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Comunidad LGBTIQ+ consolida espacios históricos en la cultura y el activismo social de Cali

La capital del Valle es uno de los epicentros de la diversidad: estos proyectos artísticos y sociales lo demuestran. Más allá del Día Mundial del Orgullo Gay, testimonios que transforman vidas.

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La Casa Houston cuenta con 25 artistas de planta para sus obras y espectáculos. También realiza talleres abiertos a la comunidad.
La Casa Houston cuenta con 25 artistas de planta para sus obras y espectáculos. También realiza talleres abiertos a la comunidad. | Foto: Foto: Edward Lora, del Teatro Municipal / El País

28 de jun de 2026, 04:37 p. m.

Actualizado el 28 de jun de 2026, 04:38 p. m.

Por Luis Carlos Bermeo e Isabel Peláez R.

La Casa Houston, ubicada en el barrio San Fernando, debe el nombre a su fundadora: la drag queen Sarah Houston, quien desde hace seis años acoge allí a un grupo de artistas de la comunidad LGBTIQ+, con quienes promueve la cultura queer en Cali, superando prejuicios y alcanzando reconocimiento en grandes escenarios artísticos.

Las historias felices dentro de la comunicad diversa también deben contarse. Como que este año, el próximo 17 de julio, por primera vez en su historia el Teatro Municipal Enrique Buenaventura, el lugar más importante para las artes escénicas del Valle del Cauca, presentará la obra musical ‘Cali cabaret: la Sucursal del fuego’, interpretada por drag queens caleñas.

“Es una obra familiar, pueden ir niños desde los 10 años, con la que disfrutarán de una historia en formato cabaret hecho por drags, donde una madame viajera en el tiempo abre su maleta en diferentes lugares del mundo y de Colombia, incluida Cali, generando shows musicales y de baile”, cuenta Jorge Loaiza, director de la Fundación Casa Houston y quien da vida a la diva Sarah.

Jorge Loaiza, bailarín y coreógrafo caleño, fundó la Casa Houston.
Jorge Loaiza, bailarín y coreógrafo caleño, fundó la Casa Houston. | Foto: archivo personal de Jorge Loaiza, especial para El País

Jorge tiene 30 años y es bailarín de profesión, creció entre el furor de las escuelas de salsa caleñas, participando en mundiales y eventos como el Salsódromo. “Bailé durante diez años, hasta que descubrí el arte drag queen y me identifiqué con esta forma de expresarse”, dice.

Guiado por una reconocida drag queen de los años 90, Jorge incursionó en estos espectáculos, creando, para el 2016, su propio alter ego, que fue Sarah Houston, “porque nunca tuve una hermana y me hubiera gustado que se llamara Sara, y el apellido es un homenaje a la gran Whitney Houston”.

Sarah Houston conquistó los espacios de la comunidad LGBTIQ+ de Cali y Colombia. “Era un momento cuando parecía que el arte drag estaba en decadencia, pero con Sarah y otras comenzamos a revivirlo y a llevarlo a escenarios nuevos, no solo los habituales de nuestra comunidad”, cuenta.

Jorge, también coreógrafo y empresario de eventos, comenzó a ampliar su espectáculo con Sarah, invitando al otras drags y bailarines y creando formatos que funcionaran con todos los públicos.

“Siempre me interesó que nuestro arte saliera de la marginalidad y tuviera el reconocimiento que merece, así que trabajé mucho en brindar una estética que pudiera disfrutar cualquier persona y logramos que nos comenzaran a invitar a eventos empresariales, fiestas familiares”, explica.

Al poco tiempo, a Sarah la acompañaban más drags “que son como mis hijas, porque yo las formé”, pero con la coyuntura de la pandemia por Covid-19 tuvieron que detener sus presentaciones y realizar shows virtuales.

“Antes de la pandemia logramos hacer el primer concurso drag queen en Cali. Entonces, sin posibilidad de continuarlo, comenzamos a realizar shows virtuales todos los viernes, con tan buena acogida que incluso un empresario nos invitó a realizarlo desde su discoteca. Durante esos meses presentamos más de cien artistas, demostrando que había una cultura consolidada y que debía ser reconocida”, narra.

Esta fue la motivación para que en 2020 Jorge-Sarah creara la Fundación Casa Houston, un proyecto pionero en Cali que abrió el arte queer a todos los públicos, generando inclusión y admiración por la comunidad LGBTIQ+.

“En 2020 nos invitaron a participar en la Feria de Cali, aunque esa fue la edición virtual. Pero en 2021, cuando abrimos nuestra primera sede, hicimos parte del Cali Viejo, y en especial del Salsódromo, conquistando un espacio más para nosotros, que se repitió en 2022”, sigue contando.

También, en diciembre de 2023, las drag queens caleñas de Casa Houston fueron invitadas para celebrar la Navidad Colombiana en el Thalía Spanish Theatre, de Nueva York.

