En la Feria del Libro de Cali, Raúl Vallejo presenta su novela Gabriel(a)

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Escritor Raúl Vallejo presenta hoy en Cali su novela ‘Gabriel(a)’

Octubre 12, 2019 - 12:00 a. m. Por:
Yefferson Ospina / El País
Raúl Vallejo

Raúl Vallejo, invitado a la Feria Internacional del Libro de Cali que presenta hoy su novela ‘Gabriel(a)’.

Especial para El País

La novela se llama Gabriel(a) y es fundamentalmente la historia de una mujer trans que choca, que se lanza con vértigo contra el mundo, lo mira de frente, lo desafía, busca un sitio en él. Pero no el sitio que se le ofrece, no el lugar de paria, la escena de violencia y desprecio. No.

Otro. Apenas la normalidad. El derecho a caminar por las calles sin miedo. El derecho a ser llamada por su nombre, el elegido, no el impuesto. El simple derecho a existir a su modo sin que el mundo se perturbe por eso.

Raúl Vallejo presenta hoy a las 2:30 p.m. en el Auditorio Cali Lee esa historia, con la que ganó el premio de novela corta Miguel Donoso Pareja el año pasado. Una narración rápida, brutal y tierna a la vez, descarnada y dotada de dosis exactas de elevaciones poéticas, quizá demasiado anecdótica, pero en todo caso, sólida. Hablamos con el ensayista, cuentista, poeta y político ecuatoriano, que visita la FILCali.

Cuéntenos del origen de la historia que cuenta esta novela.

En 2011 conocí en Bogotá a Michelle Valencia, la primera presentadora trans de la TV colombiana. Michelle trabajaba entonces en Canal Capital y hacía las coberturas de los eventos culturales, entre ellos la FIL de Bogotá. Nos hicimos amigos y, en algún momento, en nuestras conversaciones, salió la idea de escribir algo sobre su vida. Decidimos conversar al respecto y yo iba tomando notas. Al final, la literatura sigue el camino al que la obliga su estructura y el lenguaje, porque, no obstante que Gabriela tiene mucho del espíritu de Michelle, el personaje tiene su propia vida y las vicisitudes propias que le corresponden en tanto personaje.

La novela está dedicada a Michelle porque ella es un ser humano maravilloso, a quien quiero mucho; sobreviviente de un mundo cargado de prejuicios y mayoritariamente transfóbico. Michelle es una profesional de la comunicación y una cinéfila de criterio profundo; es una periodista que podría estar trabajando en cualquiera de los medios colombianos; lastimosamente, a pesar de la liberalidad de la que los medios hacen gala, ella no tiene un espacio de trabajo en ninguno.

Parece haber en su novela un eco de Que viva la música, de Andrés Caicedo...

Cada lectora o lector construye su tradición literaria a través de sus lecturas y el libro que está leyendo lo lleva a algún otro libro que leyó en el pasado. De ahí que usted pueda encontrar algún eco de Que viva la música —que me parece fundamental para entender el espíritu vital de toda una época—, en mi Gabriel(a), lo que en todo caso sería motivo de orgullo para mí. Creo, más bien, según mi proceso de escritura, que mi novela tiene ecos, en algunos pasajes, de la poesía del ecuatoriano Fernando Nieto Cadena, del grupo Sicoseo; o El progreso del amor, de Alice Munro; o Blonde, de Carol Joyce Oates.

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Hay un universo masculino en la novela retratado en función de la violencia contra el otro diferente. ¿Cómo es ese fenómeno en Ecuador?

Vivimos en una sociedad de violencia patriarcal, a todo nivel. Los feminicidios son una consecuencia de ello. Según un estudio de la “Alianza para mapear feminicidios”, desde 2014, cuando se tipificó dicho crimen en Ecuador, hasta febrero de 2019, han sido registrados 642 (seiscientos cuarenta y dos) feminicidios. Y en este año, hasta la fecha, más de 60 (sesenta). Al parecer, esta violencia se produce porque la frágil masculinidad se siente atormentada con la existencia de un ser humano transgénero que devela, en el heterosexual, el deseo y, al mismo tiempo, la represión de tal deseo, y que, por tanto, convierte a la Otra transgénero, en una carga que cuestiona la propia heterosexualidad de aquel macho.

