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Marleyda Soto: así llegó la maestra y actriz caleña a ser Úrsula Iguarán, en la serie del año de Netflix, Cien Años de Soledad

En agosto llega la segunda temporada de esta serie. Hablamos con la matrona de los Buendía. La hija del barrio Bonilla Aragón de Cali y de Vijes, nos confesó que cada que lee un guion escucha música en su cabeza. La maestra y actriz, de Univalle, creó a la matrona de la novela de Gabo con los recuerdos de muchas Úrsulas. Nunca soñó con el cine, pero el teatro la llevó a este.

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Marleyda Soto es Úrsula Iguarán en Cien Años de Soledad, en la primera y segunda temporada de la serie en Netflix
Marleyda Soto es Úrsula Iguarán en Cien Años de Soledad, en la primera y segunda temporada de la serie en Netflix. | Foto: Netflix

14 de jun de 2026, 08:12 p. m.

Actualizado el 14 de jun de 2026, 08:12 p. m.

“Y mirá que parece una bobada, pero yo siempre me presento con mi apellido, yo digo ‘mucho gusto, Marleyda Soto’, no soy capaz de decirlo separado. Mi nombre me conecta con esa historia y ese destino, y mi apellido me conecta con el linaje familiar”.

Hija de Carmen, “alma bendita de Dios, ya está en el cielo de las mamás”, y de William, quien vive en Vijes, “está feliz en el pueblo, trabajando, cuidando sus plantas que tanto ama y comiendo manjar blanco que tanto le gusta. ¿Sabías que mi papá y yo nacimos en la misma casa?“ (Sonríe).

¿Qué recuerdos de su niñez en Vijes moldearon la sensibilidad con la que construye sus personajes?

Mirá que yo nací en Vijes pero mis papás se mudaron para Cali cuando yo era muy chiquita, casi como de 2 años, así que los recuerdos de mi infancia ligados al pueblo están más relacionados con las visitas a la casa de mis abuelos paternos y maternos en la época de vacaciones de la escuela o en pequeñas visitas familiares.

En la casa de los abuelos paternos, del papito Gallo y la mamita Gallina (como les decíamos cariñosamente no sólo nosotros sino todo el pueblo), pasábamos temporadas largas. Mi papito Gallo era un apasionado de la música de la Sonora Matancera, de los boleros; y mi papá y mis tíos paternos siempre han sido unos grandes bailadores y conocedores de la música de colección, amantes de las grandes orquestas como la Billo’s Caracas Boys, el Sexteto Juventud, la Fania All-Stars, la música tropical, mejor dicho… esta inmersión sonora con agrupaciones tan importantes y con la maestría de grandes intérpretes me afinó el gusto y el oído desde pequeña, nutrió mi sensibilidad y capacidad de conectar con lo interpretativo desde el lenguaje musical.

Mirá por ejemplo que cuando leo una obra o un guión no puedo dejar de escuchar música en mi cabeza. Me llega automáticamente, es como si leyera la historia al mismo tiempo en letras y en melodías. Como si mi cerebro hiciera una selección de mi repertorio musical y encontrara la canción o la melodía que dialoga con lo que está ocurriendo con la situación o con el personaje, como si emergiera la banda sonora.

En La Tierra y la Sombra. por ejemplo, cuando leí la escena en que Gerardo ya comienza a agonizar, se instaló en mi cabeza “La llorona” de Chavela Vargas, esa canción me acompañó todo el tiempo hasta que Gerardo muere. La voz ronca de Chavela, la letra desgarrada, la música…todo para mí era como la escena hecha música. Lo curioso es que yo no lo busco, ocurre naturalmente, y luego esa música me acompaña durante todo el proceso creativo. Es muy bello. ¡Podría sacar un cd por cada película que he hecho! Jajaja.

Premios Platino.
Las grabaciones de la segunda parte de Cien años de soledad, que están en su recta final, sufrieron algunas modificaciones para permitir que Claudio Cataño, así como una importante comitiva de actores y productores de la serie asistiera a la ceremonia. | Foto: Premios Platino / El País

¿Y Cali cómo moldeó su fuerza interpretativa?

En Cali yo crecí en el barrio Bonilla Aragón en el Distrito de Aguablanca, nosotros llegamos cuando yo tenía como 6 años y esa parte de la ciudad apenas estaba surgiendo, había muchos ranchitos, no teníamos agua potable, teníamos que ir a las fincas a que nos la regalaran o esperar a que pasara el carro-tanque para llenar los tarros. Había muchas carencias, ¡pero éramos tan felices! Para mí fue la oportunidad de mirar y conectar con el mundo tal cual era, sin filtros, con todos sus matices.

