El afecto de Diego 'El Cigala' por Cali, una ciudad de amigos
Diego Ramón Jiménez Salazar, más conocido como 'El Cigala', recuerda que llegó a su primera presentación en Cali enfermo, pero logró cautivar al público con su voz. Recibió ayuda de su amigo Diego Pombo y su esposa.
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10 de may de 2015, 12:00 a. m.
Actualizado el 20 de abr de 2023, 02:02 a. m.
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Diego Ramón Jiménez Salazar, más conocido como 'El Cigala', recuerda que llegó a su primera presentación en Cali enfermo, pero logró cautivar al público con su voz. Recibió ayuda de su amigo Diego Pombo y su esposa.
[[nid:420248;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/05/cigala-y-diego-pombo.jpg;full;{Diego El Cigala y Diego Pombo, en un encuentro en el taller del artista caleño. El cantaor español y su esposa Amparo son muy amigos de la familia de Pombo. Foto: Especial para El País}]]
El cigala es un crustáceo decápodo marino comestible, de color rojizo claro y caparazón duro, semejante al cangrejo de río. Pero también es un cantaor flamenco, heredero de Camarón de la Isla, cuya voz guardaba gran similitud con la de él. Lea también: Diego El Cigala habla sobre su trayectoria y de su nueva visita a Cali
Diego Ramón Jiménez Salazar creció en el barrio del Rastro, en Madrid. Lo de El Cigala me lo pusieron los hermanos Losada, porque decían que me movía más que los precios, de aquí pallá, dice él. Su madre, Aurora Salazar Motos, hermana del cantaor flamenco Rafael Farina, no se dedicó al cante, pero bien que lo hacía. Su padre, andaluz, José de Córdoba, se ganó la vida en los tablaos.
Por algo a sus escasos 12 años, Diego recibió el Premio a Mejor Cantaor de Getafe y el Concurso de TVE Gente Joven. No tardó en cantar para el baile, solicitado por artistas grandes como Cristóbal Reyes, Mario Maya, Manolete, Farruco, Manuel Camacho o El Güito. Músicos como Camarón, Tomatito, Gerardo Núñez o Vicente Amigo reclamaron pronto su colaboración.
Cuando la película Calle 54 estaba en proceso de montaje, Diego, ante la imagen de Bebo Valdés, pianista de jazz afrocubano, tocando Lágrimas Negras, entró en trance y soñó despierto con un encuentro con él. Este se cumplió cuando cantó Amar y vivir, de Consuelo Velásquez: Porque no han de saber, que yo te amo vida mía..., que grabó con Bebo para el disco Corren tiempos de alegría.
El director Fernando Trueba aún recuerda la emoción de aquella mañana de domingo en que Bebo y Diego grabaron juntos por primera vez. Lloró hasta el apuntador, cuenta quien más tarde se convirtió en cómplice del nuevo encuentro entre los dos artistas.
Tú me quieres dejar, yo no quiero sufrir, contigo me voy mi santa, aunque me cueste morir, cantaron Cigala y Valdés la canción Lágrimas Negras frente al público del Gusman Theatre de Miami. Y al otro día, la prensa catalogó al pianista de Clásico vivo de la música cubana y al cantaor como El Sinatra del flamenco.
En 2003 Lágrimas negras pasó de ser un proyecto íntimo a un boom que superó las fronteras. El disco se instaló en las listas de ventas durante los años siguientes y hasta el afilado crítico del New York Times, Ben Ratliff, lo señaló como el Álbum del Año. Numerosos premios, entre los que se destacan dos Grammy y cinco nominaciones a los Grammy Latinos le dieron su aval.
Con producciones como Undebel, Entre Vareta y Canasta, Corren Tiempos de Alegría, Lágrimas Negras, Picasso en mis Ojos, Dos Lágrimas, Cigala & Tango, El Cigala se abrió camino como cantaor.
El artista Diego Pombo recuerda que cuando murió Camarón de la Isla, pensó que después de él, en el flamenco no quedaba nadie. Yo estaba en España y veo un programa de televisión y sale Tomatito con un peludo que cantaba maravilloso y me explicaron que era El Cigala. Después salió la producción de él con Bebo y ganó Grammy. Pero fue hasta que lo trajimos a un Ajazzgo, en 2011, que hicimos una empatía cheverísima. Nos fuimos para el estudio. Nos la pasamos hablando de música. Y nos volvimos muy buenos amigos. Al año siguiente volvió, cuenta el escultor de La Jovita.
Después que Pombo hiciera la carátula de Romance de la Luna Tucumana, él y El Cigala coincidieron en Barcelona. Me llevé a los amigos y comimos con los músicos y con él, cuenta. Luego Pombo se fue con su esposa Beatriz y su hija María a Italia y nunca olvidará que su tocayo todos los días los llamaba a preguntarles cómo les estaba yendo. Muchos amigos no son así.
Este último también fue testigo del primer encuentro del cantaor con el público caleño, en un concierto en el Teatro Municipal Enrique Buenaventura, en 2011, en Ajazzgo, que no tuvo muy buen comienzo. El artista llegó una hora tarde al teatro. Estaba sin voz, insolado, se había quedado bajo el sol en Barranquilla o Santa Marta y cuando venía para Cali en un carro blindado que le habían puesto, se pinchó, rememora Pombo.
