cultura
Geraldine De Santis, la autora ítalo-dominicana que revoluciona la literatura infantil, dejó huella en CaliLee
La autora ítalo-dominicana comparte su visión sobre el humor, la memoria histórica y los desafíos del ecosistema editorial en el Caribe durante su participación en Cali Lee 2026.
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29 de oct de 2026, 02:57 p. m.
Actualizado el 29 de oct de 2026, 02:57 p. m.
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La literatura infantil y juvenil (LIJ) es un puente entre culturas, una herramienta de resiliencia y un espacio para la memoria viva. Así lo demuestra la destacada autora e investigadora ítalo-dominicana, invitada especial a la edición de Cali Lee 2026.
Con una trayectoria consolidada de más de 30 títulos publicados —algunos de ellos traducidos y celebrados en escenarios tan diversos como Italia, Perú, Puerto Rico y Brasil—, la escritora llega al público colombiano para conversar sobre la mediación de lectura y la riqueza de la narrativa antillana.
En esta entrevista con El País habla de cómo su doble identidad moldea sus relatos, el poder del humor frente a la adversidad y los desafíos estructurales que afronta el libro en la región caribeña.
Su origen es ítalo-dominicano y ha vivido en varios contextos. ¿Cómo se entrelazan la identidad caribeña y la europea en la atmósfera de dus relatos para niños y jóvenes?
Como bien puede suponer, mi caso no es aislado. El Caribe es un crisol de culturas que, a lo largo de la historia, se han mezclado y han generado manifestaciones culturales propias del contexto antillano. En mis libros, esa diversidad se refleja en los personajes, en sus formas de ser y en los distintos entornos socioculturales de los que provienen. En mis historias para niños y jóvenes hay personajes asiáticos, estadounidenses, caribeños y dominicanos que interactúan entre sí y logran conciliar sus identidades de origen con el entorno que los rodea, especialmente con el universo afectivo que encuentran en sus familias y escuelas.
Para mí, tener dos nacionalidades y pertenecer a dos culturas ha sido algo natural; ha sido mi manera de estar en el mundo. Mi mirada parte de dos perspectivas, dos lenguas y dos familias que conviven en mí y me enriquecen. Al final, ambas culturas confluyen y se integran cuando tomo una decisión literaria, ya sea al construir un personaje, elegir un escenario o definir la manera de contar una historia.

En su libro ‘Dominicanas fuera de serie’ rescata el legado de mujeres clave de su país. ¿Cómo cree que la literatura infantil ayuda a construir memoria histórica y orgullo cultural en las nuevas generaciones?
La literatura infantil y juvenil permite construir memoria histórica y fortalecer el orgullo cultural, al rescatar historias que, a pesar del paso del tiempo, conservan su vigencia y forman parte del tejido social que hemos heredado.

Las grandes dominicanas que han dejado su huella en la danza, las artes, los negocios y el deporte siguen presentes, de alguna manera, en las nuevas generaciones. Sus trayectorias encarnan valores y cualidades humanas —como la perseverancia, la creatividad, la valentía y la capacidad de superar obstáculos— que trascienden las épocas y conectan a las juventudes actuales con su historia, su identidad y las posibilidades de su propio futuro.
Una de sus novelas infantiles más reciente, ‘Guerra de Tías’ (2024), apuesta por el humor. ¿Qué tan desafiante es escribir comedia para los lectores de hoy y qué rol juega el humor en la cultura familiar caribeña?
El humor es una de las características clave de mi personalidad y del ser caribeño. Suelo reírme incluso de mí misma y esa manera de entender la vida también se refleja en mis libros. En historias densas, cuyos personajes están atravesados por el dolor o enfrentan situaciones familiares, problemas de salud y otras circunstancias difíciles, el humor adquiere un papel fundamental, que es el caso de Nadia, la niña protagonista de Guerra de Tías, que se avergüenza de su tía y que acompaña a su mejor amigo durante la enfermedad de su madre.

Cuando un lector de diez o doce años se encuentra con una historia de este tipo, el humor no es solamente un recurso literario para narrarla, sino también una herramienta emocional que le permite tomar distancia del sufrimiento, afrontar situaciones complejas y desarrollar resiliencia. Me interesa que los lectores puedan reconocer y hacer suyo ese recurso.
Tengo, naturalmente, mis referentes literarios en el humor, autores a quienes leo con frecuencia y disfruto mucho, como Roald Dahl y David Walliams, entre otros. A mi manera, procuro recrear algunas de las posibilidades que ofrece el humor para contar mis propias historias. Creo que la risa, la ironía y la capacidad de encontrar un resquicio de alegría incluso en los momentos difíciles son recursos esenciales para la supervivencia humana. También pueden contribuir a la construcción de la personalidad de niños y niñas, y a la formación de lectores fuertes, sensibles y resilientes, capaces de mirar la realidad sin dejarse vencer por ella.


