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Deje de preocuparse por lo que no ha sucedido, consejos para su armonía mental

Estar inquieto por ciertas situaciones es normal, pero tenga cuidado, ya que puede llevarle al estrés y afectar su salud física y mental. Aprenda a ocuparse de las cosas, en vez de preocuparse.

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Aprenda a ocuparse de las cosas, en vez de preocuparse.

11 de dic de 2018, 08:03 p. m.

Actualizado el 17 de abr de 2023, 03:17 p. m.

Una preocupación es un viaje al futuro, que de alguna manera nos incapacita en el presente, ya que secuestra parte de nuestros recursos mentales, mientras buscamos una solución a lo que muchas veces solo es una posibilidad. Una vez se entra en este círculo vicioso de darle vueltas una y otra vez a un mismo tema, puede aparecer el miedo, el pesimismo y, sin duda, la ansiedad.

La afirmación es de la psicóloga colombiana radicada en Madrid, España, Alejandra León, en referencia a la tendencia que tienen las personas a preocuparse por cosas que aún no han sucedido, lo cual según ella, solo hace que se pierda tiempo en solucionar problemas irreales e impide disfrutar de la vida en el presente.

Y es que la palabra preocupación significa ocupación previa o anticipada, recuerda el docente de psiquiatría de las universidades Libre y Univalle, Eduardo Botero, para quien se trata de “ideas que la persona misma puede reconocer como extrañas y, sin embargo, pese a los esfuerzos que haga, no logra evitarlas.

De acuerdo con Julieta Cordero González, instructora de Programación Neurolingüística (PNL) de Asesores en Excelencia Integral, Aseia, “en algunas personas el hecho de entrar en modo preocupación las moviliza a buscar alternativas de solución. Mientras que en otras, el efecto que surte es paralizante, haciendo que se sientan en un callejón sin salida y no puedan actuar de manera apropiada”.

Cabe resaltar que la preocupación por sí sola no constituye un problema. Pero sí lo es “cuando la persona se mantiene en ella por mucho tiempo,  sostiene León, al señalar que “la preocupación excesiva o patológica es uno de los procesos psicológicos más estudiados, como quiera que es uno de los muchos problemas emocionales por los que las personas asisten a terapia hoy día”.

En este sentido, el doctor Botero agrega que desde el punto de vista psicoanalítico, una preocupación puede alcanzar el extremo de una obsesión, de tal manera que es preciso averiguar cuál es el sentido de la misma. Porque la imaginación puede desbordarse de tal modo, que las preocupaciones con respecto a todo lo que sucede alrededor, motivan la angustia y la parálisis.

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Qué pasa en la mente

Una de las maneras como funciona la mente es a través de las anticipaciones, indica  Julieta Cordero. Así que “cuando estamos preocupados, lo que realmente hacemos es crear una realidad mediante anticipaciones basadas en temores y miedos, que pueden limitarnos o activarnos, según la percepción y manera de reaccionar de cada persona ante las situaciones de la vida”.

La profesional aclara que si además de sentir los efectos de la preocupación los manifestamos verbalmente, se refuerza este efecto, magnificando dichas antelaciones y quedando como una programación, decreto o declaración de este estado. Por eso, recomienda que si se siente que es necesario manifestar lo que nos inquieta verbalmente, se podría evitar mencionar la palabra preocupación y recurrir a frases como: “esta situación me inquieta”, o “me tiene pensando”, “estoy pensativo” o “estoy buscando opciones”.

Consecuencias en el cuerpo

Cuando alguien se preocupa en exceso y sobre muchas cosas a la vez, se activa su respuesta de estrés para hacerles frente. Así, una situación de preocupación constante,  además de afectar el normal funcionamiento del  aparato digestivo, puede alterar el sistema inmunológico, reduciendo o dificultando la producción de glóbulos blancos, que son la principal herramienta de defensa del organismo  ante invasores externos.

Otros síntomas son trastornos del sueño, cambios en los patrones de alimentación, mareos, fatiga, caída del pelo, decaimiento, dificultades de concentración e irritabilidad.

