegan incluso a desear que partan pronto de este mundo para que no sigan sufriendo ese hecho tan demoledor como contundente: la erosión de todo eso que fueron y que los hacía ser ellos. Sus recuerdos, sus historias, su pasado, su identidad, sus bromas, sus anécdotas, su ubicación en la línea del tiempo, sus rasgos característicos y, de alguna manera, su personalidad y carácter.
Hasta llegar, por supuesto, al momento de la muerte. Y, después de la muerte, al duelo y a la historia que cada hijo se cuenta a sí mismo cuando hace las paces con las luces y sombras de sus padres. Claudia Palacios lleva el género de la conversación y la entrevista a un nuevo nivel, que define como su eje: “El deseo de servir”.
Claudia, tu libro acaba de llegar a librerías y ya está pasando voz a voz y mano a mano. Está cumpliendo esa misión de circular por las familias y ponernos a hablar de un tema tan importante y complejo como el Alzhéimer.
Muchísimas gracias, Paola, de verdad que es para mí un honor estar acá. Y sí, estoy muy feliz porque, como dices, se está cumpliendo el propósito de poner a la gente a hablar de esas conversaciones que nos dan miedo, el envejecimiento, la enfermedad y el bien morir.
Nos da miedo, literalmente, porque esperamos que eso nunca nos pase, y ese es un pensamiento muy irracional. ¿Cómo decidiste convertir esta experiencia personal en un libro?
Para serte franca, en el proceso de duelo, meses después de la muerte de mi mamá, yo quería retomar un proyecto que tengo de escribir un libro sobre hombres y temas de género. Entonces le conté a Andrés Grillo, mi editor de Planeta. Él y yo estábamos compartiendo el mismo duelo, porque Andrés había perdido a su padre unos meses antes de que mi mamá muriera. Y entonces, como amigos y colegas que somos, me dijo: “Claudia, mejor escribe sobre tu mamá. Porque fíjate que cuando tú has escrito de eso en las columnas en El Tiempo, o en tu canal de Youtube, ha tenido mucho impacto, y a mi propia familia le ha servido mucho cuando pones ese tema sobre la mesa, porque es muy difícil de tocar en las familias”. Cuando él me dijo eso, pensé: tiene razón.

¿Por dónde empezar a hacerlo realidad?
No sabía cómo hacer eso, porque es algo muy íntimo. En ese proceso de duelo, yo me vi varias veces teniendo conversaciones con mi mamá, sí, conversaciones imaginarias contándole algo que me estaba pasando en el día. Así de la nada, como si ella de verdad estuviera escuchándome. En algún momento dije, bueno, voy a empezar a escribir esto, que es imaginario, y lo voy a volver un texto donde también pueda sacar cosas que yo estaba sintiendo. Cuando escribí las primeras 10 conversaciones dije “este puede ser el formato del libro”, y se lo mandé a Andrés. Escribí en total 60 conversaciones que cubrieran toda la cronología, desde síntomas, sin saber qué era la enfermedad, hasta después de su muerte. Y cuando termine, le dije a Andrés: a esto le falta algo, porque quiero que de verdad sea un libro útil para la gente. Y ahí es que decido entrevistar a tres personajes con unas entrevistas en profundidad, una psiquiatra, una cuidadora y una geriatra.
¿Cómo hiciste para recomponer los diálogos con tu madre?
Yo necesitaba silencio. Mi técnica fue el silencio. Yo había empezado a escribir estas conversaciones en septiembre del año pasado, pero no pude hacer nada hasta enero porque todavía había mucha presencia del duelo, y me encontraba muchas veces tan descolocada como sorprendida por la tristeza. Las emociones de un duelo, para mí eran totalmente nuevas, porque yo no había tenido nunca antes un duelo. En enero, cuando baja la carga laboral y hay más silencio, retomé, siempre pensando en que fuera algo que le sirviera a la gente para tener las herramientas que yo no tuve en el proceso. Y, por supuesto, también pensando en no traspasar los límites que hubieran hecho sentir incómoda a mi mamá.