En ‘La temible banda de los atracadores de sueños’, toca temas profundos a través de la fantasía. ¿Cómo logra el equilibrio para hablar de los miedos y los anhelos sin perder la ligereza que atrapa a los niños?
Estoy académica e íntimamente convencida de que los niños y los jóvenes responden muy bien a la honestidad y que son capaces de reconocerla en los adultos de su entorno. La realidad es que crecen insertos en contextos familiares, sociales y culturales en los que, a pesar de su corta edad, se enfrentan a situaciones desafiantes y a momentos de dolor.
Encontrar en las historias que leen personajes que han atravesado duelos, dificultades y sinsabores puede ayudarlos a desarrollar la empatía hacia los demás y hacia sí mismos. La literatura les ofrece palabras para nombrar aquello que duele y les permite descubrir que, incluso en el sufrimiento, los seres humanos no estamos solos.
Lograr ese equilibrio, hallar la manera de abordar temas dolorosos o difíciles sin renunciar a la fantasía, es donde reside la artesanía del escritor. Por supuesto, todavía no he llegado adonde quiero llegar, pero, después de veinte años de práctica, siento que cada vez estoy más cerca de convertirme en la narradora en la que me quiero convertir.}
Como impulsora de la sección dominicana de IBBY (Organización Internacional para el Libro Juvenil), ¿cuáles considera que son los mayores retos culturales que enfrenta el Caribe para crear nuevos lectores en la era digital?
Uno de los mayores retos que enfrentamos en el Caribe es la falta de canales de comunicación y circulación entre las islas del archipiélago. Los libros difícilmente se exportan e importan de una isla a otra o de un país a otro. Esta desconexión hace que nuestras industrias editoriales funcionen como cápsulas aisladas, limitando el acceso de los lectores a otras realidades y, en particular, a las obras de autores caribeños. Muchas veces, los libros que llegan a nuestras islas proceden de otras latitudes y no necesariamente representan las voces de nuestra propia región.
El gran desafío es lograr que los caribeños nos conozcamos mejor entre nosotros y que nuestras industrias culturales y editoriales construyan una red que facilita la circulación de libros y publicaciones. La cultura no debería seguir siendo un lujo en el Caribe. Sin embargo, sabemos que, ante las dificultades económicas y las circunstancias políticas, la educación y la cultura no siempre reciben la prioridad que merecen. Crear esos canales de intercambio y colaboración sigue siendo una tarea pendiente y fundamental para el desarrollo cultural de nuestra región.
¿Cree que al igual que en Colombia, donde nuestro Nobel Gabriel García Márquez se inspiró en nuestro Caribe para crear Macondo, en República Dominicana hay uno? ¿Cómo lo describe?
Ciertamente, la República Dominicana ha sido cuna de formidables narradores. En nuestro país encontramos narradores en cualquier esquina: personas con una extraordinaria capacidad para contar historias y también escritores que, a través de sus obras, han trascendido fronteras y contribuido a posicionar la cultura dominicana en distintos lugares del mundo.
Salvando las distancias, figuras como Juan Bosch, Pedro Henríquez Ureña y Julia Álvarez han sabido abordar temas universales desde una mirada caribeña, con una sensibilidad y un vocabulario profundamente nuestros. Esa manera particular de interpretar y narrar el mundo merece llegar a lectores de todas las latitudes. El reto está en lograr que estas voces, que nacen de nuestra realidad y dialogan con la experiencia humana universal, puedan ser leídas y disfrutadas a una escala mucho mayor.
Desde su rol de investigadora y mediadora, ¿cómo ha cambiado su perspectiva sobre lo que los niños realmente quieren leer, en comparación con lo que los adultos creen que deberían leer?
Durante mucho tiempo, la industria editorial y buena parte de los sectores dedicados a la educación y a la publicación de materiales para la infancia estuvieron marcados por una concepción didáctica y moralizante de la literatura infantil. En las últimas décadas, sin embargo, una visión más contemporánea ha comenzado a dar mayor espacio a la escucha de los niños y a reconocer lo que tienen que decir. Esto permite establecer entre el autor y el lector un vínculo genuino, similar al que puede construirse con cualquier otro público, porque, al final, lo que permanece y enriquece al lector es una historia bien contada, capaz de resonar en su experiencia personal.
Si les damos a los niños y jóvenes la oportunidad de expresarse y escuchamos qué historias quieren leer, probablemente nos sorprenderá descubrir que sus intereses giran en torno a sus sentimientos, su entorno, su familia, sus amistades y sus sueños. Es decir, asuntos que forman parte de la experiencia de cualquier ser humano, independientemente de su edad.
Por eso, hay quienes afirman que la buena literatura es, en realidad, literatura para toda la familia. Cuando una historia trasciende las edades y logra conectar con lectores de distintas generaciones, adquiere esa cualidad atemporal que hace que cualquier persona pueda reconocerse en ella.
Ha recibido premios muy importantes como El Barco de Vapor y el Aurora Tavárez Belliard. Más allá del orgullo personal, ¿de qué manera estos galardones impulsan la visibilidad de la literatura infantil caribeña a nivel internacional?
Me gustaría pensar que, a lo largo de estos veinte años de trayectoria literaria, los reconocimientos recibidos han contribuido a visibilizar nuestra literatura infantil y juvenil, llevándola del ámbito regional al internacional.
La invitación al Festival Literario Cali Lee 2026 es una señal de que esos esfuerzos han ido dando sus frutos y de que podemos seguir abriendo espacios para difundir las historias caribeñas que escribimos para las infancias.
El siguiente paso sería lograr que las editoriales colombianas se interesen por descubrir lasvoces de nuestros autores del Caribe —dominicanos, cubanos, puertorriqueños, haitianos y jamaiquinos— y les den una oportunidad a sus obras. Estoy convencida de que estas historias, nacidas de realidades culturales diversas y capaces de dialogar con experiencias humanas universales, tienen mucho que ofrecer y pueden convertirse en lecturas memorables para niños y jóvenes.
Isabel Peláez. Escribo, luego existo. Relatora de historias, sueños y personajes. Editora de cultura, entretenimiento y edición de contenidos digitales.
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