8 estrategias para combatirla

1. Elija una hora para preocuparse. Si pasa mucho tiempo del día preocupándose, lo mejor es crear espacio para ello, así que puede escoger un momento del día para pensar sobre lo que lo intranquiliza y ver alternativas de soluciones, recordando que todo puede resolverse. Ponga en marcha su capacidad creativa a modo de lluvia de ideas para encontrar distintas alternativas y salir de su estado de zozobra.

2. Use un decantador emocional. A veces las personas se inquietan por cosas que no son importantes y aún así estas se vuelven el centro de su vida. Establezca si aquello que tiene en frente es más o menos importante y hágase preguntas que ayuden a decantar la situación. Por ejemplo: si en 5 años tengo este problema, ¿qué pasará? ¿en una semana, un mes o un año, seguirá siendo preocupante? Identificar qué nivel de repercusión tiene a largo plazo ayuda a medir la intensidad de ese pensamiento para gestionarlo. Ahora, en una escala de 1 a 10 y dele valor a esta preocupación. Recuerde lo que ocurrió con situaciones similares en el pasado. ¿Qué hizo y cómo las solucionó?

3. Cuantifíquelo. ¿Cuántas horas al día gasta en pensar en lo que le angustia? ¿Cuánto representaría en horas de trabajo y cuánto cuesta su hora de trabajo? Ahora, haga la equivalencia: horas de preocupación a $10.000 cada una. ¿Cuánto tiempo y dinero ha invertido entonces en preocuparse?

4. ¿Vale la pena?  Identifique si es necesario invertir tanta energía en ese pensamiento o  si podría emplear ese tiempo en cosas beneficiosas para su vida.

5. Analice la situación. Pregúntese ¿cuántas probabilidades hay de que ocurra lo que teme? ¿tiene pruebas fiables de que eso va a pasar? ¿Le ha pasado antes?  

6. Ponga en movimiento el cuerpo. La actividad física reduce el estrés, recarga de energía y ayuda al bienestar físico, emocional y espiritual.

7. Aquiete su mente. Actividades como yoga, meditación, mindfulness (concientización del momento presente), son claves para aprender a tranquilizarse.

8. ¿Está en sus manos? Si cree que no puede hacer nada, recuerde que siempre le queda cambiar de actitud y entender lo que está viviendo como un aprendizaje. Y finalmente, pregúntese: ¿qué es lo peor que puede pasar?

¿Preocuparse u ocuparse?

Hay una clara diferencia entre preocuparse y ocuparse, según lo aclara la psicóloga Alejandra León.

Preocuparse: es hacerse cargo de algo concreto que necesita ser resuelto, dándole la prioridad necesaria. Imagine que tiene una entrevista de trabajo, caso en el que es normal que la preocupación se active, pues querrá ser el escogido, pero aparecen los miedos: cómo desenvolverse y hablar ante el entrevistador, cómo responder a las preguntas, si se le notará la inseguridad, en fin, así empieza el proceso de preocupación. Ante escenarios como este la mejor alternativa es ocuparse.

Ocuparse: significa centrarse en el presente, en lo que puede hacer ahora por mejorar su situación. Implica acción, concentración y resolución. Siguiendo el ejemplo anterior, lo razonable sería preparar la hoja de vida, informarse sobre la empresa, repasar sus fortalezas y simular la entrevista con un amigo. Esta es una forma activa de hacerse cargo de la preocupación desde la acción y no desde la preocupación.

Qué hay en el fondo

Detrás de una preocupación excesiva se esconde una tendencia a evitar obstáculos o dificultades, explica la terapeuta holística Alejandra León.

Así, un joven que está terminando bachillerato se puede sentir intranquilo por no saber qué carrera elegir y le da vueltas al asunto, aplazando la decisión para no afrontar la situación. También hay quienes piensan que si no tienen el problema en la cabeza, lo van a olvidar, en tanto que otros han convertido las preocupaciones en una parte de su personalidad y consideran que es algo natural, así que si no están preocupados, es como si no fueran ellos mismos. También están los que tienen la falsa creencia que si piensan mucho en los problemas, la solución aparecerá por sí sola.

Tipos de preocupación

Actual:  ante situaciones o problemas en los que la persona se siente impotente para cambiar o que se salen de control.
Pasada:  sobre algo que ya ocurrió, pero que está abierto, que genera incomodidad y malestar.
Futura:  ante las probabilidades de que ocurra algo, casi siempre negativo.

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