Y durante el 2025 hicieron parte de la producción cinematográfica ‘Llueve sobre Babel’, de la directora Gala del Sol.

“Una de nuestras drags, Darla, actuó en el elenco principal de la película. También estuvimos Samanta, yo y unos bailarines como parte del show en una escena. Y grabaron otras en nuestra casa. De hecho, al final aparece Casa Houston en los créditos”, precisa.

Y continúa: “Nuestro sueño a futuro es tener un cabaret propio en Cali, para nuestras obras y de otras compañías, algo muy al estilo del Moulin Rouge de París, que, considero, sería un gran aporte para enriquecer la cultura caleña”.

“Somos la primera fundación que creó una compañía artística 100 % drag queen y que abrió una sede propia para formar a estos artistas en Cali”.

Abrazos de mamá

“Por favor, no le cuentes a nadie. Espérate a ver cómo soluciono esto” fue lo que María Isabel Molina, politóloga caleña, le dijo a su hija mayor hace más de una década, cuando, aún en etapa escolar, le confesó que le gustaban las mujeres.

Hoy, más de una década después, esa reacción inicial marcada por los tabúes y el miedo al entorno social se ha transformado en un grito de amor colectivo llamado Abrazos de Mamá, un movimiento armónico de padres que se posiciona como una línea de defensa de los hijos diversos en el país.

María Isabel dice que Gabriela le dio una nueva hija; Stephanie, su nuera. Aquí, con la valla al fondo.
María Isabel dice que Gabriela le dio una nueva hija; Stephanie, su nuera. Aquí, con la valla al fondo. | Foto: Suministrada por María Isabel Molina, archivo personal

El camino no fue inmediato. María Isabel confiesa un peso que la acompaña hasta hoy: durante ocho meses, el silencio y el desconcierto levantaron un muro invisible que dejó a su hija sin un apoyo materno explícito. “Uno de mamá y de papá nunca debería dejar a los hijos solos por nada”. La culpa la llevó a buscar respuestas fuera de los prejuicios. Se sumergió en investigaciones sobre familias diversas, devoró lecturas y recurrió al cine y al arte para entender las realidades de creadores que habían enfrentado el rechazo histórico.

Vivió una deconstrucción y cambio de paradigmas maternos. La transformación definitiva ocurrió en las calles. Inspirada por una imagen en internet, esta mamá asistió a su primera marcha del orgullo con su hija en mente: “Aquí estoy y voy a marchar por ti; voy a decir que estoy orgullosa de ti”.

María Isabel Molina no solo abrazó a su hija en su diversidad, también a los padres de otros hijos diversos.
María Isabel Molina no solo abrazó a su hija en su diversidad, también a los padres de otros hijos diversos. | Foto: María Isabel Molina, archivo personal

Lo que comenzó como un acto individual de reparación se convirtió en una “sanación de almas” colectiva. Al ofrecer sus abrazos a jóvenes que marchaban con vacíos emocionales y la falsa creencia de que “había algo malo en ellos”, entendió que el cambio real no correspondía a los hijos, sino a las mentalidades de los padres: “El rol de la familia no es forzar la adaptación del hijo a un molde cultural, sino acompañar activamente al ser que habita ese cuerpo, aliviando el sufrimiento externo a través de la aceptación incondicional”.

Su exesposo y su otra hija abrazaron a Gabriela: “Nos paramos al lado de nuestra hija, de tal forma que el resto del mundo no tuvo chance de decir nada”.

Actualmente, a sus 28 años, es graduada magna cum laude en economía por una de las universidades más importantes del país.

Para María Isabel Molina es urgente recordarle al mundo y a los “hijos arcoíris” que son exactamente quienes deben ser. La iniciativa apela a la movilización masiva de padres de familia, bajo la premisa de que si los progenitores no abren el camino normativo y social para garantizar los derechos de la comunidad LGBTIQ+, nadie más lo hará por ellos.

Con esa determinación, el movimiento instaló una valla publicitaria permanente sobre la Calle Quinta, a la altura del Hospital Club Noel, en Cali. Se trata de un hito inédito en el paisaje urbano del país, donde este tipo de mensajes masivos de la comunidad no registran antecedentes similares.

La valla fue una iniciativa de María Isabel Molina, apoyada por una empresa privada, y se encuentra sobre la Calle Quinta, a la altura del Hospital Club Noel, en  Cali.
La valla fue una iniciativa de María Isabel Molina, apoyada por una empresa privada, y se encuentra sobre la Calle Quinta, a la altura del Hospital Club Noel, en Cali. | Foto: archivo personal de María Isabel Molina

La valla lleva impresa una consigna, un bálsamo para quienes transitan la vía pública ocultando su identidad: “No hay nada malo en ti. Eres exactamente quien debes ser”.

Según la politóloga, el propósito es acompañar silenciosamente a cualquier joven que pase por el sector durante todo el año, recordándole que existe alguien en el mundo que valida su existencia.

