Guillermo Cabrera, descubierto por las nuevas generaciones de su país

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Guillermo Cabrera, descubierto por las nuevas generaciones de su país

Julio 09, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Umberto Valverde?Especial para Gaceta
Guillermo Cabrera, descubierto por las nuevas generaciones de su país

El escritor cubano Guillermo Cabrera Infante vivió sus últimos años de vida en Londres como exilidado.

Ocultadas sistemáticamente en Cuba por el régimen revolucionario, la obra y la persona de Guillermo Cabrera Infante vuelven a ser noticia tras la publicación de ‘Buscando a Caín’, un libro con el que dos jóvenes escritores cubanos quieren dar a conocer a su generación -que nunca oyó hablar de él-, a este intelectual que se vio forzado a vivir en el exilio.

Una de las mejores sorpresas que tuve en La Habana fue encontrarme con Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco, gracias a mi amigo Luciano Castillo. En nuestra primera cita me comentó de estos jóvenes que habían escrito dos libros sobre Guillermo Cabrera Infante, quien murió en el exilio en Londres. Ellos, valientemente, se tomaron el trabajo de hacer dos libros: el primero, un ensayo titulado ‘Sobre los pasos del cronista’, en el que se da cuenta del quehacer intelectual de Cabrera Infante en Cuba hasta 1965. El libro está actualmente agotado. El segundo, ‘Buscando a Caín’, es un conjunto de entrevistas, 28 en total, de personas que conocieron a Cabrera desde muchacho o en la adolescencia. El propósito: romper la omisión que existía contra él.Mirabal y Velazco se tomaron el trabajo de encontrar a personas, como Marta Calvo, con quien Cabrera se casó en 1953. Para entonces Guillermo tenía 24 años, Marta 20. Fue después de que Cabrera salió con sus dos hijas, Ana y Carola, al exilio. Marta solo pudo volver a verlas 42 años después. A pesar de todo, ella dice que lo admiraba y lo quería, pero no pudo decírselo antes de morir. El libro también incluye historias de amistad como la de Manuel Pérez, director de cine, o el escritor Humberto Arenal. Son 28 personas que lo conocieron desde niño, como adolescente y como el periodista que estuvo en la revista Ciclón o en el importante Lunes de la Revolución. Todos lo destacan por su habilidad para el juego de palabras, su humor, su pedantería, el amor por la música cubana, por Benny Moré y Celia Cruz, el Trío Matamoros y Bola de Nieve, por la Lupe y Freddy, por Vicentico Valdés a quien escuchaba en un prostíbulo donde tomaba cerveza con Ernesto Fernández. Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco me cuentan sobre esta aventura editorial e intelectual: “El anterior se llama ‘Sobre los pasos del cronista, El quehacer intelectual de Guillermo Cabrera Infante en Cuba hasta 1965’, y fue nuestro primer libro. Reconstruye por medio de la memoria y entre las ruinas esa primera Habana que conoció el adolescente Cabrera Infante recién llegado de Gibara. De ahí que empezáramos por Zulueta 408, el falansterio ante el cual el infante queda deslumbrado. Entrábamos a lo que ya es hoy es un espejismo –del sitio original apenas se conserva la fachada, la fisonomía interior tras un derrumbe cambió para una instalación deportiva– con la intención de dilucidar los avatares del singular núcleo intelectual que empieza a reunirse principalmente imantado por la madre de Guillermo, Zoila Infante. Sobre todo recorríamos su pensamiento cinematográfico y las peculiaridades extraordinarias de un periodismo que es ensayo de su obra literaria. Pareciera que el joven Cabrera Infante desarrolló el don de la ubicuidad, pues estuvo implicado en casi todos los proyectos intelectuales descollantes de su generación, desde los intentos por sostener una revista como Nueva Generación hasta el tenaz y tan silenciado esfuerzo de la primera Cinemateca de Cuba, algo sencillamente heroico en la Cuba de los años cincuenta. Por otra parte, quisimos echar por tierra, con pruebas bibliográficas y testimoniales, acusaciones que pesaban sobre GCI como la de ser el impulsor de los ataques de Lunes de Revolución contra Lezama Lima –cuando siempre que estuvo a su alcance le rindió merecido homenaje y trató de brindarle ayuda– o el de mirar con ojerizas a El Puente, un grupo literario y editorial que apenas se perfilaba cuando Lunes estaba a punto de desaparecer. GCI nos permitía además revisitar críticamente una serie de acontecimientos decisivos en el panorama cultural de los años sesenta de la Isla, como el eclipse de Lunes de Revolución, magazine que aún no ha sido superado en riqueza e impacto; los debates en la Biblioteca Nacional tras la censura de PM y el controversial discurso de Fidel Castro conocido como Palabras a los intelectuales. Aunque declarábamos desde el título que abarcaríamos hasta el instante en que Cabrera Infante marchaba con un permiso especial a España para terminar de revisar ‘Vista del amanecer en el trópico’ (luego ‘Tres