Colombia
Expareja de Carlos Castaño lanza libro en el que relata su paso por prisión en Honduras; esto reveló sobre su relación
La mujer asegura que los diez años que pasó en una prisión en Honduras, no fueron producto de su relación con Castaño, sino de malas decisiones durante su juventud.
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1 de mar de 2026, 10:06 p. m.
Actualizado el 1 de mar de 2026, 10:06 p. m.
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Durante años, el nombre de Paula Restrepo estuvo inevitablemente asociado a uno de los capítulos más oscuros del conflicto colombiano. Su historia, atravesada por decisiones personales, vínculos con el poder armado y una condena por lavado de activos, hoy toma forma en el libro ‘Entre rejas y balas’, donde Restrepo reconstruye los episodios más duros de su vida y reflexiona sobre las consecuencias de su pasado.
De profesión administradora de empresas, Restrepo fue pareja sentimental de Carlos Castaño Gil, exjefe de las extintas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Su relación comenzó en 1987 y terminó en 1993.
Años después, y tras recibir amenazas, salió exiliada a Estados Unidos. El nombre de Castaño quedó ligado para siempre a algunos de los hechos más violentos del país, como los asesinatos de Jaime Garzón y Bernardo Jaramillo Ossa, además de su papel en el grupo conocido como los Pepes.
Aunque su vínculo con el exlíder paramilitar marcó una etapa definitiva, Restrepo insiste en que su condena no estuvo relacionada con él, pues cinco años después de la muerte de Castaño, regresó a Sudamérica y fue detenida. Terminó recluida en la cárcel de San Pedro Sula, en Honduras, donde enfrentó una sentencia inicial de 15 años por lavado de activos, de los cuales cumplió diez.
“Tuve una relación en mis años de juventud con Carlos Castaño y, después de terminar con él, continué con mi vida y tomé muchísimas malas decisiones que me llevaron a terminar en la cárcel más violenta del mundo, en la cárcel de San Pedro Sula (Honduras). Estuve presa por diez años por lavado de activos (…) y ahora que escribí este libro, donde espero que sea mi redención a todos los errores que cometí, contar todo esto con conciencia es mi manera de asumir mis culpas”, relató.
El encierro, asegura, la enfrentó a niveles de violencia que jamás había experimentado. “Yo creo que lo que más me costó fue recordar, fue muy duro, porque la mayoría de los recuerdos son muy dolorosos y muy violentos. Cualquier persona pensaría que, por haber sido compañera sentimental de Carlos, me tocó, pues, vivir cosas superviolentas. Pero la violencia la conocí, en su máxima expresión, en el penal de San Pedro Sula (Honduras)”.
En la cárcel convivió con hacinamiento, corrupción y motines que aún hoy le provocan pesadillas. “Lo más duro de todo, lógicamente, era estar lejos de mi familia (…) Pero aparte de eso, de las cosas más horrorosas, que hasta el día de hoy tengo pesadillas con eso, fueron los motines. Eso fue espantoso”.
En medio de ese contexto, también encontró apoyo inesperado. Una de las personas que la motivó a contar su historia fue Laura Escobar, sobrina de Pablo Escobar.
Además, dentro de la cárcel comenzó a enseñar inglés a otros internos. “Yo tenía toda clase de personas como alumnos (…) Yo no me sentía y no tenía la autoridad moral para quitar a nadie (…) Yo recibía a quien las personas que gobernaban en la cárcel decían que yo debía recibir”.

Entre los episodios más impactantes que narra está su cercanía con Manuel Araujo, considerado uno de los criminales más temidos en Honduras. “Era un muchachito (…) que había cometido unos actos muy atroces, pero ese muchachito malo (…) me salvó varias veces la vida (…) verlo morir de la forma en que murió, para mí fue totalmente traumático”.
En 2020, Restrepo recuperó su libertad condicional tras una reforma al código penal impulsada durante el gobierno de Juan Orlando Hernández. “Teníamos la certeza de que el presidente Juan Orlando Hernández estaba cambiando el código penal, cosa que nos favoreció a todos los que estábamos acusados de esos delitos, incluyendo a mí, porque mi sentencia era de quince años”.
Su salida coincidió con la pandemia y con el paso devastador de los huracanes Iota y Eta. “Yo fui rescatada cuatro días después del huracán (…) Pasé cuatro días con el agua literalmente al cuello”, comentó.
Sobre su relación con Castaño, mantiene una postura clara: “Mi relación con Carlos fue estrictamente sentimental, nada más. Yo no tuve diferencias, yo no tuve nada que ver con las autodefensas (…)”. Y envía un mensaje a otras mujeres: “Mi mensaje es que corran; a las primeras banderas rojas, corran”.
Hoy, instalada nuevamente en Colombia, asegura haber pagado su deuda con la justicia y consigo misma. “Acepto que cometí un error (…) yo ya pagué, ante la justicia hondureña y ante Dios, los errores o el delito que cometí”.
Con Entre rejas y balas, que espera presentar en la Feria Internacional del Libro de Bogotá en abril de 2026, busca convertir su experiencia en una advertencia sobre los riesgos de las decisiones que se toman sin dimensionar sus consecuencias.

Ariadna María Orozco, reportera de El País. Comunicadora social y periodista con experiencia en medios escritos, televisivos, radiales y digitales. Ha participado en la cobertura de eventos deportivos de relevancia nacional y en programas especiales para noticieros regionales, especialmente en el Valle del Cauca.
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