La historia de Federico García, el niño caleño que escribió un cuento para vencer el bullying

La historia de Federico García, el niño caleño que escribió un cuento para vencer el bullying

Septiembre 19, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Isabel Peláez | Reportera de El País
La historia de Federico García, el niño caleño que escribió un cuento para vencer el bullying

Federico García Villegas lee mucho, lo que se puede apreciar en su léxico, y tiene una colección grande de dinosaurios que conoce al dedillo.

Este caleño de 8 años es el autor de ‘Crylo, un crylofosaurio en la actualidad’, un cuento en el que hace un llamado para que no se pongan etiquetas a los niños diferentes. Conozca la historia de su vida.

"Cuando me miro en un espejo, a veces,  no me veo a mí mismo sino que veo a otra persona, es alguien que se parece a mí pero no soy yo en realidad. Veo eso porque el autismo no me hace sentir bien, me hace sentir  como un ser diferente”, dice Federico García Villegas, un caleño de 8 años, autor de un cuento y una campaña  que lidera en Facebook y que tiene como eslogan: “Soy diferente, soy como tú”.

En la cuenta de Facebook que lleva  por nombre dicha frase, el niño ha conseguido  16.317  reproducciones del video que subió en esa red social, desde el 1 de agosto. Muchos ‘Me Gusta’  ha recibido su mensaje, en el que cuenta: “Vamos a construir una fundación para hacer una sociedad incluyente y quiero contarles que no importa de qué raza seas o qué tengas, si eres diferente o normal, no importa, solo quiero que todos estén incluidos”.

Federico tiene síndrome de Asperger, un trastorno neurobiológico  que se relaciona con el autismo. Y aunque de 3 a 7 niños por cada 1000 lo tienen,  (generalmente es diagnosticada entre los 7 y 16 años),  es desconocida entre la población general e incluso por muchos profesionales de la salud.

El síndrome de Asperger (AS), que padece el carismático Sheldon Cooper (el personaje, no el actor) de la serie televisiva ‘The Big Bang Theory’,  se caracteriza porque el paciente manifiesta intereses limitados o una preocupación inusual y obsesiva con un objeto o un tema en particular, excluyendo otras actividades y temas. 

Quienes padecen este trastorno del espectro autista (TEA),  tienen  una inteligencia normal o ligeramente por encima de la media, pero muestran rutinas o rituales repetitivos, “todo lo entienden literalmente. Les cuesta trabajo comprender el doble sentido, las metáforas y los chistes, de hecho, su sentido del humor es rarísimo porque no es chistoso para uno”, dice Andrea Villegas, madre de Federico, quien es psicóloga. “Tienden a ser poco expresivos, pero algunos logran aprender comportamientos que en la mayoría de las personas son innatos”, agrega.

Sin embargo, aunque quienes nacen con esta condición mueren con ella, durante toda su vida luchan sin tregua por conseguir un  futuro más amable en el que puedan comprender el complejo mundo de los demás y ser aceptados. 

 

El propio Federico afirma que su cuento está  en proceso de edición: “Se trata de Crylo, un pequeño dinosaurio que vive en el Jurásico y que cayó en un portal del tiempo y se encontró a sí mismo en la actualidad, entre focas leopardo que lo miraban muy mal, con ojos hambrientos. Se sentía perdido”. 

En uno de los párrafos de su historia, narra cómo Crylo “se sentía muy diferente, veía como las crías de las focas jugaban a cosas que a él le parecían muy violentas o que no comprendía y eso no le gustaba.  Crylo estaba muy ansioso, pensando que le iba a tocar vivir así, en medio de tanta hostilidad, cuando lo único que quería era tener amigos y encontrar una familia. ¿Debía cambiar? ¿Había algo malo en él? Eso le generaba mucha inseguridad a pesar de  que a él le gustaba cómo era y no le importaba ser diferente porque todos  necesitamos nuestras diferencias para identificarnos y enriquecer nuestra comunidad”. Federico, aunque cursa tercero de primaria en un colegio en el que los docentes le han dado mucho apoyo, se identifica con Crylo: “Siempre me siento triste, excepto los sábados y los domingos, que no tengo clases”.

Sofía García, la hermana de 6 años del escritor, lo apoya en su campaña y en otro video de Facebook asegura: “Lo que más me gusta de Federico es que es cariñoso, respetuoso y le encanta jugar con sus hermanos. No podemos rechazar a los demás aunque tengan una diferencia”. Y Lucas García, su hermanito de 3 años, dice: “Lo que más me encanta es jugar con sus dinosaurios, con sus legos, dormir con él y cuando tengo miedo él me acompaña”.

Para su mamá, los mejores terapeutas que ha tenido su hijo son sus hermanitos: “Le han enseñado tolerancia, paciencia, a compartir, a socializar y a respetar las ideas de otros”.

Ella cuenta que durante las vacaciones escolares, Federico escribió el cuento. “Me conmovió mucho, nos preguntó que si  era  el único niño que se sentía rechazado. Y cuando le dije: ‘Mi amor, hay muchos niños que por muchas otras razones no se sienten aceptados’, me respondió: ‘Qué triste, mamá,  no quisiera seguir sintiéndome así ni que otros niños se sintieran así. Y   surgió la idea de crear  una fundación”.

Le conmovió leer de su hijo cosas como: “Pero  a mí me gusta como yo soy, ¿por qué tengo que cambiar?, ¿Tengo algo malo?”. Y con toda la dulzura de la que es capaz una mamá le explicó: “No tienes nada malo, solo que las cosas que a ti te gustan y tu capacidad de imaginación, otros   no la  entienden, porque  lo  diferente  nos asusta y nos han enseñado que, lo que no entendamos, lo alejemos”.