Creo que las particularidades del entorno y las situaciones cotidianas que vivíamos día a día, agudizaron mi capacidad de observación, y en el mundo interpretativo es una cualidad determinante para construir personajes. Sin saberlo y sin querer acumulé un archivo de imágenes, sonidos, sensaciones, momentos, colores, texturas, recuerdos que fueron fundantes para mi imaginación creadora como actriz.

¿Cómo descubrió su vocación?

¡Ufff…! Ese momento lo tengo clarito! El tiempo nos arrebata los recuerdos…pero ese momento no me lo ha podido quitar! Yo tenía como 5 años y en ese momento vivíamos en el barrio El Poblado (después como al año fue que nos fuimos para Bonilla Aragón).

Y recuerdo que en la cuadra sólo una casa tenía televisor. Allí iban todos los vecinos a ver la novela. Ese día estaban todos viendo una novela, y recuerdo que nadie hablaba, sólo se escuchaban las voces de los actores. En un momento yo dejo de mirar el televisor y me concentro en los vecinos, y los veo a todos concentrados en la pantalla, con los ojos aguados, inmóviles, absortos con lo que pasaba en esa cajita. Miré los vecinos…miré la pantalla y entendí que ahí estaba pasando algo que yo no sabía cómo se llamaba, pero que fuera como fuera…era magia. Porque si no, ¿cómo era posible que todos esos adultos estuvieran ahí llorando… y todos al mismo tiempo… y que estuvieran tan quietos? Le pregunté pasito a mi mamá que cómo se llamaba eso que estaban haciendo en la cajita, y ella me habló bajito y me dijo “…teatro”, luego se puso el dedo en la boca y me hizo“shhh”. En ese momento supe que quería hacer magia, que quería hacer que el mundo se detuviera, y que las gentes lloraran cuando me vieran haciendo eso que se llamaba teatro.

Cien años de soledad: Segunda parte | Avance oficial | Netflix

¿En qué influyó el entorno de su barrio en Cali en su decisión de inclinarse hacia un arte con tanto compromiso y fuerza dramática?

¡En todo! Como te conté al principio las particularidades del barrio emergente con todos sus retos y desafíos fueron determinantes para moldear mi espíritu creativo. Creo que el estigma que cargamos durante tantos años por vivir en el Distrito de Aguablanca, no hizo más que forjar personas resilientes, solidarias, creativas y empáticas.

Yo vi eso en mi familia, lo vi en mis vecinos y en mis amigos de barrio, y entre todos los caminos que podían existir para predicar esa credo que yo conocía, escogí el teatro. En parte por mi propia serendipia, por lo que descubrí tan chiquita en una sala con un televisor y adultos llorando, pero en parte también porque a mi lado supieron estar los adultos correctos que supieron sostener y empujar esa vocación naciente.

A Bonilla Aragón llegaron unos chicos a dar talleres de teatro a los niños no recuerdo el nombre de los chicos, ni el grupo, pero me sostengo hasta el día de hoy que tuvo que haber sido el Teatro Esquina Latina…¿quién más se iba a interesar por esos niños de esa barrio que quedaba al final de Cali y que no le importaba a nadie?. Esos chicos no sólo nos alimentaron el cuerpo, porque nos daban colada de bienestarina, nos alimentaron el alma…nos enseñaron que un lote pelado podía convertirse en el teatro más bello del mundo, y que podíamos ser quienes quisiéramos ser con sólo imaginarlo. Ellos me abrieron el portal del asombro y yo crucé… ¡desde ese día estoy al otro lado!

Marleyda Soto en Cien Años de Soledad.
Marleyda Soto en Cien Años de Soledad. | Foto: Mauro González A. / Netflix

Es Cali una cantera de talentos artísticos y cinematográficos, ¿cómo puede dar fe de ello, como docente y actriz?

Sí, tenés razón en todo lo que decís! Cali ha sido históricamente un territorio fértil para la creación artística. Nuestro pasaporte cultural está pintado de música, danza, pintura, teatro, cine. Tenemos artistas locales y embajadores regados por todo el mundo demostrando la amplia y variada riqueza cultural que hay en nuestra ciudad.

Como artista de la ciudad he podido comprobar que en nuestro gremio artístico existe una enorme capacidad creativa; los artistas locales tenemos una sensibilidad particular para narrar y contar nuestras historias y una profunda vocación por el arte, incluso en contextos marcados por dificultades sociales y económicas. Muchos de nuestros creadores han logrado destacarse a nivel nacional e internacional, no solo por la grandeza de su talento, sino también por su capacidad de transformar las experiencias de su territorio en propuestas artísticas con identidad propia.

