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Mujeres Echando Raíces: el proyecto que reduce la xenofobia en Cali con vivienda digna

En Cali comienzan a desaparecer los carteles que dicen: “No se alquila a venezolanos”. Detrás está el proyecto Mujeres Echando Raíces, una estrategia que incentiva a los arrendadores a abrir sus puertas a mujeres migrantes desde el vecino país mediante apoyos para mejorar sus viviendas.

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Derlis Aurimar Márquez Arocha, una de las beneficiarias de Mujeres Echando Raíces, hoy trabaja como enlace territorial de la Fundación Sidoc.
Derlis Aurimar Márquez Arocha, una de las beneficiarias de Mujeres Echando Raíces, hoy trabaja como enlace territorial de la Fundación Sidoc. | Foto: Suministrada por Fundación Sidoc

5 de abr de 2026, 04:03 p. m.

Actualizado el 5 de abr de 2026, 04:03 p. m.

“No se arrienda a venezolanos” se leía hace meses en fachadas y ventanas de algunos barrios de Cali. Los carteles todavía no desaparecen del todo, pero son cada vez menos en una ciudad que históricamente se ha caracterizado por su solidaridad.

Parte de la explicación está en una estrategia silenciosa que se desarrolla en la Comuna 15, en barrios como El Vallado o Laureano Gómez: el proyecto Mujeres Echando Raíces, liderado por Expertise France, la agencia pública francesa de cooperación técnica internacional, en articulación con la Alcaldía de Cali y organizaciones sociales.

Su apuesta parece sencilla, pero está logrando cambios profundos: facilitar el acceso a una vivienda digna para mujeres migrantes (también colombianas) en situación de vulnerabilidad, como una manera de empezar a mejorar sus oportunidades laborales y su bienestar social.

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Tras las dictaduras de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, 6,8 millones de venezolanos debieron salir de su país en busca de un mejor futuro. Casi la mitad se radicó en Colombia, donde las mujeres representan el 50 % de los refugiados del hermano país.

En barrios como El Vallado, en la Comuna 15, el proyecto ha intervenido viviendas con mejoras básicas como puertas, baños y cableado. A cambio, los propietarios arriendan a mujeres migrantes en condiciones más justas.
En barrios como El Vallado, en la Comuna 15, el proyecto ha intervenido viviendas con mejoras básicas como puertas, baños y cableado. A cambio, los propietarios arriendan a mujeres migrantes en condiciones más justas. | Foto: Foto: Suministrada por Mujeres Echando Raíces a El País

La iniciativa Mujeres Echando Raíces surgió justo tras un estudio realizado en 2022 en varias ciudades de Colombia y Ecuador para identificar los territorios con alta concentración de migrantes con vocación de permanencia. Cali apareció como uno de los destinos principales de las venezolanas.

Según el diagnóstico de Expertise France, en la ciudad el 31,1 % de los hogares de migrantes de ese país viven en condiciones de déficit habitacional; 12,7 % del total y el 19,6 % de la última ola, en cuartos de inquilinato.

Es decir: las migrantes venezolanas no la tienen fácil para conseguir un techo digno en la ciudad. La mayoría lo hace en casas informales, compartidas con otras familias, muchas veces insalubres. Los arrendamientos son verbales, y costosos. Por los prejuicios de que no pagan o se tardan en hacerlo, les exigen por adelantado hasta dos meses o pagos diarios o semanales.

-El diagnóstico mostró que en la Comuna 15 existe una alta concentración de mujeres migrantes, muchas de ellas madres cabeza de hogar. Por eso focalizamos allí el proyecto. Pero no olvidamos las mujeres caleñas o colombianas: el 55 % de las beneficiarias son migrantes y el 45 % son mujeres locales -dice Jacqueline Rojas, directora del programa.

Anyi Encarnación Mosquera, una de las participantes del proyecto.
Anyi Encarnación Mosquera, una de las participantes del proyecto. | Foto: Suministrada por Mujeres echando raíces

Mujeres Echando Raíces también se desarrolla en Quito, Ecuador, y busca llegar a Perú o Costa Rica. La estrategia se basa en un principio cada vez más utilizado en políticas sociales: housing first (vivienda primero). La idea es que, cuando una persona logra estabilidad habitacional, una casa en buenas condiciones, aumentan sus posibilidades de acceder después a empleo, educación, servicios de salud, redes comunitarias.

Por ello, uno de los componentes del proyecto consiste en otorgar apoyos económicos temporales para el pago de arriendo y realizar, a los dueños de las casas que le alquilen a migrantes, mejoramientos de las viviendas como instalación de puertas, reparación de baños o adecuaciones eléctricas.

De esta manera se pretende consolidar una especie de ‘banco’ de más de 200 propietarios “sensibilizados” en Cali, dispuestos a arrendar a mujeres migrantes.

El estudio de Expertise France dice: “Las mujeres y las jóvenes migrantes están expuestas a diversas formas de violencia, no solo doméstica, sino también sexual, por parte de otros migrantes, de redes de trata o prostitución establecidas a lo largo de sus rutas, y de formas de extorsión de servicios sexuales a cambio de alojamiento diario, conocidas como ‘sextorsión’. Algunas de ellas operan en refugios. Se calcula que seis de cada diez mujeres en movimiento sufren alguna forma de violencia sexual en los corredores migratorios del mundo”.

