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De cómo asustar al lector y otras pesadillas, diálogo con el escritor Pablo Concha 

Noviembre 22, 2020 - 05:00 a. m. Por:
 L. C. Bermeo Gamboa, reportero de El País 
Pablo Concha

Pablo Concha también es escritor de reseñas literarias y entrevistas con autores, sus colaboraciones aparecen en las revistas Gaceta, Libros y Letras, entre otros medios culturales.

Foto: Jorge Idárraga, especial para Gaceta

El príncipe Hamlet tenía pesadillas que no lo dejaban en paz, “encerrado en una cáscara de nuez me tendría por rey del espacio infinito, si no fuera porque tengo malos sueños”, dijo cuando se quejó ante un amigo. Su tragedia, y la de toda su familia, se desencadenó por esa insania de no poder distinguir entre el sueño y la vigilia, ¿acaso la obra de Shakespeare no puede leerse como la larga pesadilla de un príncipe? De la que despierta cuando recibe la estocada de una espada envenenada.

Entre otras muchas clasificaciones, la historia de Hamlet también pertenece al género del terror; para empezar, aparece un fantasma, el protagonista y otros personajes están dementes, y de principio a fin encontramos muertos (asesinatos y suicidios). Estos son los ingredientes de las mejores historias de terror, algo que conocen todos los maestros del género como Edgar Allan Poe, Arthur Machen y H. P. Lovecraft.

Pero, para dedicarse al género del terror se debe tener una sensibilidad muy particular, saber mantener la serenidad para convertir las propias pesadillas en historias de ficción. Y al mismo tiempo, aprender a hacer del miedo una herramienta para causar placer, curiosa paradoja que logró descifrar el escritor caleño Pablo Concha, quien desde esta ciudad en la que —según cuentan— encerraron al diablo; se ha dedicado a crear historias donde las fuerzas de lo irracional, lo tribal y lo oculto se apoderan de personajes anónimos, todos ellos que, como el príncipe Hamlet, se dejan llevar por sus malos sueños. Todos menos el autor.

Pablo Concha ha publicado hasta la fecha dos libros de cuentos enmarcados en el género de terror, el primero de ellos ‘Otra luz’ (2017), y el más reciente ‘La piel de las pesadillas’ (2020). Es en el cuento que da nombre a este último libro, donde el autor logra después de cinco años de trabajo, darle forma a una pesadilla que nadie desea tener, la de una mujer poseída que asesina a su propio hijo. Sin embargo, el logro de esta ficción no radica en los hechos, sino en la forma, puesto que el autor ha creado una atmósfera donde se intuye una presencia invisible y demoniaca, que estremece al lector y de algún modo teme escuchar eso que enloqueció a esa desgraciada mujer.

En ‘La piel de las pesadillas’, también hay otras madres y novias oscuras, figuras que son recurrentes en el autor, porque han nacido del subconsciente, y aunque ignora su significado particular, solo tiene una cosa clara, que lo aterran cada vez que las ve en sueños, y ese miedo es su materia prima.

“Un cuento de terror, de ser posible, debe asustar o dejar inquieto mucho después de concluida la lectura. Lo ideal sería que alguna imagen o suceso de la historia perdure en la mente del lector”.

La piel de las pesadillas

'La piel de las pesadillas', el segundo libro de Pablo Concha. contiene historias donde fuerzas sobrenaturales se apoderan de la voluntad de hombres y mujeres.

Especial para Gaceta

¿Cuándo nació su interés por la literatura?

A mis 10 años, cuando vivía en el barrio El Lido de Cali y descubrí en la biblioteca de mi abuela ‘Muerte en las nubes’ de Agatha Christie y ‘Los ojos del dragón’ de Stephen King. Leer esos libros fue como recibir una patada en la cabeza... en el buen sentido, claro... Fue el descubrimiento de algo que no sabía que existía, y pues eso cambió todo para mí.

¿Cómo terminó interesado por la literatura de terror?

