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Odisea caucana, entrevista con el escritor Juan Cárdenas sobre su novela 'Elástico de sombra'

Octubre 23, 2020 - 10:23 a. m. Por:
 L. C.  Bermeo Gamboa, reportero de El País
Juan Cárdenas

Juan Cárdenas fue seleccionado en 2017 como uno de los mejores escritores latinoamericanos menores de 39 años, en la lista Bogotá 39 del Hay Festival.

Foto: Cristobal Manuel / Especial para El País

A mediodía, en un paradero de Puerto Tejada, bajo un sol abrasador y sudando “aguapanela hirviendo”, esperan don Sando y Miguel, los últimos maestros macheteros, herederos de una tradición combativa que se remonta a las guerras de independencia en Colombia. Hasta allí llega Cero, un “escribidor blanquito, así medio cafeconleche”, con quien emprenderán toda una aventura a través del Cauca profundo, en busca de una técnica ancestral de la esgrima con machete, el difícil movimiento conocido como “elástico de sombra”.

Así empieza la más reciente novela del escritor payanés Juan Cárdenas, titulada como esa técnica misteriosa ‘Elástico de sombra’. Es una historia en movimiento donde los hechos más fantásticos de la tradición oral afrocolombiana (un duende hermafrodita, una hermosa bruja que “atonta” a sus amantes y un encuentro con El-Que-Ya-Sabemos en una mansión de Popayán), dan paso a descripciones de las causas históricas de la violencia en el Cauca, y reivindicaciones sobre la defensa heroica que los indígenas y afrodescendientes mantienen hasta hoy en su territorio.

También es una novela de encrucijadas donde Don Sando y Miguel, así como Cero, encuentran que la libertad es el verdadero “espíritu machetero”, y que, pese al olvido impuesto por la historia oficial, aún sobrevive en figuras como Francia Márquez y su defensa de los derechos humanos, y en el rescate de la tradición machetera por parte de Héctor Elías Sandoval y Miguel Lourido, los excepcionales maestros retratados en la novela, quienes dirigen la Academia de Esgrima de Machete de Puerto Tejada.

‘Elástico de sombra’ es la sexta novela de Juan Cárdenas, uno de los autores colombianos más originales de su generación que, con este libro, rinde un extraordinario homenaje a la cultura afrodescendiente, una odisea que se mantendrá en el tiempo, otorgándole la voz y el protagonismo negados por la historia, pero restituidos por la literatura.

Antes de la presentación de su novela en la Feria Internacional del Libro de Cali, este tarde a las 4:00 p.m., Juan Cárdenas habló sobre su descubrimiento de los macheteros caucanos y su amor por la literatura afro.

El escritor caucano presentará su novela en la FIL Cali Virtual, este domingo 25 de octubre, a las 4:00 p.m. El evento se transmitirá por: www.filcali.com

Elástico de sombra

Novela publicada en 2019 por la editorial mexicana Sexto Piso.

Foto: Especial para El País

¿Cómo supo de los macheteros y la tradición de la grima?

Había oído hablar muchas veces de los macheteros del Cauca, que son una leyenda. Luego, gracias a algunos amigos, me enteré de que todavía existían maestros de esgrima. Por otro lado, soy un aficionado al siglo XIX colombiano. Me parece una época fascinante, donde los afrocaucanos tuvieron un papel notable en el curso de la historia de la nación. Para mí es muy importante que peinemos esa historia a contrapelo, para producir una imagen del presente muy distinta a la que nos han pintado los proyectos de nación blanqueada y oligárquica que siguen gobernando nuestros destinos. De ahí que, hace unos seis años, empezara a visitar en Puerto Tejada a los maestros Héctor Elías Sandoval y Miguel Lourido, con quienes me une ahora un vínculo de amistad y aprendizaje permanente. Ellos son archivos vivientes donde se depositan memorias populares, saberes, acumulados de luchas políticas y, sobre todo, historias. Cuentos, leyendas, mitos, anécdotas, chistes, décimas.

¿Por qué se interesó en escribir sobre la historia de los macheteros?

Hace cinco años incorporé la esgrima de machete afrocaucana como objeto de mi proyecto de investigación en el Instituto Caro y Cuervo, donde soy profesor en la Maestría de Escritura Creativa. Digamos entonces que llevo todos estos años escribiendo sobre la esgrima, produciendo textos de carácter más académico, si se quiere. La decisión de hacer una novela fue, sobre todo, política. Quería hacer algo que no quedara confinado en el estrecho armario de la academia y tuviera una circulación más popular.

