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'Unorthodox', las memorias de liberación de Deborah Feldman

Agosto 19, 2020 - 07:22 p. m. Por:
 Elena Chafyrtth, especial para Gaceta
Deborah Feldman

La escritora Deborah Feldman cuenta cómo logró liberarse de una comunidad religiosa Jasídica a la que estuvo sometida por años. Actualmente, la autora vive en Alemania al lado de su hijo y prepara su primera novela.

Foto: Alexa Vachon / Especial para Gaceta

Me encuentro en el estudio. Leo y entre más leo no dejo de sentirme identificada y entre más avanzo en las páginas de ‘Unorthodox’ de Deborah Feldman, mi mente hace memoria y se paraliza ante los recuerdos del 2008. Evoco el primer día de clases en un colegio que me resulta extraño y de inmediato siento que no pertenezco allí. Instantes después me llegan imágenes del 2011, estoy en el mismo lugar, después de tres años, aun no entiendo por qué sigo ahí, en el salón 10-02, donde no hacen más que secretearse y hablar de mí.

Es un salón grande y estoy recostada contra la ventana, imagino cómo poder salir. Tengo diecisiete años y aun así me siento de diez, débil sin protección alguna, temerosa a que pase lo mismo que ayer. Recibo amenazas todos los días en mi pupitre, no contentos con eso, una vez por semana roban alguna pertenencia de mi maleta. No hago nada al respecto, son más fuertes que yo, están acostumbrados a las avenidas y calles peligrosas, a enfrentarse al mundo con tal de hacer lo que les venga en gana.

Me sumerjo tanto en esos pensamientos del pasado, que por un momento creo que sigo en ese lugar. Abro los ojos, observo mi agenda donde cada día suelo tomar nota, contemplo mi taza de café y por fin sonrío.

¿Cuántas veces hemos sentido que no encajamos en un lugar? ¿Cuántas veces hemos imaginado huir sin explicación, sin remordimiento alguno? ¿Cuántas veces hemos tenido que esconder nuestros gustos y preferencias por miedo a sentirnos juzgados? Así es ‘Unorthodox’, un libro donde la escritora estadounidense-alemana le cuenta al lector cómo se educó bajo el estricto código de judíos ultraortodoxos y cómo logró salir de esa comunidad y ser la única dueña de su caminar.

“Cruzo las piernas con deliciosa expectación cuando leo que un día Matilda descubre sus poderes en clase, en ese desesperado momento decisivo que toda buena historia debe contener, cuando parece que todo está perdido pero de pronto surge la esperanza, salida de un lugar inesperado. ¿Descubriré también yo algún día que tengo un poder del que no sabía nada? ¿Estará ahora mismo dormido en mi interior? En ese caso, si yo fuera como Matilda y me fuese a vivir con la señora Honey, todo esto cobraría sentido. Los libros infantiles siempre tienen un final feliz. Como todavía no he empezado a leer los libros adultos he llegado a la conclusión de que esa convención es también un hecho de la vida. Las leyes de la imaginación dicen lo siguiente: Un niño solo puede aceptar un mundo justo. Durante mucho tiempo esperé que alguien viniera a rescatarme, igual que en los cuentos. Fue un trago amargo comprender por fin que nadie encontraría jamás el zapato de cristal que yo había perdido”.

Había una vez una niña a quien le pusieron como nombre Deborah, creció sin el amor de su madre, pues ella escapó para seguir el sueño de poder estudiar una carrera profesional y vivir una vida normal, entonces un buen día decidió renunciar a la comunidad Jasídica y divorciarse. Su padre, fue diagnosticado con un retraso y a partir de allí fue rechazado por su familia, la niña no tuvo más remedio que vivir con sus abuelos. Deborah, vivió una infancia amarga, en donde recorría las calles de Brooklyn, Nueva York, sin lograr entender muchas cosas de la comunidad Jasídica. Tenía pocos momentos de felicidad, uno de ellos era escuchar cantar a su abuela, pues esto ocurría muy pocas veces al mes, sucedía mientras su abuelo no se encontrara en casa.

Unorthodox

Netflix estrenó en marzo de 2020, la serie ‘Unorthodox’ basada en el libro de Deborah Feldman.

Foto: Especial para Gaceta

La niña pasaba horas y horas observando a su abuela preparar las tortas de queso, veía como mezclaba la masa para preparar el pastel de chocolate y cómo cocinaba el hígado de ternera. Deborah sentía que su único lugar seguro era la cocina, allí solía preguntarle a su abuela por qué las mujeres no podían cantar, no podían maquillarse y por qué su mamá había decido irse y abandonarla, sin embargo era poca la información que obtenía de Fraida.