De niño solía ver películas de terror con mi abuela, me gustaba mucho la sensación de peligro y miedo que experimentaba. El sentirme asustado. Mi mamá dijo algo en varias ocasiones, luego de terminada alguna película, que me quedó sonando: “La película es buena, pero el libro es muchísimo mejor”. Eso me llevó a explorar la biblioteca de mi abuela (llena en su mayoría de best sellers del Círculo de lectores) y encontrarme con Agatha Christie y Stephen King en primer lugar.

¿Cuáles son sus obras y autores favoritos del género de terror?

Toda la obra de H. P. Lovecraft y la idea central de su narrativa: los dioses primigenios y las formas de contactarlos y sus consecuencias. ‘El gran dios Pan’ de Arthur Machen, porque trata del precio a pagar por levantar el velo de la realidad y mirar lo que hay debajo. ‘La torre oscura’ de Stephen King. ‘Fantasmas’, ‘La Garganta’ y ‘Perdidos’ de Peter Straub, quien es una influencia muy fuerte para mí, es quizás el escritor de terror que más he leído y admirado y a cuya sabiduría siempre regreso. Su idea del miedo como forma de exploración de los traumas y abusos de la niñez es asombrosa y, además, es de los pocos autores que ha alcanzado la perfección en su escritura. Algún día quisiera llegar a ser tan perfecto como lo es Straub.

También ‘Distancia de rescate’ de Samantha Schweblin por lo misterioso, inexplicable y pavoroso que es. ‘Last days’ y ‘Song for the unraveling of the world’ de Brian Evenson (quien lastimosamente no ha sido traducido aún al español y que muchos desconocen) por lo original y apocalíptico de su visión y por su prosa. Es posible que algo de esa visión de Evenson se haya colado en los relatos de ‘La piel de las pesadillas’.

¿Qué opina del género de terror en la literatura colombiana?

Es, tristemente, bastante escaso. No hay ningún autor que sea un claro exponente del género o que sea exitoso y reconocido como tal. A diferencia de Norteamérica y Europa donde hay ejemplos claros. Me gusta mucho lo que hizo Cristian Romero en su primer libro, ‘Ahora solo queda la ciudad’ (2016). Hay en ese libro un cuento con aires de Lovecraft, ‘Familia’, que me gusta bastante, aunque Cristian se mueve más hacia la ciencia ficción. ‘Limbo’ de John Better tiene una mezcla interesante de elementos en un estilo particular, y hay un escritor de Bogotá, Álvaro Vanegas, que lucha con entusiasmo desde hace tiempo en este género bastante marginal aún en nuestro país.

¿Por qué considera que ha sido poco explorado?

Porque nuestra realidad diaria es peor que cualquier historia de terror: asesinatos, desapariciones forzadas, narcotráfico, carros bomba, corrupción descarada, violaciones de niños y otros vejámenes mucho peores... eso es horror suficiente para la mayoría de personas. Tratar de escribir algo que produzca más miedo que eso no es fácil... Además, el terror no es popular en las esferas de la alta cultura, es considerado vulgar y despreciable. Nadie en su sano juicio querría dedicarse a escribir terror, y menos en un país como Colombia. La literatura local ha explorado vertientes más populares, aceptadas y seguras, y tampoco se pueden culpar por haberlo hecho.

¿Cuál es el atractivo que tiene este género para los lectores?

El atractivo es el mismo que tiene para la persona que escribe este tipo de historias. Explorar el lado oculto de la realidad, las posibilidades que existen y que la ciencia es incapaz de explicar racionalmente, y el miedo a lo desconocido y cómo vivir con él una vez se ha experimentado.
¿Por qué el escritor de terror disfruta asustando a sus lectores?
Es un gusto macabro, que nace de la necesidad perversa del escritor de “pasarle” los terrores y pesadillas a los lectores y, tal vez, atenuar un poco esas emociones en su interior. También es una forma de crear una suerte de vínculo retorcido. Es como si el autor dijera: “Si a mí me da miedo esto, tal vez a ti también. Ven y compartamos juntos estos horrores”.

¿Cómo surgió la historia de ‘La piel de las pesadillas’?

