La increíble historia de la vendedora de pescado que hoy brilla en el modelaje

Septiembre 20, 2020 - 11:58 p. m. 2020-09-20 Por:
Meryt Montiel Lugo | Editora equipo de Domingo
Carmen Elena Verbel Ballesta

Carmen Elena Verbel Ballesta, a sus 18 años, se proyecta como modelo internacional.

Foto: Especial para El País

Su historia parece la trama de una telenovela: de vendedora de pescado en un pueblo del Caribe colombiano pasó a ser la modelo de un reconocido diseñador nacional, a la que hoy le llueven las propuestas de agencias de modelaje de Europa y de Estados Unidos. Solo falta que esta ‘producción’ de la vida real, termine en un final feliz.

¿La protagonista? Carmen Elena Verbel Ballesta, una morenaza de 18 años, cuya historia en la actualidad acapara la atención de medios nacionales e internacionales, como la cadena Telemundo, con su programa Despierta América, y CNN en Español.

Todo comenzó cuando la más pequeña de los seis hijos de Hugo Verbel Domínguez, aseador en la empresa Electricaribe y de la también aseadora y ama de casa Maribel Ballesta, debió marcharse a vivir con una tía a Valledupar, por la precaria situación económica que se vivía en su hogar, en su natal Cartagena.

Su tía, también de escasos recursos, le propuso que la ayudara a vender pescados en las calles de su barrio y en el Centro de Valledupar. Así que luego de llegar del colegio y de hacer algunas tareas, la adolescente salía después del medio día con “dos cavas de icopor, en un cochecito”, ofreciendo “bocachicos, mojarras, coroncoritos”. Si era fin de semana, desde las 5:30 a.m. le colaboraba a su tía arrollando pescados y hacia las 9:00 a.m. se iban al Centro de la capital cesarense a vender su carga, en cavas mucho más grandes. Se regresaban tipo 5:00 o 5:30 p.m.

Carmen evoca que arribaba a la casa “cansada de tanto caminar, ¡usted ni se imagina! Y llegaba negra”, remata riendo.

Sus mejores días como vendedora de pescado eran cuando llevaba coroncoros o bocachicos “a tres, por dos mil pesos”, pues “los vendía todos”. En cambio, cuando llevaba mojarras no vendía igual, “porque costaban 5000”.


Un buen día, vendiendo en el Centro, se le acercó Darío de Jesús Valencia Peñaloza, un diseñador con 30 años de experiencia, 10 de ellos como diseñador de vestuario para producciones del Canal Caracol y quien posee una gran clientela y su propia tienda en Valledupar. Esa jovencita alta, piel de ébano, hermoso rostro y sonrisa de dientes de perlas, a la que se le asomaban los huesos de la clavícula, como lo recuerda él, llamó poderosamente su atención. ¿Tú, tan divina, qué haces vendiendo pescado? Le dijo. Ella le respondió que la necesidad la obligaba. Entonces él, le preguntó que si quería ser modelo. Carmen, sonriendo tímidamente, le respondió que ser modelo o reina era su sueño desde niña.

La aguja cesarense luego de decirle en broma que ya las reinas estaban pasadas de moda, que aspirara mejor a ser modelo, le pasó una de sus tarjetas personales para que lo llamara con el fin de proponerle la realización de unas fotos. Ella, como no se sentía preparada para ejercer ese rol, le recibió la tarjeta, pero nunca lo llamó.

A la conquista de un sueño

Meses después, llegó a la casa de su tía su amiga Geraldine Meyer a motivarla a que solicitara una beca en la misma Fundación donde a ella se la habían otorgado y en la que enseñaban pasarela, canto, baile, teatro. Ella le decía que no tenía plata para eso. Su amiga le dijo que no importaba, que ella hablaba con su profesor. Y así lo hizo.