El proyecto incluye formación para el trabajo de la mujer y su empoderamiento.
El proyecto incluye formación para el trabajo de la mujer y su empoderamiento. | Foto: Suministrada por Mujeres Echando Raíces

Hasta ahora, 791 mujeres en Cali han participado en al menos uno de los componentes del proyecto Mujeres Echando Raíces; 235 han recibido mejoramientos de vivienda, y 360 han participado en procesos de formación laboral en alianza con organizaciones como la Fundación Carvajal, la Fundación Sidoc, Propacífico, entre otras.

Yutzelis Alejandra León es una de ellas. Llegó a Colombia en 2008, proveniente del Estado de Carabobo. Aunque tenía una hermana en Cali, al pisar la ciudad se sintió “en el aire”.

- No conoces a nadie, no conoces las costumbres. Migrar no es fácil, pero Colombia ha sido un gran país. Muchas personas buenas me abrieron sus puertas.

Fue una compañera venezolana la que le habló del proyecto Mujeres Echando Raíces o, como también se le conoce, Mera. Yutzelis recibió apoyo para pagar dos meses de su arriendo y le mejoraron el cableado de la casa. Ya había hecho corto.

El proyecto Mujeres Echando Raíces también beneficia a las caleñas y comunidades locales.
El proyecto Mujeres Echando Raíces también beneficia a las caleñas y comunidades locales. | Foto: Suministrado por Mujeres echando raíces.

- También estucaron, pintaron paredes, les pusieron puertas a los cuartos y al baño, porque no teníamos esa privacidad. Ver tu casa en buenas condiciones te da paz mental. Cuando entro al apartamento, me siento feliz. Antes, sin los arreglos, no me sentía bien viviendo rodeada de paredes sucias. El ánimo baja.

Yutzelis vive el barrio Laureano Gómez. Se gana la vida vendiendo café, chocolate, avena, aromática, pan y empanadas. Sale a las 3:00 de la tarde con su carrito ambulante, recorre la galería Santa Elena y, a eso de las 7:00 de la noche, regresa pensando en su hijo menor, aún en Venezuela. Las ganancias de Yutzelis son para él.

Rocío Gutiérrez, de la Fundación Sidoc, uno de los operadores de Mujeres Echando Raíces, explica que la mayoría de las migrantes venezolanas son cuidadoras. De ahí que no contar con un espacio seguro para habitar se convierte en un factor altísimo de riesgo.

- Cambiar las condiciones de habitabilidad de una mujer y sus hijos tiene un impacto directo en todos los aspectos de su vida. Les permite concentrarse en otros procesos, como la formación o la empleabilidad. Además, se fortalecen acciones de prevención de violencias basadas en género y el acceso a la oferta institucional de la Alcaldía. Estamos hablando de una población en riesgo frente a la trata de personas, la explotación laboral y otras problemáticas que afectan la dinámica social de la ciudad. Reducir esos riesgos en un grupo de mujeres es una apuesta estratégica para transformar la realidad social –comenta.

Mujeres echando raíces se desarrolla en la Comuna 15 de Cali, e incluye intervención de espacios públicos.
Mujeres echando raíces se desarrolla en la Comuna 15 de Cali, e incluye intervención de espacios públicos. | Foto: Suministrada por Mujeres echando raíces

Derlis Aurimar Márquez Arocha llegó a Cali proveniente del Estado de Mérida. Era 2022. Le habían prometido un trabajo que no resultó. Sin familiares y conocidos, “todo era nuevo”.

Tiene dos hijos, de 2 y 5 años, así que no podía trabajar a tiempo completo. Primero recorrió a pie los colegios cercanos para inscribirlos. Después, los centros de salud. El consultorio jurídico de la Universidad Icesi fue su guía.

Luego consiguió un empleo en un asadero, después en un granero, todo muy informal. Hasta que conoció Mujeres Echando Raíces. Tras los talleres y las capacitaciones que se brindan como formación para el empleo encontró un trabajo en la Fundación Sidoc como enlace territorial.

Su relato confirma lo que diversos estudios muestran: “ las mujeres migrantes enfrentan más condiciones de vulnerabilidad durante su proceso de asentamiento, mayor informalidad laboral, sobrecarga de cuidados, exposición a violencias basadas en género y afectaciones en salud mental”.

El proyecto cuenta con el apoyo de la Alcaldía y entidades como la Fundación Sidoc, que le ha brindado empleo a algunas beneficiarias como Derlis Aurimar Márquez.
El proyecto cuenta con el apoyo de la Alcaldía y entidades como la Fundación Sidoc, que le ha brindado empleo a algunas beneficiarias como Derlis Aurimar Márquez. | Foto: Fundación Sidoc

Se estima que ocho de cada diez de ellas trabajan en el sector informal o en labores domésticas sin contrato, mientras muchas deben asumir solas el sostenimiento económico y emocional de sus hogares.

Precisamente, otra línea de acción de Mujeres Echando Raíces se enfoca en la prevención de violencias, el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva y el fortalecimiento de organizaciones de migrantes para que puedan incidir en la defensa de sus derechos.

De ahí que la iniciativa financió la dotación de la nueva Casa Matria, donde la Alcaldía atiende a las mujeres que padecen violencia de género o están en riesgo de ser víctimas de feminicidio.

El proyecto en total cuenta con una inversión de 7 millones de euros para Colombia y Ecuador, de los cuales 3,5 millones corresponden a Cali, y el cierre de la iniciativa está previsto para inicios de 2027, cuando se espera que, por fin, en esta ciudad no exista un solo cartel que diga: “No se le alquila a venezolanos”.

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