"La literatura nos ayuda a entender la vida, aunque la vida no tenga sentido": Jorge Volpi

"La literatura nos ayuda a entender la vida, aunque la vida no tenga sentido": Jorge Volpi

Septiembre 18, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Periodista de GACETA

Jorge Luis Volpi Escalante nació en Ciudad de México, el 10 de julio de 1968.

El escritor mexicano más importante de la actualidad, vino a Cali como invitado del Festival ‘Oiga, Mire, Lea’. Observador agudo, nos trae noticias inquietantes sobre su país, un México herido, en impunidad y, ahora, humillado por Trump.

Jorge Volpi disfruta sobremanera de las entrevistas y los conversatorios a los que lo invitan con frecuencia, pero irremediablemente detesta las fotografías y por ende, a los fotógrafos. 

- Poso porque no hacerlo me parecería muy grosero, pero preferiría evitarlo, había dicho hace un momento. 

Ahora, el fotógrafo le pide que se siente en el piso del lobby del hotel donde está hospedado y Volpi, cabeza gacha, como un jovencito sumiso que se dispone a algo que no quiere después de una orden de su padre, accede. 

Enseguida, desde el piso,  sonríe como diciendo: ¿Viste por qué detesto a los fotógrafos? 

Jorge Volpi, escritor mexicano, fue uno de los invitados al festival de literatura ‘Oiga, Mire, Lea’, realizado en Cali.

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A veces, la realidad supera a la leyenda. En este caso la leyenda dice que Carlos Fuentes, siendo estudiante del Centro Universitario de México, ganó las tres primeras versiones del Concurso de Cuento que organizaba esa escuela dirigida por la congregación religiosa de los hermanos Maristas.  

Cuando Jorge Volpi conoció a Fuentes, se enteró sin embargo que aquello no era cierto: Fuentes ocupó nueve veces el primer lugar del concurso, con seudónimos diferentes.

- Pero, como era tan modesto, decía que apenas habían sido tres. 

Volpi también estudió allí, en el Centro Universitario de México, donde curiosamente han pasado otras grandes plumas como, por ejemplo,  José Emilio Pacheco. Era una escuela solo de hombres, y a Volpi eso le parecía un espanto. Además se sentía raro. Le interesaban sobre todo la ciencia, la historia y la filosofía. Su padre, que era médico, en cambio tenía otras aficiones: la música, la literatura. 

A la hora de la comida siempre  hablaba de los libros que estaba leyendo, pero los libros favoritos de su padre eran los que Jorge no quería leer. ‘Los Miserables’, de Víctor Hugo;  ‘El conde de Montecristo’, de Alejandro Dumas.

Fue hasta que tuvo 12 años, entonces,  cuando Jorge comenzó a leer por gusto y todo gracias a un programa de televisión, ‘Cosmos’, del astrónomo Carl Sagan. No  paró de leer libros sobre divulgación científica. 

Con su madre, además, veía películas y series de misterio. Entonces Volpi quiso leer algo que se pareciera a eso, y alguien le regaló los cuentos de Édgar Allan Poe. Fue lo primero que leyó en literatura sin que nadie se lo hubiera impuesto y su vida comenzó a cambiar, aunque él  no se daba cuenta de ello. 

La ciencia seguía siendo una presencia poderosísima, y Volpi dudaba entre estudiar física, química, o historia. Sentía una curiosidad suprema por la Edad Media y hasta planeó hacer una enciclopedia, de la que apenas escribió un prólogo.  En realidad fue su primer texto de ficción; el inicio de una enciclopedia, un proyecto imposible.  

Y entonces, a los 16 años, en un salón del Centro Universitario de México, Jorge Volpi conoció a Eloy Urroz. Eloy ya era poeta, quería publicar un libro incluso y su única esperanza para lograrlo era que su padre, empresario, le diera el dinero. 