Empecé a tener sueños con una mujer que estaba en el patio de una casa, de noche. La mujer vestía una túnica y cavaba un agujero en el patio. A veces oía un bebé llorando... No sé de dónde vino esa imagen... quizá retazos de cosas de Lovecraft que habían quedado en mi mente. Recuerdo que me despertaba desconcertado, como un poco ido por esos sueños tan raros. A medida que lo analizaba iban surgiendo cosas de forma natural, como una película de la que iba viendo cada vez un poco más. Era algo oscuro y macabro, pero como siempre me han gustado ese tipo de historias, decidí seguirla y llevarla a término.

Al principio fue idea para una novela larga, pero decidí sacar un fragmento que podría funcionar como un relato y trabajarlo de esa forma. Cuando terminé de escribirla, cesaron los sueños.

Mis relatos parten de imágenes que aparecen en la mente y se juntan con otras, a veces con miedos o fobias o traumas y generan alumbramientos extraños, perturbadores, muchas veces desagradables, que persisten y no se van hasta que no hay más remedio que escribirlos y compartirlos con los demás.

En sus cuentos hay también elementos del género policíaco, ¿considera que el terror y lo policíaco tienen una estrecha relación?

Sí, lo considero. Ambos géneros beben el uno del otro y se complementan y expanden. El policíaco o género negro o noir, trata de resolver misterios, casi siempre asesinatos, encontrar al culpable y restablecer el orden. El terror, por lo general, se ocupa de la irrupción de algo sobrenatural en el mundo y la manera como debe eliminarse ese elemento para retornar a la normalidad. Si se analiza un poco, el desarrollo narrativo es muy parecido (en la gran mayoría de casos y haciendo una amplia generalización) y da para que ambos géneros tomen elementos el uno del otro y se enrarezcan y nos deleiten como lectores.

Para usted, ¿cuáles son las condiciones que debe cumplir un buen cuento de terror?

Enganchar al lector con una historia diferente (o una conocida pero que tenga algún elemento o detalle que la haga ‘nueva’), desconectarlo de todas las pantallas y apps que le roban la atención cada segundo y, de ser posible, asustarlo o dejarlo inquieto mucho después de concluida la lectura. Lo ideal sería que alguna imagen o suceso de la historia perdure en la mente del lector por un largo tiempo.

¿Qué consejos puede compartir para quienes desean escribir dentro de este género?

Si es posible, dedíquense a otra cosa. Si no es posible, lean mucho terror, pero no solo los best sellers americanos o lo más de moda, lean los clásicos, a los maestros de los maestros, lean a los que le enseñaron a Lovecraft, lean el terror que se está haciendo en Latinoamérica. Lean a Amparo Dávila, a Mariana Enríquez, a Giovanna Rivero, a Luciano Lamberti, a Pilar Pedraza. Búsquenlos y beban de ellos. Y lean cosas diferentes también para alimentar el estilo y no ser —inconsciente o conscientemente— una copia o pastiche de los autores que tanto admiran.

¿De qué modo es Cali para usted un escenario para las historias de terror?

Cali ha sido un escenario de terror para los que hemos vivido aquí desde hace muchos años con la violencia, el narcotráfico y la corrupción sin fin. Sin embargo, hay un par de leyendas urbanas situadas en Cali, como la de Buziraco, el demonio que supuestamente habita en el Cerro de las Tres Cruces, con las cuales me gustaría hacer algo en un futuro cercano.

¿Por qué cree que a los autores de historias de terror se los margina y no se valora su calidad literaria, por ejemplo, en el caso de Stephen King, a quien muchos consideran candidato al Nobel desde hace años?

Porque el terror es un género no realista, que trata de “cosas que no existen” y por eso es mirado por debajo del hombro y considerado menor y sin importancia. Los críticos piensan que al tratar estos temas que de ninguna manera podrían llegar a suceder, o ser reales (según ellos), pierden su seriedad y valor. Se requiere una sensibilidad especial y una imaginación intensa para disfrutar de verdad el género, y muchos no tienen ninguna de las dos.

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