Y algo que me parece importante mencionar, es que no se puede hablar del crecimiento artístico de la ciudad sin hablar de la importancia que han tenido instituciones como la Universidad del Valle, Bellas Artes y el IPC, espacios que han contribuido a consolidar procesos de gran calidad y a abrir oportunidades para jóvenes creadores. Por sus aulas han pasado grandes maestros, artistas notables, semilleros de investigación y creación, experiencias transformadoras que han inspirado e impulsado el talento local.

En mi caso, como docente, cada vez que encuentro en mis estudiantes una mirada sensible, una pregunta poderosa o una necesidad genuina de crear y existir a través del teatro, confirmo que esa cantera más que viva está ardiendo a fuego vivo!! Y como artista, me siento profundamente agradecida de haber crecido y formado parte de ella.

“Sobre el teatro… mis maestros… Univalle”

El teatro, para Marleyda, más que una profesión, ha sido su forma de relacionarse con el mundo. Cuenta que le ha dado amigos, aprendizajes, la oportunidad de viajar, de contar historias capaces de conmover un público. Es un espacio de encuentro místico y a la vez profundamente humano que la sigue asombrando, aún después de tantos años de recorrido artístico.

¿El cine? Llegó a ella de manera accidental, “mis sueños de muchacha eran ser actriz de teatro y profesora. Si lograba ser parte de una compañía de teatro o crear mi grupo, y encima de eso enseñar, ya había cumplido mis sueños, estaba completa. Pero el destino, quizás el marcado por mi nombre, como profetizaron mis padres, me tenía ese guardado”.

Cuando se dio cuenta, ya estaba en una pantalla gigante, dándole la vuelta al mundo, participando en grandes festivales junto a estrellas de gran renombre. “El cine enriqueció mi mirada artística, me enseñó otro lenguaje que desconocía. Para mi vida, hoy en día, teatro y cine son dos experiencias indisolubles”.

¿Y la docencia, profe Marleyda? “Es mi vida. Soy actriz de formación y maestra de vocación”, responde. No en vano, gran parte de su trabajo ha estado vinculado a la formación teatral: al acompañamiento de actores y estudiantes, a la exploración de la voz, la interpretación y las posibilidades pedagógicas del arte.

“No concibo mi vida sin el encuentro con los estudiantes, que me han enseñado tanto o más que cualquier escenario o set. Enseñar me obliga a permanecer en movimiento, a seguir investigando, a revisar mis propias certezas y a mantener viva la capacidad de asombro. Y no sé si sabés... pero hace 20 años soy maestra de bebés, hago teatro con bebés desde los 4 meses hasta los 4 años, es toda una aventura”.

En la serie Marleyda Soto Ríos representará a Úrsula Iguarán y Diego Vásquez a José Arcadio Buendía.
En la serie Marleyda Soto Ríos representará a Úrsula Iguarán y Diego Vásquez a José Arcadio Buendía. | Foto: Netflix

¿Quiénes fueron sus maestros y qué forjaron en su espíritu y formación artística?

Ay Isabel…¿qué sería de mi vida sin mis maestros? Yo la verdad no lo sé. Lo que sí sé es que tengo una gratitud infinita hacia ellos y que gran parte de lo que soy como artista, investigadora, maestra y ser humano se lo debo a ellos que han sabido sostenerme y guiarme en distintos momentos de mi vida, me enseñaron a mirar, a pensar, a crear y a creer en mí misma.

He sido discípula de Alejandro González Puche, Ma Zhenghong, Gabriel Uribe, Douglas Salomón, Everett Dixon, Armando Collazos, Mauricio Dominici, Alberto Ocampo, Hernando Reyes, Jorge Vanegas…tanto maestro, Isabel… que me da hasta vergüenza no nombrarlos a todos…de su mano aprendí no sólo las técnicas y herramientas para la interpretación, sino la pasión, el rigor, la disciplina, la ética y el respeto por el oficio.

También han sido maestros mis colegas, mis estudiantes, las comunidades con las que he trabajado, las maestras de primera infancia que generosamente compartieron conmigo sus experiencias, e incluso los bebés y niños que han sido parte de mis investigaciones y procesos creativos. Cada uno me ha enseñado algo valioso sobre la escucha, la presencia, la sensibilidad y la condición humana. Mi historia está tejida por muchas manos generosas que me acompañaron, me inspiraron y me ayudaron a encontrar mi propio camino. Si algo he intentado hacer a través de la interpretación y la docencia, es honrar ese legado y compartir con otros una parte de todo lo que ellos me regalaron.