Era tanta la pasión de Eloy por la literatura, que también convenció a Jorge para que escribiera un cuento y lo enviaran al mismo concurso que Carlos Fuentes ganó tantas veces. Volpi lo tituló ‘El águila y la serpiente’.  Ocupó el tercer lugar. Eloy, el quinto. Después conocerían al ganador: Ignacio ‘Nacho’ Padilla. El escritor que murió hace unos días en un accidente de tránsito y con quien fundaron un movimiento, una alternativa al Boom: el Crack. 

Sentado en un sofá del lobby del hotel, Jorge Volpi se quiebra. 

- Con la muerte de Ignacio se va gran parte de mi vida. Él era esencial para mí. Fuimos amigos durante 31 años, y  era como una especie de espejo. Espejo deformado porque éramos muy distintos, pero a la vez compartíamos vidas paralelas: tanto él, como Eloy y yo habíamos escrito nuestro primer cuento para ese concurso. Un cuento que en el caso de Nacho,  a pesar de tantos años, sigue siendo espléndido. Él fue esencialmente un gran cuentista. Así que entre el concurso y la amistad con Eloy primero y después con Nacho, fue que decidí que me iba dedicar a la literatura aunque estudiara otra cosa: derecho. 

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Desde México, Eloy Urroz escribe sobre Jorge. El título de su correo dice: ‘Volpi hacia el Cervantes’.

- Ser amigo de Jorge Volpi (o sentir que uno es el mejor amigo de Jorge) no es faena sencilla (aunque sí grata), en especial si tuviste la ocurrencia de dedicarte a la misma tarea a la que él se ha dedicado los últimos treinta años: escribir novelas, escribir ensayos, escribir, escribir… Jorge nació (o se hizo en la cuna) brillante: pero su brillo no es de esos que deslumbran de refilón, sino que exigen un esfuerzo intelectual (y moral) para reconocerlo. Al final, sin embargo, como los diamantes, su solidez se impone. Así su literatura… Así su concepto profundo de esta, aunado a su obsesión por el conocimiento y un incesante cuestionamiento moral, científico y racional.

Como amigo, estaré acaso viciado en mi opinión, pero creo que Jorge es el novelista más sólido que tiene hoy México —con la excepción de nuestros Premios Cervantes. Digo ‘sólido’ porque decir ‘mejor’ es, ya sabemos, harto subjetivo, pero igual podría haber dicho que Jorge es el mejor novelista vivo después de Del Paso y Pitol. Su obra es vastísima a sus casi 50 años. En su conjunto, sus libros son un ineludible desafío intelectual y estético para cualquier otro autor u obra escrita, hoy, en cualquier lengua. Ponerme a contar aquí cuál es mi libro favorito es casi inútil pues casi todos son mis favoritos: desde su breve novela sobre Jorge Cuesta (1992) hasta su ‘Examen de mi padre’ (2016). En 1999 le dediqué un libro entero a mi amigo: ‘Forma y contrautopía en las novelas de Jorge Volpi’. Era, entonces, una obra pionera: Jorge no había obtenido el premio Biblioteca Breve ni había escrito ‘En busca Klingsor’. 17 años más tarde aventuro (otra vez ese deseo mío por ser pionero y adelantarme al futuro) que Jorge se sumará a los Premio Cervantes que ya tenemos…

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Jorge Volpi se hizo mundialmente conocido con su Trilogía del Siglo XX: ‘En busca de Klingsor’, primero, ‘El fin de la locura’, después y ‘No será la tierra’. Cada una habla sobre tres momentos distintos: el nazismo, los campos de exterminio; Mayo del 68, el gran movimiento de la contracultura, el hipismo, los tiempos de los grandes filósofos y pensadores;  el año 1989, la caída del Muro de Berlín. A la trilogía se le  añadió una nueva obra: ‘Memorial del engaño’. La trilogía se convirtió en tetralogía. 

En Colombia, sin embargo, su obra más leída es la ‘Tejedora de Sombras’, una novela sobre la psicoanalista Christiana Morgan, amante del psicólogo Henry Murray, ambos pacientes del psiquiatra Carl Gustav Jung. El psicoanálisis es uno de los grandes temas de la ‘literatura Volpi’. Y sin embargo él jamás ha ido al psicólogo. 