Poco después llegó a la Fundación Arte, Pasión y Cultura. Jheitong Rangel, director y profesor de la institución, tiene muy vívido aquel momento. “Llegó en pantaloneta, camiseta, en chanclas y con una gorra. Su cabello, con trencitas, estaba maltratado por el aliser. La vi bastante ruda, amachada, pero con una sonrisa increíble. Era despampanante: alta, bonita, voluptuosa – porque en ese tiempo estaba bastante gruesa.
Me senté a hablar con ella y hablaba gritado y me dije: ‘el trabajo con esta niña va a ser bastante fuerte’. Pero ver su inocencia, su pasión, esa manera como me decía ayúdeme, por favor, ayúdeme, por favor, me hizo decirle, ‘claro que te voy a ayudar’. Y me dio el primer abrazo cuando le dije: desde hoy estás en Arte, Pasión y Cultura’ y pegó un grito diciendo: “ay, sí, yo quiero ser modelo, yo quiero ser modelo”.

Aunque no tenía ni para pagar los $5000 que aportan los muchachos que se forman en la Fundación mensualmente, Carmen Elena comenzó con toda las ganas su nuevo compromiso.

Con los tacones que usó para sus 15 años, ya dañados, empezó a aprender a caminar sobre la pasarela. “Al principio caminaba demasiado amachado, no tenía ritmo en las caderas, ni nada por el estilo”, recuerda Rangel, quien pronto se convirtió en su ángel protector y confidente.
La bella cartagenera, de 1,73 de estatura y 53 kilos de peso, recuerda que al principio era una niña muy débil, que por cualquier cosa que le dijeran se ponía a llorar y decía que no podía. “Cuando yo vendía pescado y llegaba al colegio y me sentaba junto a las compañeras me decían: ‘Uy Carmen, hueles a pescado’, y me ponía a llorar delante de ellas. Yo le iba contando todo eso a mi profesor y él me dijo: ‘vamos a darte clases también de teatro, porque el teatro rescata vidas y así fue: en medio de las obras yo fui olvidando mis tristezas y llenando mis vacíos”.

Eran tantos sus deseos de aprender que, apenas salía del colegio y terminaba de vender sus pescados corría hacia la Fundación, y tal como lo recuerda Rangel, con voz dulce: “me llegaba oliendo a pescado, hasta con escamas en la piel. Entonces, le decía: ‘hijita, qué importa que llegues tarde, ve, te aseas y te bañas y luego regresas y ella: ¡ay profe, es que después llego tarde y voy a perder la clase! Yo le respondía: ‘no importa, tranquila’. Al tiempo se fue ganando mi corazón: en medio de la escasez en su casa se preocupaba por mí, llegaba a clases con una tacita de arroz y pescado frito. Me decía: ‘mire profe: le traje almuerzo’. Eso me hablaba muy bien de ella. En muchas ocasiones me trajo almuerzo y siempre era pescado”.

El cariño que Carmen le profesa a su profesor también es grande: asegura, al otro lado de la línea, con una voz pausada, como midiendo cada palabra que va a pronunciar: “yo era una niña muy gritona, todo lo hacía de manera basta, amachada, porque practiqué atletismo y jabalina en el colegio. El profe Jheitong me enseñó a sentarme bien, a caminar en la pasarela, a hablar mejor, fue un poco difícil, pero lo logré, ahora soy más femenina, ya me comporto como una dama”.

Tarde, pero llegó

Luego de pequeños eventos donde participó como modelo, después de tres meses de preparación debió someterse a un casting para el desfile de un diseñador profesional. Cuando llegó al centro comercial donde se llevaría a cabo la selección de modelos, ¡oh, sorpresa¡ Se trataba de Darío de Jesús Valencia. Una vez se reconocieron y saludaron, Carmen Elena le dijo: llegó tarde el pescado, pero llegó. Él, asombrado por su cambio de look, su porte y su figura más delgada, “quedó matado”, como asegura Rangel y la escogió para su pasarela. Y no solo eso: poco después, la convirtió en la imagen de su marca.