La serie 'Cien años de soledad' se llevó la mayoría de los premios durante la edición 41 de los Premios India Catalina.
La serie 'Cien años de soledad' se llevó la mayoría de los premios durante la edición 41 de los Premios India Catalina. | Foto: Cortesía Ficci

¿De qué manera nutre su carrera el hecho de seguir vinculada a la Universidad del Valle como docente desde el año 2012?

Mirá que mi vínculo con la Universidad del Valle ha sido una de las experiencias más significativas y enriquecedoras de mi vida. Llegué a ella como estudiante en el año 97 y, desde 2012, he tenido el privilegio de regresar cada semestre como maestra.

Ese tránsito entre haber sido alumna del programa y ahora colega de mis maestros no deja de asombrarme y conmoverme, y creo que es lo que ha hecho que mi relación sea especial con la universidad. El contacto con los estudiantes, sus preguntas, sus inquietudes, sus búsquedas artísticas y sus maneras de comprender el mundo me desafían constantemente, me motivan a seguir estudiando, investigando y creando. Acompañarlos y aprender junto a ellos es un privilegio inmenso y una fuente constante de aprendizaje.

Y ni qué decir de lo que para mí significa compartir espacios académicos con quienes fueron mis maestros. Maestros a los admiraba (admiro) profundamente, de quienes aprendí no solo conocimientos y herramientas de mi oficio, sino también otras maneras de comprender el arte, la enseñanza y la vida. Cada vez que comparto una reunión o un proyecto con ellos, no puedo evitar sentirme como la estudiante que fui, me cuesta colocarme de igual a igual… lejos de abrumarme, lo siento bonito, es una profunda gratitud por el camino recorrido y una manera de reconocer mis orígenes.

Ahora por las grabaciones llevo casi 3 años sin poder dar clase, no sabés cómo me talla el alma, pero espero estar pronto de vuelta.

¿Qué le diría hoy a los jóvenes de las escuelas de teatro de la región que ven en su trayectoria un espejo y una inspiración a seguir?

Ay, Isabel por Dios, te digo que esta pregunta me sonroja… porque durante muchos años fui yo quien miraba con admiración las trayectorias de otros artistas, tratando de imaginar si algún día podría recorrer un camino parecido y llegar a ser tan grande como ellos. Por eso me cuesta pensar en mi propia experiencia como un modelo a seguir. La vivo más bien como una historia de amor por el teatro, de trabajo constante, de aprendizajes, de búsquedas y también de muchos desafíos.

Sin embargo si tuviera que dar un consejo, con toda la responsabilidad que eso implica, me atrevería a decirles que confíen en sus procesos y que comprendan que una trayectoria artística no se construye de un día para otro. Vivimos en una época que suele valorar los resultados inmediatos, donde se privilegia la imagen, los likes y la cantidad de seguidores, pero el arte nos enseña otra temporalidad: la del estudio, la disciplina, la paciencia y la persistencia.

También les diría que cultiven la curiosidad. Hay que leer, investigar, ver teatro, ir a cine, ópera, ballet, exposiciones, escuchar música bonita, vivir experiencias que alimenten el espíritu creativo. Cuando era estudiante la pregunta obligada de mis maestros en Univalle un lunes a primera hora del día era: ¿Qué vieron este fin de semana?. Los artistas tenemos la responsabilidad de ampliar constantemente nuestra sensibilidad.

¿Cuál de las obras de Gabo le gustaría interpretar en teatro, distinta a esta que ahora la ocupa como actriz?

¡Todas! Jajaja. La serie me hizo sumergir en la literatura de Gabo y me reencontré con personajes femeninos que ya conocía y con otros que no sabía que existían. Pero todas fuertes, contradictorias, sensibles, rebeldes, capaces de transformar el destino de quienes las rodean.

A mí por ejemplo. me gusta mucho la esposa del coronel en “El coronel no tiene quien le escriba”. No tiene nombre en la novela y sin embargo sostiene buena parte de la tensión dramática de la historia. Es una mujer pragmática, lúcida, ferozmente consciente de la pobreza que viven, y al mismo tiempo profundamente leal. Me sabe la boca a ese texto con el que cierra la novela cuando ella le pregunta al Coronel: -¿Dime qué comemos?,y él le contesta: -¡Mierda!

(Yo sé que eso no lo podés poner, porque nos censuran el eufemismo pero sólo quería que lo supieras! Jajaja). Quizás algún día la haga en teatro!

“Sobre el cine en mi vida”…

¿Qué peso tienen en su carrera películas de cine de autor tan profundas como La Tierra y la Sombra, Oscuro Animal y Los Silencios?