- Mi interés por el psicoanálisis nació desde la escuela, cuando descubrí, a los 15 años y al mismo tiempo, a Freud y a Nietzsche. Me cambiaron por completo la manera de ver el mundo. Sin embargo, porque lo conozco, desconfío del psicoanálisis. Freud siempre se quiso entender a sí mismo, y creyó que de paso podía explicar a toda la humanidad. Tampoco voy a terapia porque tantos años en la escuela católica me generaron un horror a la confesión, dice Jorge en el lobby del hotel, para enseguida  hacer precisamente una especie de confesión: ¿por qué y de dónde el Crack?

- El nombre es un poco ridículo porque no sabíamos que era una droga, así que jamás escribimos bajo los efectos del crack.   Éramos tan ñoños que no conocíamos eso. Elegimos esa palabra por su sonido: algo que se rompe.  Estar en contra del exotismo forzoso que se nos imponía en esos años a los escritores latinoamericanos: si eres mexicano solo escribe sobre México, si eres colombiano solo escribe sobre Colombia.  El movimiento nace a partir de esta amistad con Eloy y con Nacho, y  se consolida cuando publicamos un libro juntos que se llama ‘Tres bosquejos del mal’. Después crece cuando se incorporan Ricardo Chávez y Pedro Ángel Palou, en 1994. En 1996 publicamos cinco  novelas, que se llamaron ‘novelas del Crack’. Y un manifiesto. 

Las novelas del Crack, escribió a propósito Pedro Ángel Palou – “no son textos pequeños, comestibles. Son, más bien, el churrasco de las carnes: que otros escriban los bistecs y las albóndigas. A la ligereza de lo desechable y de lo efímero, las novelas del Crack oponen la multiplicidad de las voces y la creación de mundos autónomos; las novelas del Crack no nacen de la certeza, madre de  los aniquilamientos creativos, sino de la duda, hermana mayor del conocimiento; las novelas del Crack no son optimistas, rosas, amables; saben, con Joseph Conrad, que ser esperanzado en sentido artístico no implica necesariamente creer en la bondad del mundo”.

El escritor colombiano Mario Mendoza, por su parte, dice: 

- Yo creo que después del Boom, y de lo que se llamó el realismo mágico, esta literatura de García Márquez monumental, gigantesca, lúcida, surgió un problema: la cantidad de imitadores que vinieron después.  Esos imitadores son sosos, ‘light’,  hipermaquillados, una literatura ingenua, tonta. Y el Crack entra  con esa palabra, esa idea de quiebre, de alguna manera un cierto gesto de rebelión contra esa literatura edulcorada que se venía tomado la década de los 90. El Crack entró como una propuesta de literatura urbana, y a mí me parece que ahí se dio algo muy importante. En Colombia muchos nos sentimos identificados con esa ruptura con el Boom, no porque el Boom no significara todo lo que significa, ni porque se quisiera ir en contra porque sí, sino porque - desde el Crack- se quería poner el foco en lo que era un nuevo mundo que estaba ad portas de nacer, la llegada de un nuevo milenio. Y en efecto fue así: en 2001 se cayeron las Torres Gemelas y la vida se transformó en otra cosa. 

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Volpi abandonó el cuento por completo. Ahora solo escribe ensayos y novelas. Y no tiene un método particular. Cada proyecto necesita de una estrategia única, dice. En su tetralogía del Siglo XX hizo algo que nunca había hecho y que terminó siendo todo un método en su conjunto: una investigación muy amplia en física cuántica, psicoanálisis, el mundo Nazi, la Unión Soviética, la economía, para mezclarlo todo después con la ficción y tratar de entender, o poner en juego,  los problemas de hoy. 

Algo parecido viene haciendo 

en los últimos meses: investigar como un reportero, o como lo que es también Volpi, un abogado, para un libro de no ficción  sobre un crimen. 

Pero en sus otros libros, los  menos conocidos, no utilizó ese sistema. Aquello, explica, es uno de los contrastes con su amigo Ignacio Padilla. 