Para ella y para su esposo, quien es médico gastroenterólogo, ha sido muy duro pensar que su hijo sufre. Así que convirtió  la fundación Federico García Villegas en su proyecto de vida. “Pienso invertirle todo mi tiempo y  no solo por mi hijo. En este mes he conocido otras mamás viviendo la misma situación y hasta más difícil.  Muchos me dicen: ‘¿Por qué no lo metes a un colegio de niños especiales?’. ¿Por qué? La sociedad no tiene por qué segregar a los niños distintos, ¿entonces debe entrar a una universidad y  a un trabajo especial? ¿Por qué no más bien los demás tratan de entender?”.

A ella le ha tocado oír casos como el de una amiga  que fue increpada en un restaurante del Kilómetro 18 por un adulto mayor porque su hijo no le hacía caso de cederle el puesto a su nieta. Cuando ella le explicó que él  tenía autismo, el señor le replicó: “¡Yo qué voy a saber, póngale un letrero!”.  

Al conversar con Federico cualquiera ratifica lo que la madre dice de él, que habla bien, que aprende las cosas rápido, “puedo pararme a exponer lo que sea, cuando sea y donde sea”, dice él mismo. Para él trabajar en grupo es una tortura,  escribir se le dificulta y  la regla es que hasta que no acaben todos no salen al recreo y  los demás niños se quejan de sus demoras. Es su día tras día. Se ríen de él porque se le caen las cosas, se le pierde el lápiz. Pero no quiere cambiar de colegio. Le gusta hacer amigos, pero cuando empieza a hablar de sus animales, que no son los  convencionales,  le reprochan: “¿Por qué eres tan infantil?” y lo dejan solo. 

“Ellos no se curan, porque esto es una condición, no una enfermedad. Él no tiene muchos filtros  entre lo que piensa y lo que dice, ha tenido que aprender que no todo lo que piensa lo puede decir, porque los demás se pueden sentir mal”, cuenta la mamá.  “Es muy simpático, pero no empático,  si alguien se cae, pasa por  el lado y es como si no se diera cuenta. Le hemos enseñado que lo ayude a levantarse”.

Sin embargo, en otros aspectos, parece un niño adelantado a su edad, como Albert Einstein, Isaac Newton, Bill Gates, Steven Spielberg, Keanu Revees, Tim Burton, Susan Boyle, que tuvieron esta condición y son considerados genios. Federico aprendió a leer a los 3 años, alucinaba a todos con sus construcciones de Legos  y rompecabezas complejos.  Y mientras los chicos jugaban en el jardín,  prefería  dialogar  con los adultos que escuchaban sus historias y entendían su léxico.

[[nid:577856;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/09/federico-garcia-3.jpg;full;{Andrea Villegas, quien es psicóloga, y Jairo Alberto García, médico gastroenterólogo, son los padres de Federico, Sofía y Lucas García.Foto: Ricardo Ortegón | El País}]]

“Mucho se habla de una educación inclusiva, y hay legislación, pero no se aplica”, dice Andrea, quien cree que la  discriminación se aprende: “Los niños pueden ser crueles, pero  entre ellos resuelven sus problemas y terminan jugando. Pero si en la casa escuchan voces de discriminación,  aprenden”.  La idea cuando lancen el cuento, cuya fecha tentativa es el 19  de octubre,  es hacer debates  en los colegios y en las universidades, para que no se den  casos  como el de una niña con parálisis cerebral que,  aunque estaba bien cognitivamente, no pudo  presentar el Icfes “porque se le  hacía difícil doblar el papel y no le dejaron entrar un tutor”. 

Y enfatiza: “Hay que  impulsar estrategias como la de un colegio en el que hicieron que los  alumnos se pusieran en los zapatos de los ‘diferentes’: que fueran al baño con ayuda, que no  hablaran, que escribieran con los ojos vendados y lograron que los niños ‘diferentes’ se volvieran paisaje. Ya no  era  ‘mi amigo el   autista’, ‘el especial’, ‘el tuerto’, ‘el cojo’, ‘el gordo’, ‘el negro’, ‘el gafufo’ sino ‘mi amigo’ y punto.  La inclusión debe llegar a eso, a que sea tan normal ver a una sociedad diversa que no pongamos etiquetas,  que llamemos a cada uno por su nombre”.

Habla Federico

¿Qué sientes cuando estás con otros niños?  

Me siento raro, como si viajara a otro mundo. 

¿Qué te dicen?  

Algunas personas me hacen mala cara. 

¿Y tú qué les dices?

Me siento muy desafortunado. Pero me quedo callado y, a veces, en las clases de danza me escondo debajo de la mesa. 

¿Quién es la persona que más te entiende?  

Mi viejo amigo Juanfer. Él es muy bueno cuando lo conoces, pero ha tenido que pasar por cosas tan duras  como lo que me ha pasado.  Le han tirado huevos de chinche, le han dicho palabras feas. 

¿Qué quieres hacer para que a otros niños nos les pase lo que a ti?  

Hacer la fundación para ayudar a otros niños y  que no sean excluidos de la sociedad. El objetivo es tener un impacto profundo en los corazones, ayudar a que el bullying y  la desinclusión se eliminen.  

¿Qué harás cuando seas grande?

Los dinosaurios me han interesado por generaciones. Yo seré paleontólogo y rescatador de los animales en peligro de extinción.  

¿Tienes mascotas?

Una perrita, Rosita, pero nuestra relación no es tan fuerte. Está loca. De hecho, no jugamos tan seguido. Mira lo que hizo con mis gafas  (las muestra estropeadas).

¿Qué animal te gustaría tener en casa?  

Murciélagos americanos, vampiros y vacas. A estas los murciélagos les hacen una fisura, les sale sangre y los lamen. 

¿No te da pesar?  

No, es natural, signo de la vida. 

 
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