tristes tigres’), incluimos un colofón donde repasamos toda la polémica de Heberto Padilla con la primera redacción de ‘El Caimán Barbudo’ a raíz de esta novela premiada en el Seix Barral”. Un retoFue complicado este proyecto. Eso dicen Carlos y Elizabeth. Es que, claro, cuando lo emprendieron eran apenas unos estudiantes que se enfrentaron a una búsqueda de sus libros incompletos, en mal estado, en horarios extendidos donde no había electricidad o no querían trabajar los operarios, con poco acceso al internet, ni qué decir de la posibilidad de hablar con amigos de Cabrera Infante en el exilio. “Algunos nos maldijeron por hacer lo que pretendíamos hacer”.Velazco y Mirabal escriben a cuatro manos, “como un concierto de dúo de piano. Por su condición de pareja, fueron buscando juntos, y el primero fue ‘Un oficio del Siglo XX’. La pregunta que se hacían es “cómo era posible que nunca nos hablaron en el tercer año de carrera de un escritor tan extraordinario, que combinaba la realidad con la ficción”.Los libros de Cabrera Infante hoy en día se consiguen en dólares, es decir, no están al alcance de los cubanos. Solo aquellos que pueden salir al exterior los consiguen en el extranjero. Sólo ahora que publicaron estos dos tomos, a Mirabal y Velazco les han regalado algunas de sus obras que parecían incunables.En cuanto a la ubicación que puede tener Cabrera Infante en el mundo académico cubano, Mirabal y Velazco me cuentan la siguiente anécdota: “Un encumbrado profesor de la Facultad de Artes y Letras nos dijo un día que el premio Cervantes de GCI había sido un premio geopolítico, según su lógica macabra, como ya estaban fallecidos Gastón Baquero y Severo Sarduy, solo quedada Cabrera Infante como opción posible en el exilio. Esto nos pareció malvado, la obra de Guillermo no tiene que esperar las sobras de nadie. Es inmensa en sí y por sí misma y negarlo no es solo un acto de miopía atroz, sino una crueldad consciente de laceración de la historia literaria cubana. No sabemos si esto ilustra el modo en que se le ve en el mundo académico cubano”.Carlos Velazco y Elizabeth Mirabal me contaron una historia que describe toda la infamia que existe contra Cabrera Infante y el veto que se tiene contra su obra. Esto ocurrió para iniciar el proyecto de investigación: “Visitamos Gibara con suma brevedad, pero no quisimos dejar de rastrear los pasos de Cabrera Infante no solo en su pueblo natal, sino en el escenario literario de algunos de sus mejores cuentos. Es una ciudad muy peculiar, en un limbo entre el mar y tierra firme. Es difícil de explicar. Como es lógico, nos dirigimos a la biblioteca del pueblo para preguntar si allí conocían la localización de la casa donde había nacido Guillermo Cabrera Infante. A fin de cuentas, de los tres Cervantes cubanos: Carpentier, Loynaz y Cabrera Infante, solo los dos últimos pueden contar con una “casa natal” en la Isla... IgnoradoNi siquiera sabían quién era Cabrera Infante. Esto nos deprimió muchísimo. Nos recomendaron ver al historiador de Gibara –cuyo nombre no recordamos ahora y no por venganza–, y al llegar hasta él, empezó a darnos evasivas: que si no se sabía exactamente… Nos fuimos enseguida, comprendiendo fallida la gestión. Pero un poeta que estaba visitándolo, salió tras nosotros y nos dijo que él nos conduciría hasta otro poeta de allí que sí sabía. Así llegamos a Arsenio, quien amablemente dejó sus trajines para guiar a dos desconocidos hasta la casa de la rama de los Cabrera, donde nacieron Guillermo y su hermano Sabá. Al llegar, no tuvimos duda de que aquel era el sitio. No tanto porque allí vivieran dos nietas de la abuela de Guillermo Cabrera padre y perduraran un montón de recuerdos, sino porque la niña de la casa era el vivo retrato de Guillermo: el mismo color de piel, los mismos ojos ligeramente achinados”.Por ahora no existe intención de reeditar el primer volumen de la investigación, a pesar de que se agostó en seis meses y todavía lo buscan. Ni siquiera por haber ganado el premio de la Crítica Literaria Cubana. No tuvieron suerte para contactar a Miriam Gómez, esposa de Cabrera Infante, en el proceso de la escritura. Una actriz, amiga de Miriam, le llevó el libro a Londres. En Cuba, me dicen, no existe la crítica literaria y la repercusión ha sido más en el extranjero. Los acercamientos más serios han sido con Abilio Estévez, Luis Agüero y Graziella Pogoloti.Tomándonos una limonada fría en el hotel Nacional, les comenté mi amistad con Guillermo Cabrera Infante, su prólogo al libro de Celia Cruz, sus recomendaciones previas a la escritura, su generosidad al recibirme en su apartamento en Londres y la dimensión enorme que conocí de Miriam Gómez, su segunda memoria. De verdad, Cabrera Infante no ha sido derrotado por la persecución del Estado, ha sido vencido; pero florecerá porque su obra es como el mar que él amaba, inmenso e infinito. Como el mar que vemos frente al Malecón.

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