Sabía que su abuela la quería, pues aunque nunca le preguntaba cómo se sentía, se aseguraba de que comería bien. En las noches, escuchaba las charlas que su abuela tenía con sus hijas, hablaban de lo difícil que sería casar a Debori con un hombre, pues en la comunidad Jasídica una joven que no viviera con sus padres y que además estaban divorciados, tenía menos probabilidades de ello.

Un día la niña, que ya no era tan niña, se negó a llegar temprano a casa, estaba cansada de aprender las mismas cosas en la escuela, de aprender palabras que solo le agradaran a Dios, estaba agotada de compartir solo con niñas, quería conocer otras cosas. Entonces, en ese preciso momento decidió romper la primera regla de muchas que se atrevería a romper durante toda su vida. Visitaría la biblioteca y de aquí en adelante compraría libros que guardaría debajo del colchón para que sus abuelos no se percataran de su existencia. De esta manera se encontró con personajes que la harían identificarse de inmediato con su vida, con ese mundo que ella no había elegido pero que tenía que aceptar si quería que su familia, y en especial sus abuelos, se sintieran orgullosos.

Por esos días, esperaba que sus abuelos salieran de casa para poder leer con calma, sin dejarse llevar por esa sensación de culpa o remordimiento. Deborah sabía que el abrazo que nunca había recibido de ninguno de los miembros de su familia, las palabras cariñosas y alguna muestra de amor, ya no le hacían falta. Ahora ella se sentía amada por la literatura y en cada personaje se veía reflejada, como si aquellos libros se hubiesen inspirado en su historia. Entonces bastaba abrir un libro para sentirse acompañada.

Desde pequeña su abuelo le había enseñado que cualquier cosa que hiciera podía hacer que Dios se enfadara con ella, por eso tenía que complacerlo, ayunar y rezarle en cada momento, cumplir todas las leyes establecidas por la Torá. Pero Deborah ya no estaba segura de seguir al pie de la letra cada frase religiosa, le irritaba escuchar: “Es la voluntad de Dios”. ¿Por qué dudaba? Porque en lo más profundo de sus ser se escondía una voz que de vez en cuando le decía que todo estaría bien, que al igual que los personajes que día tras día leía, ella encontraría la forma de sentirse libre, que cada persona era dueña de sí misma y por lo tanto responsable del camino que quisiera recorrer. En esos momentos pensaba en su abuela Fraida, era evidente que el único protagonismo que tenía en la casa era limpiar, cocinar y sobre todo callar cuando había reuniones en la casa. Los hombres eran los únicos que podían contar la historia de sus antepasados, mientras las mujeres se dedicaban a escuchar.

Pasó el tiempo y sus abuelos buscaron una casamentera para ella, quien escogería a Eli, el hombre del cuento de hadas para Deborah. Entonces, antes de casarse debió asistir al “Kala”, el curso matrimonial. Su profesora les enseñó que la palabra “nida” se traduce a rechazada, es decir, durante la semana de la menstruación la mujer es considerada impura, por lo que en esos días su marido no podía tocarla, pasarle un plato de comida y mucho menos oírla cantar. Ese mismo día Deborah sintió una punzada en el corazón, aunque trataba de asimilar la comunidad en la que había crecido, sabía que nunca había pertenecido a ese lugar. Cedía, todo el tiempo cedía por su familia, por la gratitud que tuvo con sus abuelos al haberla aceptado en su casa y haberla educado pese a que ya no tenían la misma fuerza que antes. Pero entre más Deborah se sumergía en la comunidad Jasídica, más rápido quería salir de esta.

En estas memorias el lector se encontrará con cada detalle que marcó el antes y después en la vida de Deborah Feldman. En estas 300 páginas el lector recorrerá las calles de Brooklyn y la avenida Kent Avenue, y en cada caminar encontrará algo diferente en la protagonista, pues si algo caracteriza a Deborah es el poder que tiene para guardar sus pensamientos de tal manera que sean compartidos con el lector. Este libro revela el estilo de vida que llevan los judíos ultraortodoxos. Aquí el lector se enterará de muchos secretos que por tanto tiempo guardó la comunidad Jasídica.

Leer ‘Unorthodox’ es vivir por unos días con la comunidad judía. En este repaso por su historia, el lector será testigo de cómo una niña creció con palabras que escuchaba de los otros y entendió que debía memorizarlas para poder agradarle a los suyos, para luego comprender que esas palabras e ideologías que había escuchado desde pequeña no eran la verdad absoluta. Así decidió encontrar su propia voz y enfrentarse al mundo, hallando la libertad soñada.

Probablemente después de terminar de leer la historia de Deborah Feldman, hombres y mujeres se nieguen a seguir ocultando debajo del colchón sus gustos, preferencias y se rehusarán a seguir mostrándole al mundo lo que no son. Seguramente después de vivir cada memoria que comparte la escritora en su libro, se arriesgarán a escribir o, por qué no, contar su verdadera historia.

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