Cultura
Los socios salseros que pese a los daños que sufrió su emblemático local en el Obrero, se unieron a la ola de solidaridad caleña
Tras el sismo del 10 de agosto, la emblemática salsoteca de fachada morada e identidad disruptiva silenció sus parlantes mes y medio por daños estructurales. Hoy, reabierta a media marcha, sus gestores y una red cultural demuestran que la salsa en Cali es un refugio de resiliencia colectiva.
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19 de oct de 2026, 02:46 p. m.
Actualizado el 19 de oct de 2026, 02:51 p. m.
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El 10 de agosto quedará marcado en Cali no solo por el sacudón de la tierra que dejó a una ciudad quebrada y en duelo, sino por la velocidad con que las manos dedicadas a muchas artes, cambiaron de golpe sus oficios por la acción comunitaria.
Juan Pablo Aponte y Lina Mariet Mazuera Gutiérrez, socios propietarios de La Esquina Caliente, vieron como este sitio emblemático de la salsa caleña, ubicado en la Cra. 10 #21-09, punto clave del circuito patrimonial del barrio Obrero, se resquebrajaba por dentro -grietas en las paredes, se vino abajo toda la cristalería (licores)- y la tragedia apagó de golpe su exigente programación de guaguancó, son montuno y pachanga, por consiguiente sus ingresos y los de sus empleados.
Ambos sufrieron afectaciones directas en sus viviendas en El Cedro y El Templete. No obstante, antes de evaluar los daños del local, y hacer cuentas de sus propias pérdidas, su prioridad fue otra, sumar manos a la remoción de escombros y a la ayuda solidaria. “Agradecerle a la vida y a Dios porque nuestras familias y amigos cercanos no resultaron afectados. Nuestra reacción fue salir con palas y picas a ayudar con nuestros amigos arquitectos que hicieron las primeras valoraciones de los daños”, cuenta Juan Pablo.


Al caer la noche del sismo, una red espontánea de amigos y artistas se articuló para verificar el estado de la comunidad. Acto seguido, armados con palas, picas y baldes provistos por la firma aliada de arquitectos Lineart, los socios se trasladaron a la novena con calle 44, pasando la noche removiendo escombros en tareas de rescate.
Se consolidó una impresionante alianza civil: La Esquina Caliente se convirtió en centro de acopio junto al Centro de Pensamiento Uramba, aunando esfuerzos con la Casa de los Títeres y su grupo El Pequeño Teatro de Muñecos, Lengua de Mariposa. el Hostal Epifanía y el Movimiento de Arrendatarios Los Comuneros (MalCom). Juntos despacharon camiones con alimentos y kits de aseo a zonas vulnerables de Cali, Yotoco, Buenaventura y Dagua. Y no cesan en su labor, ahora recolectan materiales para la reconstrucción.

Después de estar cerca de dos meses cerrada, la salsoteca reabrió hace unos 15 días, gracias a las valoraciones técnicas gratuitas de sus amigos arquitectos, porque aparte de Asobares que entregó, los primeros días después del sismo, mercados a los empleados, no han obtenido ninguna ayuda del gobierno y sienten el peso de las deudas, dadas las pérdidas. Y continúan dando la batalla.
Aunque la dinámica comercial avanza lento, sus puertas moradas y rojas —una ruptura deliberada con la estética predecible y nostálgica de las salsotecas de vieja escuela— vuelven a recibir a melómanos tradicionales y jóvenes atraídos por su mística de “fina bravura”.
Puertas adentro, el repertorio sigue siendo estricto y tradicional, distinguiéndose además por abrir un espacio vital a las mujeres DJs detrás de la consola, un matiz de renovación generacional y de género poco explorado en la escena local.



Hoy, entre botellas tradicionales de brandy y aguardiente a precios accesibles, los visitantes elogian su ambiente acogedor, en medio de un sector que ha recobrado el brillo de otras épocas.
El barrio Obrero, que en su renovación ha tomado un aire distinto, abraza a locales y visitantes en un ambiente cálido, que no pretende irrespetar la memoria, sino, al contrario, honrarla, devolviendo a cada caleño su esencia.
Así, La Esquina Caliente demuestra que su verdadero patrimonio no reside únicamente en los vinilos, verdaderas joyas para los salseros, sino en la inquebrantable alma solidaria, valerosa y resiliente de su gente, que al igual que muchos también necesita que su público regrese.
Isabel Peláez. Escribo, luego existo. Relatora de historias, sueños y personajes. Editora de cultura, entretenimiento y edición de contenidos digitales.
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