En alguna parte de la novela, el narrador alude irónicamente a que un blanco no puede escribir una historia de negros…

En primer lugar, creo que debería haber mucha más cabida para los intelectuales y escritores negros en Colombia, que es una nación tremendamente afro. Necesitamos a más intelectuales negros contando esta clase de historias y produciendo pensamiento desde allí. Esa es una de mis obsesiones y parte de mi trabajo está orientado a abrir camino para que estalle una nueva generación de intelectuales negros en el país. Allí vienen con paso fuerte escritores y pensadores como Amanda Hurtado, Yihan Rentería, Yaír Cuenú, Giussepe Ramírez o Velia Vidal. En unos años veremos ese florecimiento.

Mi lugar de enunciación para escribir esta novela es un espacio problemático. Para algunos yo no debería estar autorizado a contar historias de macheteros porque soy dizque “blanco”. Aunque yo no me reconozco como “blanco”. De hecho, creo que en el mundo no existen personas blancas sino proyectos de blanqueamiento, ideologías racistas. Soy un mestizo, alguien que ha decidido asumir que estar mezclado, ser el revuelto de indios, negros y europeos es un desafío intelectual.

De todas maneras, antes de decidirme a hacer esta novela, consulté con los propios macheteros y con varios amigos del movimiento social negro del Cauca y fueron ellos los que me animaron a seguir adelante con el proyecto.

¿Tuvo en cuenta algún modelo literario para escribir ‘Elástico de sombra’?

Esta novela es el resultado de una investigación académica. Digamos que hay un rigor y un respeto extremo por todo este material y estas historias. No hay ningún misticismo. He tratado de ser lo más fiel posible al mundo de la esgrima como ellos lo narran en su tradición oral. El material fue el que sugirió cuál debería ser la forma. Y mis referencias más claras fueron novelas muy antiguas, El asno de oro, de Apuleyo, Las metamorfosis, de Ovidio, La conferencia de los pájaros, de Attar, Zadig, de Voltaire o algunas de las novelas incluidas en Las mil y una noches. Elástico de sombra es un libro arcaico. Un anacronismo dirigido a perturbar el tiempo.

¿Cómo considera que la cultura afrocolombiana ha sido representada a través de la literatura?

Los dos grandes son Zapata Olivella y Arnoldo Palacios. Dos grandísimos escritores de la lengua. Me preocupa que cierta crítica, encantada de reducir las obras al particularismo étnico, a la manifestación de unas supuestas esencias de lo negro, está arrinconando a estos autores en la pequeña estantería de las identidades y con ello nos está privando a los lectores de comprender su dimensión universal. La literatura colombiana para mí tiene dos ríos principales que luego dan origen a todos los demás: Candelario Obeso y Jorge Isaacs. Lo que pasa es que los anteojos críticos de hoy quieren mostrar a Candelario como una curiosidad étnica, a pesar de que navegamos en sus aguas todo el tiempo, muchas veces sin saberlo. Issacs y Obeso, por cierto, eran amigos y armaron juntos una fallida revolución radical en Antioquia.

¿De qué modo estudió la oralidad afrocolombiana para esta novela?

Como nos pasa a muchos caucanos y vallecaucanos, he vivido toda mi vida rodeado de ese paisaje sonoro negro. También de un paisaje sonoro indígena, pero como no hablo ninguna de las lenguas indígenas mi aproximación a ese mundo está mucho más limitado. Los negros en toda América han sometido las lenguas adoptadas —el inglés, el francés, el español, el portugués— a una maravillosa presión musical. Por eso mencionaba antes a Candelario Obeso, que es uno de los pioneros continentales en convertir esa presión en poesía. El lenguaje de todos mis libros en parte viene de allí, de Candelario.

El retrato de Francia Márquez resulta muy inspirador, ¿por qué decidió hacer ese salto narrativo de la ficción a la realidad actual de Colombia?

Es una novela fantástica, claro, pero porque así es la tradición oral de la que bebe. No es una decisión tomada desde afuera, como quien aplica un molde a una materia extraña. Es la propia materia la que ha determinado cómo tendría que ser la novela. No considero que haya ningún salto. Todo forma parte del mismo universo, que podríamos llamar el republicanismo negro del Cauca. Ahí late un proyecto de nación pendiente de concretarse desde el siglo XIX. Ese es nuestro futuro, si es que tenemos uno.

¿Hasta el momento qué impresiones ha recibido de los lectores?

No he recibido muchas impresiones de parte de lectores colombianos. Y la verdad, en este caso particular, las únicas opiniones que me importan provienen de lectores negros, hombres y mujeres para quienes escribí este libro.

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