¿Cómo es esto de no traspasar los límites de tu mamá? Si ella ya no está, tú puedes quedar en libertad para contar una serie de intimidades
Sencillamente fue lo que salió de mí. Durante la enfermedad estuve en función de: ¿Qué hubiera querido mi mamá? Si ella estuviera en control y fuera autónoma, ¿qué hubiera hecho? ¿qué tipo de medicamento hubiera tomado? Siempre, siempre, sin excepción, estaba pensando eso. Por ejemplo, un día llegué y le habían cortado el pelo chiquitico, y dije “no, mi mamá no se hubiera cortado el pelo así, esto no le habría gustado”, y me costó trabajo decírselo a la persona que estaba a cargo de ella, porque yo sabía que no lo había hecho con mala intención. En ese momento yo comuniqué la hoja de ruta: siempre hay que pensar en qué habría querido mi mamá.
Y lo mismo aplicaste para el libro…
Sí, cuando ya llega el momento de escribir el libro, yo era muy consciente. Ya tenía esa rabia. Y la frustración por los momentos en los que no se hizo lo que ella habría querido. En el libro decidí obviar algunas cosas, llegar otras hasta cierto límite, y en otras puede ser que me haya equivocado al contarlas. Puede ser que, si mi mamá volviera a la vida y lo leyera, dijera: ¿Pero por qué dijiste esto? Pero pienso que sí respeté el límite que ella misma hubiera puesto y, sobre todo, pensando en algo que la caracterizaba: hacer consciente a la gente de cosas.
¿Cómo es eso?
Me acuerdo de un hecho puntual. Varias de mis primas quedaron embarazadas siendo muy jovencitas, y a mi mamá eso le preocupaba muchísimo. Mi mamá era esa tía que decía cosas, como hay que poner a planificar a esta niña, hay que contarle cómo se hace para que no vaya a quedar embarazada otra vez. Tenía la valentía para para hablar de esos temas, y por eso este libro sigue ese mismo espíritu.
Aquí hay algo muy bello, porque el Alzhéimer es la disolución de la memoria sobre el pasado y los hechos, pero también sobre la identidad. Y ahora es la hija, Claudia, quien se vuelve el contenedor y el guardián de la memoria de su madre que ya no puede ser preservada desde la fuente.
Lo que pasa es que yo tengo un dolor que creo que me va a acompañar el resto de la vida. Y es que mi mamá y yo no alcanzamos a ser amigas. Sí. Mi mamá era una amiga fabulosa de sus amigos, pero conmigo era una relación muy compleja, en la que chocábamos, porque además las dos teníamos un carácter muy fuerte. Luego me volví su mamá de alguna manera, durante esos 13 años de enfermedad en que ella se fue muriendo lentamente. Este libro me permitió recomponer la relación con mi mamá en esos aspectos en los que no pudimos relacionarnos. Sí. Porque yo necesito a esa amiga. A mí siempre me hizo falta esa amiga. Yo no quería ser solamente esa hija que rendía, que era disciplinada, que le daba orgullo, sino que yo quería ser amiga. Y ella era muy fuerte y muy difícil. Ella sabía ser ese General que me estaba educando. Y yo sabía hacer esa hija que obedecía. Lo que busco ahora es ser amiga del recuerdo de mi mamá.
¿El libro ayudó a ordenar y resignificar esos recuerdos complejos?
Digo en el libro que me tocó tomar distancia de ella, porque me decía: no se enamore, no se enamore, no se enamore. Pues sí, me protegió, pero también me hizo daño, y tuve unos años de relaciones de pareja muy complicados, y eso se lo he dicho ahora como amiga. Ya no en forma de reproche.
¿Crees que después de la muerte de nuestros padres, todavía podemos volvernos amigos? Porque esta idea de que los padres son íntimos amigos de sus hijos es muy moderna.
Yo lo estoy viviendo, y a mí eso me está dando mucho beneficio, mucha paz, mucho amor.