El diseñador costeño quiso arriesgarse con esa novel modelo, de sonrisa de coquetos hoyuelos que lleva un año y un mes preparándose como modelo. “Me arriesgué porque la abordé como la imagen de mi marca. A diferencia de lo que algunos hacen en Valledupar de escoger como modelo una niña bien, del nivel más alto, para que sea el gancho, la referencia, yo hice todo lo contrario. Busqué la más humilde y la volví mi imagen, para simbolizar la transformación que tú le haces a una persona y también, para ayudarle a cumplir a una joven su sueño”.

Con ejercicios, dieta, baile y mucha práctica de pasarela Carmen empezó a adelgazar, a enmarcar más su cintura, perfilando su cuerpo y gracias a ese impulso que le dio el diseñador en sus próximos desfiles, cuenta Rangel, empezaron a solicitársela los centros comerciales para eventos de maquillaje, como modelo de vestuario y desde empresas que trabajan con productos para el cabello afro para hacer fotos con ella.

La clientela del diseñador y la gente en general, en Valledupar, la aman, aseguran Valencia y Rangel, mucho más, desde cuando el profesional del diseño contó la historia de vida de la modelo cartagenera en Instagram. “Ella ha sido aquí un ‘boom’. Cuando sale las personas la saludan, le dicen que si se pueden tomar fotos con ella”, agrega Jheitong.

Esta admiradora de la ex Miss Universo Paulina Vega y la presentadora Claudia Lozano como modelos, en la actualidad ya no vende pescado, pero dice, con gran humildad que “si Dios me pone en el camino vender pescado otra vez lo haría con mucho gusto y con mucho amor. Yo no tengo problema en hacerlo porque a mí me gusta trabajar, vender. Pero ahora estoy dedicada al modelaje”.

Esta mujer que ama su cuerpo “aún con estrías”, está involucrada de lleno en este oficio que le permite ser el gancho para exhibir exquisitas prendas en una pasarela, en ese espacio donde “me siento libre, en donde siento que cada paso es un paso a mi sueño, a lo que yo quiero ser. Me siento yo, me siento liberada, se me olvidan los problemas, todo. Por eso es que me encanta montarme en los tacones, porque me siento liberada”, reitera.

Anhela convertirse en una modelo internacional, llegar a las pasarelas de París y estudiar idiomas. Mientras decide, con ayuda de Rangel y Valencia, cuál de las propuestas de trabajo aceptar, se dedica por estos días a aprender inglés desde su celular, ya que aún no tiene recursos para pagarse una universidad. También desea mejorar su español, “porque como cartagenera hay palabras que golpeo, que no sé pronunciar, ajá, es muy difícil, pero sé que lo voy a lograr. Porque cuando me pare frente a las cámaras voy a hablar mejor. Voy a tener un antes y un después. Como antes, que las cámaras me daban miedo, ahora no: me ponen en frente una cámara y enseguida hablo: ‘hola, soy Carmen Elena Verbel Ballestas, tengo 18 años… eso es lo que quiero lograr”, comenta convencida de lo que quiere.

Desea aprovechar su rol como modelo también para enviarles varios mensajes a niñas de escasos recursos como ella, que abrigan un gran sueño. “Quiero decirles que cuando se levanten caminen hacia sus sueños, que no importan las dificultades, las barreras, que sean fuertes, que crean en ellas. Y que piensen, como dice mi profesor Jheitong, que antes de ser artista, hay que ser buenas personas”. Además, les aconseja que si quieren llegar al mundo del modelaje no tienen por qué prostituirse. “Uno llega donde tiene que llegar, y yo llegué con humildad, no tuve necesidad de quitarme la ropa delante de mis profesores, quienes me enseñaron muchas cosas para llegar donde estoy”.

Su profesor y amigo, el actor y gestor social Jheitong Rangel aseguras que ella ya está preparada para destacarse en pasarelas internacionales.
Pero para que esta historia rosa de la vida real tenga un final feliz, él y el diseñador Darío de Jesús Valencia se están asegurando de dejarla en buenas manos: en una agencia legal, con gente profesional, que en vez de restarle le sume a su vida, que le enseñe a ser mejor modelo y persona. Así, se sentirán tranquilos y le podrán decir: “despliega tus alas, ve a valor alto”.

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