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Alejandro Gaviria publica 'Otro fin del mundo es posible', detalles del libro

Noviembre 09, 2020 - 12:25 a. m. Por:
 L. C. Bermeo Gamboa, reportero de El País
Alejandro Gaviria

Alejandro Gaviria publica ‘Otro fin del mundo es posible’, una reflexión sobre el presente a partir de la obra del escritor inglés Aldous Huxley.

Especial para El País

El exministro, escritor y actual rector de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, acaba de publicar el libro ‘Otro fin del mundo es posible’, ensayo que lleva como subtítulo “Cómo Aldous Huxley puede salvarnos”.

Se trata, quizá, de la obra más original de la bibliografía de Alejandro Gaviria, un volumen híbrido entre ensayo de divulgación científica, crítica literaria y confesión íntima; donde Gaviria hace una profunda reflexión del mundo presente, sobre sus excesos tecnológicos, la crisis climática, los límites de la medicina, la educación, las sustancias psicoactivas y el comportamiento social.

Todo ello, a partir del pensamiento de Aldous Huxley, el autor inglés fallecido hace 57 años, y reconocido principalmente por su novela distópica ‘Un mundo feliz’ (1932).

Pero Alejandro Gaviria va más allá de la manida, y nunca demasiado reiterada, comparación entre la pesadilla tecnológica de ‘Un mundo feliz’ y la realidad actual.

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En ‘Otro fin del mundo es posible’, Gaviria repasa gran parte de la obra de Huxley, evidenciando que el autor inglés tenía una compleja filosofía muy acorde con nuestro tiempo; y que así como en su juventud denunció los excesos de poder en una distopía, al final de su vida se reconcilió con una visión del mundo donde sin perder el escepticismo, buscó aplicar una ética de la compasión, para aprender a vivir y morir mejor.

¿Cómo conoció la obra de Aldous Huxley?

Hace 20 años cuando leí ‘Un mundo feliz’ por primera vez, pero hay un contacto más reciente, de hace aproximadamente dos años, que se deriva de mi libro anterior ‘Siquiera tenemos las palabras’, allí el último ensayo es sobre Huxley.

Desde entonces empecé a leer sus ensayos escritos al final de su vida. Aunque mi primer contacto fue hace muchos años, mi obsesión por Huxley, mi lectura frenética y el repaso de toda su obra, sobre todos de sus libros tardíos, ocurrió en los últimos dos años.

¿Por qué dedicarle un libro?

Fueron dos conjuntos de ideas las que me motivaron, la primera fue escribir un ensayo sobre la crisis ambiental y la visión de Huxley sobre esto, una visión que fue concebida cuando no había una preocupación global y sin embargo, para nuestro presente, me parece clarividente.

¿Cuál es el pesimismo cósmico del que habla en su libro?

Con esto lo que trato de plantear es un contraste esencial entre lo que llamo razones para el pesimismo cósmico, algo que después convierto en una especie de instigación a celebrar la vida. Esa idea no viene propiamente de mis lecturas de Aldous Huxley, era algo que ya tenía en mi mente, y surgió de una lectura de ‘Las diez razones para la tristeza del pensamiento’ de George Steiner. Pero fue en diciembre del año pasado, cuando releí la novela ‘La isla’ de Huxley, que me pareció que esa visión tenía muchas afinidades con Steiner, que podíamos entender de esa forma qué es la experiencia humana.

Huxley tenía la idea de que la vida humana se caracteriza por la muerte, la enfermedad, la desazón, el absurdo, la ignorancia fundamental, el desprendimiento, la insatisfacción, el autoengaño, y un poco las angustias de la sociabilidad. Ante eso me gusta anteponer el asombro, que Huxley llamaba la atención, una idea profunda que está en la literatura y la poesía.

Considero que todos somos hijos de la misma penuria, una realidad que nos debería llevar a la compasión, algo urgente en este momento de la humanidad, no solo por lo que estamos viviendo debido a la pandemia, sino por lo que nos espera con la crisis climática. Creo que partiendo del pesimismo cósmico podemos llegar a una idea fundamental y que invita a comprender una solidaridad esencial con todos los seres humanos y seres vivientes.

Alejandro Gaviria

Otros libros de Alejandro Gaviria son ‘Hoy es siempre todavía’  (2018) y ‘Siquiera tenemos las palabras’ (2019).

Especial para El País

En segundo lugar fue una preocupación que yo he tenido como investigador y y ha hecho parte de mi carrera como académico y funcionario, que es el tema de las drogas, esa discusión sobre las formas distintas de regulación social frente al prohibicionismo. También influyó el encuentro casual con un manuscrito de Huxley en California, que me llevó a la conclusión de que debía escribir algo.

A pesar de su escepticismo, Aldous Huxley no pudo evitar caer en algunos fraudes de su tiempo. En su caso, ¿cómo maneja el escepticismo y se previene de autoengaños?

Huxley en su novela ‘La isla’ presenta el escepticismo como parte fundamental de la educación, allí dice que todos, desde pequeños, debemos aprender a desconfiar de las falsas promesas humanas, así y todo, él mismo cayó en muchos errores a lo largo de su vida.