No idealizándola, sino entendiéndola como uno entiende a los amigos y sigue siendo su amiga a pesar de que no comparta muchas cosas, y sigue queriéndolos, y sigue estando ahí en las buenas y en las malas. El vínculo con mi mamá era muy íntimo, pero yo, en mi inmadurez, en mi estar tan pensando solo en mí, no había visto a mi mamá de una manera integral, como una persona que respondía a una historia dura y muy distinta a la mía. No viví la pobreza que ella vivió, gracias a que tuve la mamá que tuve. No viví la violencia que ella vivió, gracias a que tuve la mamá que tuve. No viví la falta de oportunidades y la falta de educación que ella vivió. Yo le exigía. Pero no la veía en su en su contexto. Yo ahora la veo en su contexto y recuerdo incluso las cosas malas con el perdón que uno le profesa a sus amigos.
Annie Ernaux, la nobel francesa, en sus múltiples novelas autobiográficas, usa las competencias de hoy, los conocimientos de hoy y los recursos literarios de hoy, para darle sentido a lo que le pasó en la infancia, en la adolescencia, en la juventud. ¿Tú haces algo parecido, desde los recursos enormes de la Claudia de hoy?
Yo diría que son los lentes de la madurez. Ahora que estoy en perimenopausia, experimento muchas cosas y a una edad similar a cuando mi mamá tomó ciertas decisiones, digo: Qué triste no haber tenido la madurez, en su momento, para haber entendido los procesos que estaba viviendo mi mamá. Porque hoy, como mujer, entiendo la importancia de tener una red con la que uno se pueda comunicar, que lo apoye, que le dé información. Y, claro, mi mamá en esa época no tenía esa red. Y yo tampoco lo podía hacer, porque yo era muy niña. Hoy la veo desde los lentes de la madurez y que su vida fue realmente extraordinaria y excepcional.
¿Qué episodio de la vida de ella te resulta más significativo?
Tener la madurez de decir, esa noche que estaba siendo golpeada, humillada y expuesta ante todo el barrio en esa situación de violencia intrafamiliar, tan dura… Tener ella la sabiduría de decir “tomen sus libros y sus uniformes, que nos vamos”. Entendió que la familia se estaba rompiendo, y de la peor manera, pero la promesa que nos había hecho como madre, que era la mejor educación posible, no se estaba acabando.
Ella sabía perfectamente que su sueldo en la Aeronáutica no le alcanzaba para sacar a sus hijos adelante. Ella sabía que no teníamos una casa dónde ir a vivir. Estuvimos en un cuarto los cinco, en la casa de un tío, luego en la sala de la casita que ella le había hecho a los abuelos, pero ella misma con sus manos empezó a construir la casa donde luego vivimos y no se demoró 10 años. Al cabo de un año y medio, nosotros ya teníamos una casa propia mejor que la que antes teníamos. Ella fue superior. Ella fue excepcional. Lo vine a entender ya con el paso de los años y lo sigo entendiendo más cada día.
¿Cuál es la reacción que has tenido de los lectores?
Ha sido muy bonito, Paola, y te lo digo desde la perspectiva de haber escrito otros libros. Este de ahora toca las fibras de todo tipo de personas, porque sus papás están envejeciendo o porque sus papás ya están en enfermedad o sencillamente ninguna de las anteriores. Pero todos tenemos complejidades en relación con nuestros padres. Me escriben cosas como: Ahora tengo nuevas herramientas. Ahora entendí tal cosa. Ahora ya sé a quién acudir. Me ayudaste a llorar. Yo necesitaba llorar y tenía como un nudo. Gracias por contar esto con tanta generosidad y tanto respeto. Para un autor, y yo creo que tú lo entiendes muy bien, no tiene precio.
Has ido más allá del libro e inventaste un formato obra de un formato de recital. Cuéntanos de eso.
