cultura
Dany Hoyos presentó su segunda novela, Primavera, en CaliLee, y habló con El País
Dany Alejandro Hoyos, el mismo que interpreta a Suso, el Paspi, habló en el Festival Internacional del Libro de Cali, de esta obra que rescata sus años de felicidad y supervivencia en la Medellín de los años 90.
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28 de oct de 2026, 08:16 p. m.
Actualizado el 28 de oct de 2026, 08:16 p. m.
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Fueron los barrios de la Medellín de los noventa los que marcaron la historia de Dany Alejandro Hoyos, y los que hoy inspiran su nueva novela, ‘Primavera’.
Conocido ampliamente por su faceta humorística como el creador de ‘Suso el Paspi’, el escritor se sumerge esta vez en la memoria literaria para reconstruir el universo popular donde creció, jugó fútbol, hizo amigos y se enamoró, mientras la capital antioqueña atravesaba sus años más oscuros y sangrientos debido a la arremetida de los carteles de la mafia.

Nacido a principios de los años ochenta, el gestor cultural y escritor habitó sectores populares de la comuna nororiental como Santa Cruz y Zamora, además de La Milagrosa y Buenos Aires.
En esos entornos, la cotidianidad juvenil estaba marcada por una contradicción constante: la inmensa alegría de la cultura callejera enfrentada a la brutalidad del conflicto armado y el narcotráfico.
Era una Medellín donde la vida medía apenas tres cuadras, dominada por la figura de los “pillos”, las motocicletas DT y los homicidios en las esquinas, que pasaron a ser parte del paisaje cotidiano de los niños.
Sin embargo, Hoyos aclara firmemente que su libro evita tanto la victimización como la romantización de la pobreza.

Su obra, expresa, busca plasmar la verdadera felicidad de una infancia que se desarrollaba plenamente en el espacio público, al ritmo de las canciones de Willie Colón, Héctor Lavoe y Rubén Blades. Esta atmósfera musical es tan vital que la obra cuenta con su propia lista de reproducción para acompañar al lector.
La fórmula ha conectado de inmediato con el público, convirtiendo a ‘Primavera’ en el segundo libro más vendido durante la reciente Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.
Detrás de las páginas se esconde también un tributo a la resiliencia y el dolor. Hoyos ha recordado con crudeza que de su grupo de amigos de la infancia, cuatro fueron asesinados por la violencia de las milicias.

La novela rescata la memoria de los que se fueron, como su mejor amigo Benny, asesinado a los 16 años, obligando a toda una generación a tramitar los duelos sin psicólogos ni asistencia, asimilando la pérdida como un evento corriente. Es, en definitiva, un retrato de supervivencia que demuestra cómo la literatura y los recuerdos pueden salvar del olvido a toda una comunidad.
Ha recorrido 19 países con su personaje, Suso, por qué volver ahora a Primavera, en una ladera en Medellín, donde el mundo cabía en pocas cuadras, ¿qué se le quedó allá?
Yo creo, como dice la canción, que ‘uno siempre vuelve donde amó la vida’, uno siempre vuelve donde fue feliz. Yo fui muy feliz en mi adolescencia y por eso quise retratar este personaje de esta telenovela que vuelve a esa nostalgia de los 90. Que también, creo, mucha gente se identifica con eso, hay un tema de extrañar esa época de la espera, de cómo vivíamos nosotros en esos años, ahora que los cambios son tan rápidos, tan fútiles, y ni siquiera alcanzamos a disfrutar los momentos porque pasan de moda rápido; en el tiempo de nosotros las cosas duraban más tiempo”, cuenta Dany Alejandro Hoyos.
La novela es dedicada a sus amigos y a los jóvenes que murieron por la violencia en los 90, ¿a quién está trayendo de vuelta con ese libro, hablemos de la Chiva, Jose, Fruco?
Yo escribo por la necesidad de contar, a mí ellos se me aparecían en sueños, en las incertidumbres, en los miedos, en los momentos exitosos que yo quería compartir con alguien, y decía hombre, Benny hubiera estado acá. Esto es un homenaje a los amigos, a la amistad, a toda esa generación perdida de esos amigos que se fueron, que se los llevó la violencia. Y no es un reconocimiento a la violencia, sino a ese momento en que uno fue feliz, porque lo dice el narrador en el libro, que a pesar de las circunstancias difíciles, pasábamos muy bueno, éramos muy felices también.
Muchos libros cuentan a Medellín desde El Patrón, desde el sicario, usted lo cuenta desde la tienda, la cancha, la mamá que llama desde la puerta para que se entre ya ‘mijo’, ¿por qué era importante contar la Medellín de aquellos que se quedaron jugando, a pesar de las balaceras?
Porque para mí es importante mostrar que existía esa otra vida. Mucha gente ve a Cali también como la sede de los Orejuela y creen que solo había mafiosos y la gente vivía en una eterna balacera, no, había rumba, había disfrute, había fútbol, había goce, había risas, barrio, había esquina, sino pues habríamos desaparecido todos. Trabajar con ese estereotipo es un acto de rebeldía y de esperanza, ante esa gente que ve los barrios populares como los lugares de sufrimiento y dolor, que sí lo hay, como lo hay en cualquier ser humano, pero también hay alegría.
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