Nacho, desde su primer cuento, encontró un estilo, algo que algunos pocos grandes escritores logran. Leer una línea en una servilleta y saber que es Gabo. En cambio hay otros escritores, como  Fuentes, como Mann, como Volpi, con libros muy  diferentes entre sí; una voz distinta.  

- Yo, más que un estilo, busco el tono para cada libro. Y siempre escribo con música. La que más me gusta es la  clásica, la ópera, pero oigo un poco de todo.   Eso no quiere decir que  pueda hacer las dos cosas a la vez. Es más bien como una especie de entrar y salir de la música a la literatura.  Estoy escribiendo y casi no oigo lo que está sonando. Pero la música es tan poderosa que en algún momento me saca, dejo de escribir,  oigo un momento, regreso. Ese es mi sistema.  Para mí la música es más grande que la literatura. 

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En el festival ‘Oiga, Mire, Lea’, Jorge Volpi conversó en la Biblioteca Departamental con la escritora cubana Wendy Guerra y el escritor colombiano Santiago Gamboa. Este último, antes de iniciar su intervención, le dedicó  la charla a la memoria de Nacho Padilla. 

Hablaron de todo: libros,  Bolaños, la paz. Al final, Santiago le pidió a Jorge, “un observador crítico de su tiempo a la manera de los grandes autores franceses del siglo XX”, algunas noticias sobre México. 

[[nid:577380;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/09/p8gacetasep18-16n1photo03.jpg;left;{En ‘Examen de mi padre’, mi último libro, un conjunto de diez ensayos, reflexiono sobre la escritura. ¿Para qué otro libro? Por la ficción de que eso importa. De que eso te ayudaa entender mejor la...}]]

Volpi dijo que esas noticias tienen que ver con  ‘Examen de mi padre’, un libro de ensayos que parten de la muerte de su papá en 2014.

“Mi padre, después de ser un hombre con una vitalidad extraordinaria, los últimos años de su vida los pasó muy deprimido; en una especie de decadencia. Paradójicamente, esa decadencia es contemporánea con lo que a mí me parece son los peores momentos de la historia mexicana. 

Esto comenzó a partir del año 2006. Si bien el régimen priísta que nos gobernó hasta entonces era autoritario, al menos teníamos la sensación de vivir en una cierta paz. 

Pero en 2006 el presidente Calderón decide copiar dos iniciativas muy extrañas que nunca se habían implementado en mi país: la guerra contra el narcotráfico, inspirada en la guerra contra el terror de George Bush, y la  política de seguridad democrática de Álvaro Uribe. Esa combinación fue espantosa. Desde  2006 tenemos cifras propias de una guerra: 150.000 muertos, 50.000 desaparecidos. México se convirtió en un campo santo gigantesco. Y la impunidad es el otro gran problema.  De todos los crímenes, solo llega a sentencia el 1%. Eso significa que algo no funciona. 

Así que las noticias no son buenas. Y si a eso le sumamos la visita reciente de Donald Trump, nos sentimos, además de todo lo que nos pasa, humillados y ofendidos. Este personaje  encarna lo peor del mundo, pero no es exclusivo de Estados Unidos. Me refiero a todos estos políticos mentirosos, demagogos, que mintiendo reiteradamente logran convencer a sectores muy altos de la población para que los apoyen. Como los políticos que ustedes tienen en Colombia, luchando en contra de la paz. 

Todos, en la Biblioteca, aplaudieron. Ahora, justo antes de entregarse sumiso a las peticiones del fotógrafo, Jorte Volpi dice: 

-  La literatura importa por una ficción; la ficción de que te resuelve o te ayuda a entender la vida, aunque la vida no tenga sentido.

“ Volpi es un autor original que ensaya nuevos registros en cada libro. Ha hecho dos novelas en verso, por ejemplo, o valiosos ensayos que se leen casi como novelas (sobre el cerebro, sobre la anatomía). Es uno de los más importantes mexicanos de la actualidad”.Santiago Gamboa
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