Mi primer libro, Te vas o te quedas, era mi primer pasito y me dejó con una convicción: el mundo no es como yo, no todo el mundo es esa persona que le gusta ir a librerías, que le gusta estar en silencio para leerlo, no todo el mundo tiene plata para comprar o el que sí tiene plata para comprar no tiene tiempo para leer. Yo dije, hay que hacer cosas diferentes. No puede ser solamente el formato del Libro. Porque a mí lo que me interesa de verdad es dar mensajes que tengan determinado impacto. Servirle a la gente.
¿Qué hiciste entonces?
Entonces con el segundo libro, Perdonar lo imperdonable, me inventé la conferencia. Para el tercer libro, que fue EmBrujas, que era sobre género, yo dije: tengo que hacer algo que le muestre a la gente que esto no es sólo de mujeres ni de feministas. Y ahí es que me invento la obra de teatro. Ahora, con ‘Hola mami’, la música fue lo que a mí me mantuvo conectada un poco más de tiempo con mi mamá, tomé clases de canto, me senté y escribí lo que quería decir, y me salió un recital que me tiene muy feliz.
En la parte final del libro hay una confesión muy íntima sobre la enfermedad y el desear que la madre muera. ¿Cómo rompiste el tabú de hablar de eso?
Yo me expongo para prestarle un servicio a la gente. Entonces, claro, cuando digo “Yo deseé la muerte de mi mamá”, lo digo porque siento que estoy prestando un servicio. Lo pongo en una columna. Lo pongo en un libro, porque me doy cuenta de que la gente necesita esa información, porque la gente está viviendo situaciones parecidas, en soledad, en miedo, en silencio. Y porque así es como yo concibo el periodismo, no como un chisme o un desahogo.
Hay mucha gente que tiene dificultad para nombrar el sentimiento. Seguramente muchos leemos esa parte y decimos “qué alivio, no soy el único”.
Es que me lo han dicho: No soy capaz de decírselo a mi hermano, no soy capaz de decírselo a mi papá. No soy capaz de decírselo, ni siquiera a mis amigos, porque creo que me van a juzgar. Simplemente lo dije, porque a mí me parece que hay cosas que. ¿por qué no se pueden hablar? Sí, como que si tengo más ese esa que te digo, yo tengo menos.
Simplemente tienes fe en la palabra.
También hay quien no entiende y me dice “usted me parecía chévere y me gustaba seguirla, pero yo no sabía que pensaba así”, y en estos días me dijeron “mononeuronal”. Pero en medio de toda mi carrera me ha ido enseñando que vale la pena mantener esa lucha por el valor de la palabra y el poder de la palabra, a pesar de las consecuencias que tenga, porque tengo el privilegio de tener una carrera, de tener un reconocimiento, de tener un montón de plataformas para hablar que hacen que yo lo pueda decir.
Frase
“Yo creo que hay una vocación de servicio en mí que es muy clara. Y que mi herramienta es la comunicación entonces, gracias a Dios, he tenido la versatilidad para entregar esa información con la que yo quiero servirle a la gente en diferentes formatos y que sean los más efectivos y tengan el mayor alcance posible”.
Datos
Claudia es periodista y magíster en género, actualmente es columnista y dirige su propia empresa de comunicaciones.
Ha sido directora, productora y reportera de medios como CNN en Español, Noticiero CM&, W Radio, City TV, Canal Capital, Blu Radio y Canal RCN.

Paola Guevara (Cali, Colombia). Escritora, periodista, editora y columnista de Opinión. Sus novelas 'Mi Padre y Otros Accidentes' (autobiográfica) y 'Horóscopo' (ficción), publicadas en español por Editorial Planeta y traducidas al italiano por Cento Autori, están en proceso de llegar al cine. Tras 21 años de destacada trayectoria en importantes medios de comunicación escritos nacionales y regionales, como Revista Cambio, Cromos, Casa Editorial El Tiempo o El País Cali, entre otros, desde el año 2022 es Directora de la Feria Internacional del Libro de Cali. Asesora en Protocolos de Familia, conferencista, gestora de proyectos editoriales y coach de escritura creativa, en la actualidad vive en Cali y escribe su tercera novela.