Mirá que estas películas ocupan un lugar muy especial en mi trayectoria porque representan una manera de entender y hacer el cine con el que me siento profundamente identificada. Son obras que confían en la inteligencia y la sensibilidad del espectador, que se atreven a explorar la complejidad de los personajes cotidianos y que abordan temáticas muy complejas de nuestro país desde una mirada poética y comprometida.

Además, existe un hilo muy poderoso que las conecta. Aunque son películas muy distintas entre sí, las tres dialogan con algunas de las heridas más profundas de nuestra historia reciente: el conflicto armado, el desplazamiento, la pérdida, la memoria y las múltiples formas en que las personas intentan reconstruir su vida después de la violencia. Son historias habitadas por personajes que resisten, que recuerdan, que buscan un lugar al cual pertenecer y que luchan por preservar su humanidad en medio de circunstancias muy difíciles.

arleyda Soto, en La Tierra y la Sombra es Esperanza, esposa de Gerardo y madre de Manuel.Eje de resistencia y lucha: Lucha incansablemente por salvar a los suyos en medio de un entorno devastado y asfixiado por los monocultivos de la caña de azúcar en el Valle del Cauca. La película ganó Cámara de Oro en el Festival de Cannes en 2015.
Marleyda Soto, en La Tierra y la Sombra es Esperanza, esposa de Gerardo y madre de Manuel.Eje de resistencia y lucha: Lucha incansablemente por salvar a los suyos en medio de un entorno devastado y asfixiado por los monocultivos de la caña de azúcar en el Valle del Cauca. La película ganó Cámara de Oro en el Festival de Cannes en 2015. | Foto: Especial para El País

La tierra y la sombra está atravesada por el arraigo a una tierra amenazada, el despojo y la imposibilidad de regresar a un pasado que ya no existe, Oscuro animal sigue el viaje de tres mujeres que huyen de la violencia rural y del desplazamiento forzado y Los silencios explora las secuelas emocionales de la guerra, la desaparición, el duelo y la convivencia entre memoria y ausencia.

Sin proponérmelo, fui embajadora de un cine profundamente comprometido con la memoria, con las historias de quienes han sido silenciados y con las realidades que muchas veces permanecen invisibles.Y creo que el cine de autor tiene precisamente esa virtud, la capacidad de abrir espacios para la reflexión, la memoria y la empatía. Por eso valoro enormemente haber participado en obras que no solo buscaron construir una experiencia estética, sino también generar preguntas sobre nuestra condición humana, nuestras relaciones y las realidades sociales que nos atraviesan.

Y bueno, si a todo esto le sumamos el privilegio de haber sido dirigida por César Acevedo, Felipe Guerrero y Beatriz Seigner, ni se diga! Aquí yo podría seguir…! Jajaja

¿Qué significó para usted recibir el premio India Catalina en 2025 como Mejor Actriz Protagónica? ¿Los premios y el reconocimiento internacional cambian en algo la forma en que elige sus proyectos o su visión sobre el oficio actoral?

Ahhh esa noche!! Cómo olvidarla por Dios! Uno de los momentos más emotivos de mi vida! Además porque de verdad no esperaba que pudiera obtenerlo, las actrices que estaban nominadas junto a mí, mujeres increíbles y talentosas a quienes admiro profundamente y con unas trayectorias increíbles, tenían todos los méritos para recibirlo. Yo era la recién llegada, la muchacha de teatro, la profesora, así que las posibilidades eran muy reducidas. Pero cuando dijeron mi nombre, no lo pude creer, fue una emoción tan inmensa que no pude aguantarme y me puse a llorar.

Más allá de la alegría personal, sentí que ese reconocimiento también celebraba un camino construido durante muchos años de trabajo, formación, perseverancia y amor por el oficio. Mientras subía las escaleras para recogerlo se me vino la vida encima, pensé en la niña de 5 años frente al televisor, en los juegos de teatro en el lote pelado, en mi familia, en mis maestros, en mis colegas, en mis amigos…en mis estudiantes…quería decir tantas cosas en el discurso de aceptación pero la cabeza se me nubló completamente por la emoción y los nervios.

Yo sólo me acuerdo que cuando me bajé del escenario angustiada entre lágrimas le pregunté a Diego Vásquez: “¿Diego, yo le agradecí a mis estudiantes?, decíme que sí, decíme que yo los nombré”. Me dijo que si y tuve paz. Yo necesitaba que ellos lo supieran, que parada ahí pudieran ver que algún día yo también fui estudiante, y que sus sueños, tan grandes como los míos, nos podían llevar a cualquier lugar. Me acuerdo y me emociono…porque además el reconocimiento llegó de la mano de un proyecto profundamente significativo como lo fue Cien años de soledad. Haber tenido el privilegio de interpretar a Úrsula Iguarán ya representaba uno de los mayores regalos de mi vida artística; recibir además un reconocimiento por ese trabajo ya era demasiado.