La gente se levantó de sus sillas, a silbar y a protestar porque no llegaba el artista. Los músicos comenzaron a tocar algunos temas sin él, descargando, improvisando, durante media hora, pero se les acabó el repertorio, se valieron de la percusión y se pusieron a bailar, ante la mirada atónita de los espectadores.
Y al fin, como es su costumbre, El Cigala salió cantando desde el camerino, gracias a la ayuda de Beatriz Monsalve y su esposo Diego Pombo: Conseguimos un acupunturista y un babalao cubano para que le untara menjurjes y le hiciera rezos, porque estaba con el Cristo de espaldas. ¡Y la presentación salió!.
Pese al descontento inicial, El Cigala conquistó a los caleños con lo que los payos (los que no pertenecemos a la raza gitana) llamaríamos carisma, y los gitanos, duende. Su concierto se prolongó dos horas y terminó casi a la medianoche.
Un tipo bohemio, chévere, supremamente sensible, que llora muy fácil delante de quien sea, incluso de otro hombre, así lo describe la familia Pombo. Diego y Beatriz fueron testigos de cómo Amparo, esposa de El Cigala, su musa y mánager, vivía pendiente de él. Ambos fuman mucho y en el Teatro Municipal tuvieron que prohibirles fumar tras bambalinas, por ser una zona de riesgo de incendio.
La pareja de artistas residentes en Cali se lo llevó al restaurante Carambolo en esa ocasión. La anfitriona, Lola Serna, le preparó una cena y le llevó bailarines de salsa. También estuvo en El Quijote y en Platillos Voladores degustando la gastronomía. El Cigala dice que de la gastronomía colombiana ama el ajíaco, que aclara sus cuerdas vocales.
Pero lo que más destacan sus amigos es que es un artista de los pies a la cabeza, está todo el tiempo en función de crear, construir, fusionar, alrededor de la música, como dice Beatriz Monsalve.
Salvo sus amuletos de oro, sus anillos, sus cadenas, sus accesorios de gitano, El Cigala es un tipo sencillo y amoroso con sus hermanos, su madre, su esposa y sus hijos, y un creyente. Suele soltar siempre la frase: Sin Dios no hay na. Esa fe lo ha llevado a sobrellevar los problemas del corazón que sufre su pequeño Rafael con la entereza y el amor de padre.
Esa ternura paternal lo llevó a hacer la voz de Buzz Lightyear en la versión en castellano de Toy Story 3, en 2010. Robot al que le dio aires andaluces y flamencos, y participó en la canción que acompaña los créditos del filme animado.
Una polémica actuación[[nid:420250;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/05/cigala-y-su_hijo.jpg;left;{El cantante Diego El Cigala y su hijo Rafaelito. Foto: Especial para El País}]]
La reciente actuación de Diego El Cigala en San Juan de Puerto Rico desató críticas por parte de algunos medios, como El Nuevo Día, que aseguró que el español ofreció un espectáculo bochornoso. La informalidad del cantaor rayó en el irrespeto para un público que llenó el lugar y que lo fue abandonando de a poco ante la actitud que mostró el artista, quien no dejó de ingerir alcohol en toda la noche y en pleno show, señaló el diario.
Sus ademanes, movimientos erráticos y muecas le provocaban risa a la gente, agregó la publicación sobre el espectáculo Profundo, ofrecido en la Sala Sinfónica del Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré en días pasados. Y aseguró que era tan obvio su estado que cuando subió a cantar con él el salsero Andy Montañez, en lo que fue uno de los pocos momentos de disfrute de la noche, bromeó con el tema de la bebida... Tosió frecuentemente entre sus interpretaciones y realizó movimientos guturales para despejar su garganta y sistema respiratorio. Decepción total. Falta de coordinación con el sonido. Un artista lejano del público, que admitió no haber estado presente en las pruebas. Improvisación total. Público disgustado", escribió en la página de Facebook del cantante, Leticia Rivera Soto, una asistente al concierto. Por su parte, El Cigala, respondió en su cuenta de Twitter un día después: Nunca comento las críticas negativas porque defiendo el derecho de los profesionales a no estar de acuerdo con mi propuesta artística, pero cuando una periodista falta a la verdad prefiero aclararlo. El 1 de mayo, al salir al escenario en mi concierto en San Juan, Puerto Rico, se me rompió el pinganillo (intrauricular). En el primer tema me acerqué a la mesa de sonido a que me pusieran uno provisional, y en los siguientes tuve que salir de la tarima a que me lo arreglaran. Estuve tres horas en el escenario dando lo mejor de mí, ya que durante la primera hora no estuve a gusto por los problemas técnicos. Conecté con el público y pude disfrutar del resto de la noche. Pero fue más allá: Bebí el ron que bebo en todos los conciertos, ni una copa más ni una copa menos y eso no influyó lo más mínimo en mi actuación. Agradezco las críticas positivas del concierto, los comentarios en las redes sociales de la gente que asistió al evento y discrepa con esa opinión y supo disfrutar del concierto a pesar de los problemas iniciales. Lamento que la periodista Patricia Vargas Casiano se quedase en mis movimientos erráticos, las copas que me tomé y si me aclaraba la garganta (perdone usted por hacerlo para poder cantar) y no disfrutase de mi música que es lo que yo presento en el escenario para mi público al que tanto respeto.
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