Debido a una temprana infección bacteriana en sus ojos, su vista fue deficiente toda su vida, y muy mayor creyó en un falso tratamiento contra la ceguera. Pero no solo eso, también creyó por algunos años en teorías como la eugenesia, así como en la crisis demográfica, ideas que analizadas ahora parecen ingenuas. Lo que esto nos demuestra, creo yo, es que uno puede predicar el escepticismo, pero aplicarlo resulta mucho más complejo.

Sin embargo, el mensaje del escepticismo, hoy en día, aunque pueda sonar controversial, es no tomarnos las ideas muy en serio, no caer en los dogmas, anteponer siempre las personas a las ideas.

Ese es el Huxley liberal que yo celebro y que me parece habla a la humanidad ahora, cuando parece que estamos entrando en una etapa de locura, de un tribalismo dogmático. Sé que es difícil practicar el escepticismo, aprender a desconfiar de las ideas cuando se convierten en dogmas, pero esto ha sido importante siempre y fundamental ahora.

Huxley como Orwell siguen vigentes, pero lo que hoy en día tenemos es algo más curioso, porque las dos distopías se han mezclado. Uno ve cómo en países asiáticos la tecnología se convierte en formas de control social, y en los gobiernos totalitarios, algo que se ha extendido con la pandemia”.

Partiendo de la novela ‘Un mundo feliz’, en su libro habla sobre “la falsa seguridad” que crea la tecnología…

Esa es una novela sobre los extravíos tecnológicos, de cómo la tecnología asumida como un hedonismo sin alma nos va a quitando la capacidad de reflexionar. Y yo creo que esa crítica a la tecnología en general, se puede extrapolar a la tecnología médica en particular.

En el libro yo comparto una gráfica que demuestra cómo a pesar de los avances de la medicina, en el fondo, hemos solo logrado vivir un poco más. Como lo dice en una frase jocosa el médico Alejandro Jadad, “la última vez que midieron la tasa de mortalidad de la humanidad todavía andaba por el 100%”.

Curiosamente yo he presentado este libro en dos congresos médicos, de psiquiatras y reumatólogos, y encuentro entre los médicos mucha receptividad, porque mi posición no es heterodoxa, en ningún momento trato de desvalorizar el trabajo de los médicos.

De acuerdo con ese principio de escepticismo, ¿cómo asume usted la espiritualidad?

Yo quisiera dejar clara una diferencia, una cosa es el escepticismo y otra la ausencia de espiritualidad. Yo el escepticismo lo he mantenido en el sentido de que no creo en un dios antropomórfico, no creo que haya un creador ocupado de los asuntos humanos.

Pero creo, como Huxley, que la búsqueda de sentido y la autotrascendencia son importantes, de modo que este libro en el fondo es completamente espiritual. Porque yo me considero espiritual y tengo mis formas diferentes de orar, por ejemplo leyendo poesía.

Eso me pasa cuando leo al poeta venezolano Eugenio Montejo, así ciento esa “terredad”, algo que se parece mucho a lo que Huxley llamó la “filosofía perenne”, y no puedo dejar de pensar que esos poemas son oraciones.

Son una forma de celebrar y al mismo tiempo protestar por la vida humana. También mantengo mi escepticismo sobre la idea de la vida más allá de la muerte, pero eso no me ha llevado a la pérdida de espiritualidad sino a todo lo contrario.

Experiencia psicodélica

Huxley en algún momento de su vida decidió probár el LSD, usted también, al final del libro, comparte su propio testimonio de esta experiencia…

Tenía ya como siete capítulos del libro escritos, cuando sentí que al libro le faltaba algo, que aunque había teorizado con el tema de las drogas, pero que por honestidad intelectual, yo debería replicar esa experiencia que había tenido Huxley con algunas de estas sustancias que él llamó: psicodélicas, que significa manifestación de la mente.

Lo pensé varias veces y lo hice de manera deliberada, no fue una falla de criterio, tuve en cuenta que soy rector de una universidad y que tengo una imagen pública. Lo hice con responsabilidad como tiene que hacerse, plenamente consciente de que no era un consumo recreativo, sino una experiencia, y también apelando a que en las principales universidades del mundo esta terapias se están desarrollando, como en el Imperial College de Inglaterra o en la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos.

Además, lo hice porque yo también quiero darle a este debate sobre ciertas sustancias psicoactivas, una visión que tenga en cuenta los efectos médicos y científicos, que me parecen fundamentales para generar una visión distinta y dejar el estigma de lado. Entonces a mí me parece que si yo he estado involucrado en este debate desde hace 20 años, y estaba la experiencia de este autor, descrita en sus propias palabras, faltaba mi propia experiencia. Tomé la decisión, lo consulté con mi esposa y lo hice.

Pero finalmente ha pasado algo extraño, yo pensé que iba a generar más polémica.  Me parece que nuestra sociedad está más madura para este tipo de debates sobre sustancias psicoactivas. Hasta el momento no he recibido ninguna crítica vehemente al respecto, más bien manifestaciones de sorpresa y preguntas como esta, todo lo cual me parece que tiene que ver con el renacer de un conjunto de circunstancias que la próxima década van a jugar un papel importante en la psiquiatría moderna.

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