Y sobre lo que me preguntás de si los premios han transformado mi perspectiva, mirá que no. Los premios tienen un valor simbólico que agradezco profundamente, pero no han transformado en absoluto mi visión del arte, ni los criterios con los que elijo mis proyectos, ni la manera en que entiendo mi oficio, ni la forma en que me relaciono con mis amigos, mis estudiantes, mis colegas, nada, yo sigo siendo la misma que hacía cola en La central! (La Central es la cafetería donde almuerzan los estudiantes de la Univalle, y son unas colas de casi 1 hora y media para poder comer! Jajaja).

Lo que sigue interesándome son las historias que me desafían, que me permiten crecer como ser humano y que dialogan de manera significativa con la condición humana y con las realidades de nuestro tiempo. Por lo demás, la vida sigue, así, tal cual como la conozco.

Marleyda Soto en Cien Años de Soledad.
Marleyda Soto en Cien Años de Soledad. | Foto: Mauro González A. / Netflix

Cien Años de Soledad

¿Cómo fue la evolución actoral que vivió desde su debut como la Viuda de Medina en Perro come perro hasta llegar al universo de Macondo?

Cuando pienso en ese recorrido, siento que más que una evolución lineal ha sido un largo proceso de aprendizaje y transformación. Y perdonáme la vida, yo sé que habíamos hablado de cortar las respuestas, pero yo no me puedo callar esta anécdota, Jajaja, la Viuda de Medina en Perro come perro fue mi primera experiencia cinematográfica …pero reíte… ese personaje duró exactamente 10 segundos en escena. Y lo peor, yo estaba dándolo todo, llorando a mares en mi escenita del entierro, gritando como si me estuvieran arrancando las entrañas, y viene Carlos Moreno y me dice así con tono solemne: “Uff…bacano Marleyda, chévere ahí toda la entrega…y la emoción…el método…pero ve yo no estoy viendo… ¡la cámara está detrás de vos!”. Yo dignamente me sequé las lágrimas, me soné los mocos y le dije: “No, es que así nos han enseñado en la universidad”. Jajaja, jajaja.

Mirá toda el agua que ha corrido, entonces no podía ni siquiera imaginar todo lo que vendría después. Tantas historias que estaban esperando por ser contadas, tantos personajes esperando que yo les diera voz y rostro.

Por eso siento que llegar al universo de Macondo no fue solamente alcanzar un personaje importante, sino encontrarme con una oportunidad que ya venía recogiendo muchos de los aprendizajes acumulados durante años. Úrsula Iguarán exigía experiencia, sensibilidad, rigor, intuición y una profunda comprensión de la complejidad humana y esas cualidades no aparecen de la nada, se construyen con el tiempo y con la experiencia.

Lo más bonito es pensar es que entra la Viuda de Medina y la fundadora de Macondo existe un mismo hilo: el rigor por el oficio y el deseo de contar historias profundamente humanas. La única diferencia es que ahora tengo más años y quizás eso me ayude un poco a entender más la vida.

¿Cómo fue el proceso de audición y el camino que recorrió para ganarse el papel de Úrsula Iguarán en una producción de la magnitud de Cien años de soledad?

Pero ante la insistencia ya dudé y me hizo pensar como que la cosa si era verdad! Jajaja. Hice 3 audiciones, una primera que fue virtual, luego Eva y Yolanda, las jefes de casting españolas vinieron a Cali y tuvimos una prueba más; y finalmente una tercera prueba en Bogotá junto a Diego Vásquez.

Cada prueba fue increíble, pero esa tercera fue maravillosa! Diego y yo tuvimos una química inmediata con sólo vernos, parecía que nos conocíamos de toda la vida! Qué camaradería, qué colegajes y que complicidad en el juego! Yo no podía creer que estuviera actuando con uno de los mejores actores de nuestro país …ese día lloramos, reímos, conspiramos, desnudamos nuestros miedos por lo que significaba eso en lo que estábamos metidos, y finalmente concluimos que lo más bello que nos podía pasar ya estaba ocurriendo…se nos había concedido el enorme privilegio de ser los fundadores de Macondo por tan sólo unos minutos.

Nos despedimos con el corazón hinchado y los ojos encharcados, y con una inmensa gratitud por el viaje compartido. Yo le dije: vos sos el Patriarca, no existe la menor duda, y él me dijo: y vos sos Úrsula Iguarán. 3 días después estaba recibiendo la llamada de bienvenida a Macondo!