Yazmín, una de las personajes, es una paisa que habla de narcotráfico y violencia. ¿No le parece que es una forma de mirar Medellín un poco prejuiciosa?

No, para nada. El personaje de Yazmín obedece a una realidad política y social imposible de esconder. La violencia del conflicto armado y el desplazamiento provocado por la acción de narcos, paramilitares y guerrilleros es una realidad. Y la conducta homofóbica de estos grupos es un hecho comprobado. Yazmín, además, representa esa migración que se da para ejercer la prostitución, a veces, ligadas a redes de trata de personas; otras veces, de manera independiente, pero siempre con una paradoja existencial dramática: es moverse a todos partes para estar en el mismo lugar: el lugar de la prostitución.

¿Cómo ha sido la reacción del mundo LGBT a su novela?

Mariasol Mite, que atiende la coordinación de atención al usuario en el Hospital Guasmo sur, de Guayaquil, y que es dirigente de la Coalición de Mujeres Trans del Ecuador, participó en la presentación de la novela en la FIL Guayaquil, el pasado 25 de septiembre. Mariasol contó la manera cómo en su lectura fue identificándose de manera personal con la historia y el drama de los personajes de la novela. Mariasol dijo que ella, en su condición de mujer trans, se sentía plenamente identificada con las vicisitudes del personaje de Gabriela, con sus anhelos y luchas.

Hay un metarrelato en su novela de migración de colombianos a Ecuador. ¿Cómo ven ustedes el fenómeno?

Yazmín es un personaje que da cuenta de esa migración. Hay más de medio millón de colombianos en Ecuador, en distintas situaciones profesionales y humanas. El desplazamiento, en particular, debido a la permanencia del conflicto armado es constante. En el pasado marzo, por ejemplo, la Defensoría del Pueblo de Ecuador, señaló que, desde febrero, habían 240 (doscientos cuarenta) desplazados colombianos en la zona de frontera de San Lorenzo, provincia de Esmeraldas. Lastimosamente, esta presencia es utilizada, según las diversas coyunturas políticas, como un ejemplo de integración o como un pretexto para la exacerbación de la xenofobia.

Gabriel(a) transpira una necesidad muy fuerte de vindicación del universo LGBT, ¿tiene ese propósito activista?

En mi investigación para trabajar literariamente el tema, ha sido estremecedor constatar la violencia criminal que se ejerce, con odio, en contra de las chicas trans. Creo que la literatura necesita decir algo que provoque una reflexión sobre el mundo y la vida en alguien. Una de las funciones de la literatura es la función ética: la literatura estremece la tranquilidad de quien lee porque lo obliga a cuestionarse los prejuicios y la injustica del mundo en que vive. Pero, claro, antes que una propuesta de activismo político, una novela debe plantearse, ante todo, como el desarrollo de una estética literaria.

Hablemos de nuevo del universo masculino de la novela, frágil y violento...

En nuestra legislación penal, hasta 1997, la homosexualidad era considerada delito y reprimida con reclusión mayor de 4 a 8 años. Recién en 1997 fue declarado inconstitucional el primer inciso del artículo 516 del Código Penal. A comienzos de este año de discutió, por ejemplo, la legalización del matrimonio civil igualitario. Me parece que su legalización constituye un paso adelante en ese proceso sostenido que es el de construir una ciudadanía sin prejuicios, —que, en particular, abandone la homofobia, porque, al final, esa homofobia del cuerpo social es la que justifica en la mente de los asesinos sus crímenes atroces—.

Creo que es necesario una ciudadanía que acepte la diversidad sexual no solamente en la ley, sino también en su espíritu.

Creo que una de las tantas virtudes de Gabriel(a) es ese lenguaje coloquial que usa y que se mezcla con agudas observaciones de un narrador que por momentos se difumina mucho. ¿Por qué esa decisión estilística, que, aunque afortunada, corre el riesgo de resultar ilegible para lectores lejanos?

Uno escribe para quien sabe leer, y escribe literatura para quien sabe leer literatura. La dificultad, decía Lezama Lima, es estimulante. No hay que hacer concesiones a quien lee; no obstante, tampoco hay que convertir a quienes leen en torturados por causa de las necedades de estilo de quien escribe. En una novela, quien escribe debe ser amable con quien lee y, al mismo tiempo, debe propinarle un remezón de conciencia que haga que el ser que empezó la lectura no sea ya el mismo al finalizar el texto.

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