Este despliegue representó un punto de inflexión para su hija, quien vivió su “golpe de realidad” al acompañar a su madre en las movilizaciones. Al presenciar cómo cientos de jóvenes se acercaban a María Isabel buscando un refugio ante la violencia que vivían en sus hogares, dimensionó el privilegio de su entorno seguro y el impacto real del movimiento.

María Isabel ha establecido una línea de escucha para padres, para guiarlos en el procesamiento del duelo de sus expectativas tradicionales, y otra de refugio y protección, enfocada en cuidar, arropar y asegurar el desarrollo integral de la niñez trans y diversa que ha quedado en vulnerabilidad o abandono.

“El 80 % de la niñez trans es abandonada a su suerte entre los 13 y 17 años, cuando los menores deciden no traicionar su identidad”.

María Isabel Molina.

El equipo dignidad

Detrás de la sonrisa eufórica que celebra un punto en la cancha de voleibol se esconde una de las misiones comunitarias más sólidas del Valle del Cauca.

Andrés Rojas Marulanda, nacido en Cartago pero caleño por adopción, entrelazó sus dos grandes pasiones: la rigurosidad de la química ambiental y el latido del activismo LGBTIQ+.

Hoy, a sus 53 años, este químico con posgrados en gestión de proyecto, cooperación internacional y gerencia lidera la Fundación Chaina, que nació en 2004 como un discreto equipo de voleibol y que hoy se erige como faro de resistencia, salud comunitaria y arte en la ciudad.

La historia de Andrés prueba que una cancha puede ser el primer paso para construir una sociedad más justa, saludable y humana.
La historia de Andrés prueba que una cancha puede ser el primer paso para construir una sociedad más justa, saludable y humana. Foto: cortesía de andrés Rojas para el país | Foto: Andrés Rojas / El País

Andrés fue criado en un entorno familiar numeroso y bajo una estricta formación en valores cristianos. Su adolescencia estuvo marcada por la culpa y el silencio de la década de los 90, donde el auge mediático del VIH/Sida vinculaba erróneamente la orientación sexual con la enfermedad y la muerte.

“Las aulas fueron uno de los territorios más hostiles conmigo”, recuerda Andrés de su paso por la Universidad del Valle, donde sufrió agresiones por su expresión de género. Sin embargo, en ese campus halló en la cancha un espacio libre de prejuicios donde el valor radicaba en el talento y el trabajo en equipo, y no en las etiquetas de una sociedad desinformada.

En 2004, al decidir “salir del clóset en grupo junto a otros hombres gays”, nació el colectivo Chaina. Con el voleibol como trinchera, el proyecto resignificó con orgullo el histórico insulto de “ser del otro equipo” para convertirlo en una bandera de dignidad y visibilidad política.

El destino lo obligó a asumir liderazgos mayúsculos. Tras el doloroso asesinato de su mentor en un crimen de odio en el 2008, Andrés asumió con valentía la responsabilidad de coordinar la tercera marcha del orgullo en Cali para el año siguiente.

Andrés Rojas Marulanda creció en un entorno rodeado de mujeres. Hoy en día es el cuidador de su mamá.
Andrés Rojas Marulanda creció en un entorno rodeado de mujeres. Hoy en día es el cuidador de su mamá. | Foto: Archivo personal de Andrés Rojas

Desde entonces, Chaina mutó de un club deportivo a una red de apoyo vital que ha salvado vidas, creado lazos de compadrazgo y ofrecido segundas familias por más de dos décadas.

A través de programas como Bola y Arcoiris, la fundación no solo incluye a la población diversa, sino que tiende puentes de integración social. Bajo su ala se cobijan hoy migrantes, personas con VIH y jóvenes de escasos recursos, convirtiendo los escenarios deportivos en zonas seguras y libres de estigmas.

A través de programas como Bola y Arcoiris, la fundación no solo incluye a la población diversa, sino que tiende puentes de  integración social.
A través de programas como Bola y Arcoiris, la fundación no solo incluye a la población diversa, sino que tiende puentes de integración social. | Foto: Andrés Rojas Marulanda, archivo personal

Recientemente, Rojas Marulanda marcó un hito en la historia del país al ser uno de los pocos hombres abiertamente gays en aspirar al Senado de Colombia. Aunque la campaña no terminó en curul, la tribuna política le permitió poner sobre la mesa una problemática urgente y silenciosa: la desprotección de los adultos mayores de la comunidad LGBTIQ+, que, al no contar con apoyo familiar o empleos estables, terminan en situación de calle o bajo el desgaste del síndrome del cuidador.

“Practico atletismo y voleibol playa; soy presidente de un clubese deporte para niñas y niños, en el barrio Ciudad 2000, y también hago parte de la Asociación Vallecaucana de Voleibol”.

Andrés Rojas Marulanda

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