¿De qué manera se preparó mental y emocionalmente para asumir la inmensa responsabilidad de interpretar a la matriarca más icónica de la literatura hispanoamericana?

Yo todavía trato de entender cómo lo hice! Y te digo la verdad no creo que exista una preparación capaz de eliminar por completo el terror y la fascinación que produce enfrentarse a un personaje como Úrsula Iguarán. Desde el primer momento fui plenamente consciente de la enorme responsabilidad que implicaba interpretar a una figura tan querida, tan compleja y tan profundamente arraigada en el imaginario de millones de lectores alrededor del mundo.

Mi preparación comenzó con una inmersión profunda en la novela y en el universo de Gabriel García Márquez. Pero muy rápido me di cuenta de que no bastaba con estudiar a Úrsula como personaje; también era necesario comprender el mundo emocional, histórico y humano que ella encarna. Úrsula no es solamente una mujer: es la memoria de una familia, la fuerza que sostiene una comunidad, la voz de varias generaciones y, de alguna manera, el corazón mismo de Macondo.

Y ahí fue donde empezaron a llegar las referencias de mi linaje femenino: mi madre, mis abuelas, mis hermanas, las matronas de mi barrio. Pensé mucho en su fortaleza, en su capacidad de sostener a los demás incluso en los momentos más difíciles, en su sabiduría cotidiana y en las múltiples formas en que construyen y preservan la vida.

Allí encontré las claves más valiosas para comprender a Úrsula. Y bueno, también tuve que hacer el ejercicio de recordarme constantemente que no estaba llamada a representar la imagen que cada lector tenía del personaje, algo técnica y humanamente imposible por definición, sino a construir una Úrsula verdadera, humana y honesta desde mi propia sensibilidad como actriz. Ese pensamiento me ayudó a transformar el miedo en responsabilidad y la responsabilidad en trabajo creativo.

¿Qué sintió al ver que su interpretación de Úrsula Iguarán conectó de forma tan masiva con el público y la crítica global?

Mirá que ha sido una experiencia profundamente emocionante y, en muchos momentos, difícil de describir con palabras. Yo me enteré de la recepción tan bella del público porque mis amigos y mis estudiantes me mostraban los comentarios de la gente en las redes sociales, simplemente no lo podía creer! Porque cuando uno trabaja en un personaje, este se construye desde la intimidad del proceso creativo, desde el estudio, los ensayos, las conversaciones y las preguntas que surgen durante el camino. Nunca existe una garantía sobre la manera en que ese trabajo será recibido por el público.

Por eso, ver la forma tan generosa en que espectadores de distintos países, culturas y generaciones acogieron a Úrsula Iguarán ha sido una de las mayores alegrías de mi vida profesional. Me ha conmovido profundamente descubrir que un personaje tan nuestro, tan arraigado en nuestra literatura y en nuestra identidad latinoamericana puede despertar emociones, recuerdos y reflexiones en personas de lugares muy diversos del mundo.

He vivido situaciones muy bellas, hay personas que me reconocen en la calle y se ponen a llorar porque de repente vieron en Úrsula a esas matriarcas de la familia que ya no están, “es que así era ella .. igualita…tal cual”, otras me dicen que mis rasgos, mi forma de cruzar los brazos, de mirar, son exactos a los de sus abuelas…otras que así la habían imaginado cuando leían el libro… Sentir que las personas encontraron en mi interpretación algo de la esencia que imaginaban para ella es un regalo que agradeceré siempre.

¿Cómo se logra esa química actoral entre los distintos actores de Cien Años de Soledad, con quienes ha tenido usted contacto como Úrsula?

En una producción de la magnitud de Cien años de soledad, donde los vínculos familiares son tan importantes, era fundamental que los actores lográramos reconocernos como parte de un mismo universo humano.

Compartimos mucho tiempo de trabajo, conversaciones, ensayos y procesos de exploración que nos permitieron conocernos no solo como colegas, sino también como personas.

Además, todos llegamos al proyecto con una enorme responsabilidad y un profundo amor por la obra de Gabriel García Márquez. Había una conciencia colectiva de que estábamos participando en algo muy especial y eso generó un espíritu de colaboración muy hermoso, y más que buscar el reconocimiento individual, cada uno de nosotros estaba comprometido con la construcción del universo de Macondo y con la verdad de las relaciones que sostienen la historia. A mí, por ejemplo, me da risa que me ataquen por los juetazos que le di a Arcadio y por “no quererlo”, ¡si supieran cómo nos adoramos en la vida real! Jajaja.

¿Siente que al ver la serie, los jóvenes y nuevas generaciones se motivan a leer la obra de García Márquez?

Sí, lo creo completa y fervorosamente. De hecho, una de las cosas más hermosas que he podido observar después del estreno de la serie ha sido el interés que muchos jóvenes han manifestado por acercarse a la obra de Gabriel García Márquez. En el 2024 año en que se estrenó la primera temporada de la serie, yo iba en el Mío en la T31, estábamos a sólo una semana de su estreno mundial y nadie sabía que yo estaba en el proyecto. Habían como 5 personas leyendo el libro…yo tenía tanto orgullo, tanta emoción! Me mordía la boca por no gritar en ese Mío: ¡¡yo soy Úrsula!!

La serie despertó unos fervores y pasiones por la obra de Gabo impresionantes. He encontrado personas que están leyendo Cien años de soledad por primera vez, otras que han decidido volver a ella después de muchos años y también lectores que, motivados por la serie, han comenzado a explorar otras obras del autor.

Por supuesto que una adaptación audiovisual y una novela son experiencias diferentes. La serie no sustituye la lectura ni pretende hacerlo. Al contrario, creo que una de sus mayores virtudes es despertar la curiosidad y abrir una puerta de entrada hacia un universo literario extraordinario. Si la serie de Cien años de soledad logra que un joven abra por primera vez una novela de Gabo, se deje atrapar por sus páginas y descubra el placer de la lectura, siento que el viaje de Macondo habrá encontrado una nueva forma de seguir vivo.

¿Cuál fue para usted la escena o las escenas más retadoras de grabar en Cien Años de Soledad?

Uff…¡¡todas!!! Jajaja Parece chiste… pero no, es verdad. Creo que la complejidad del personaje es tan alta que cada momento por pequeño que sea implica unos desafíos interpretativos enormes.

Pero si me pides una escena en concreto podemos hablar de la escena en que Úrsula encuentra por primera a José Arcadio amarrado al árbol. La mentira la habíamos contado con tanta verdad, que sin entrar ni siquiera en el terreno de la ficción, de sólo ver a Diego amarrado al árbol, yo ya estaba destrozada emocionalmente.

En el ensayo previo con cámara me derrumbé, no pude parar de llorar, no pude soportar la tristeza de verlo ahí sentado, perdido en su humilde humanidad. Yo estaba tan afectada sin poder parar de llorar, que Laura Mora, que para mí es la mejor directora de este país, me abrazó y me dijo, “nos duele porque estamos hablando desde la verdad. Y lo vamos a hacer como lo sientas…”. El resultado es la escena que ya todos conocen.

¿Qué marcará a este personaje en la nueva temporada, cuál será el factor diferencial?

Esta pregunta no la puedo responder tanto como quisiera porque haría muchos spoilers! Los lectores del libro saben a qué me refiero! Jajaja Pero lo que sí puedo decirles es que una de las cosas más interesantes que el público descubrirá en esta nueva temporada es la profunda transformación interior de Úrsula.

Por supuesto, el paso del tiempo deja huellas visibles en ella, pero el cambio más importante no será el físico, sino el humano y emocional. Será muy conmovedor ser testigos de su transformación… Úrsula Iguarán …la conciencia de Macondo, la guardiana de su memoria, y la columna vertebral de la familia Buendía…

Qué pueden esperar quienes vean esta segunda temporada, de qué va esta entrega?

Quienes disfrutaron la primera temporada van a encontrarse con una historia que se expande y se vuelve aún más compleja, intensa y fascinante. Si la primera entrega nos permitió conocer los orígenes de Macondo y acompañar los primeros cincuenta años de la historia de la familia Buendía, esta segunda nos adentra en los acontecimientos que completan el extraordinario universo imaginado por Gabriel García Márquez, se cuentan los cincuenta años que faltan para completar los Cien Años de Soledad.

Los espectadores podrán acompañar la transformación de nuevas generaciones de la familia Buendía y presenciar acontecimientos que forman parte del imaginario colectivo de millones de lectores: la llegada del tren a Macondo, las inolvidables mariposas amarillas que anuncian la presencia de Mauricio Babilonia y, por supuesto, uno de los episodios más significativos de la novela y de nuestra memoria histórica: la masacre de las bananeras.

Y bueno lo que falta… porque ya sabés que los Buendía no nos podemos quedar quietos, tenemos mucho por contar! ¡Es una casa de locos!, diría Úrsula! Jajaja Quienes no han visto la primera temporada están a tiempo para ponerse al día con el lanzamiento de la segunda parte el 5 de agosto…mejor dicho, como diría Gabo: ¡En agosto nos vemos!

Isabel Peláez. Escribo, luego existo. Relatora de historias, sueños y personajes. Editora de cultura, entretenimiento y edición de contenidos digitales.

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