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La caleña que sorprendió al país: récord nacional en apnea y boleto al Mundial de Serbia; así lo logró

Una abogada caleña supera el miedo al agua y alcanza un récord nacional en apnea con 196 metros, convirtiendo su historia de disciplina y superación en un camino hacia el mundial de Serbia.

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La caleña se ha destacado por su disciplina y esfuerzo. | Foto: Indervalle

26 de abr de 2026, 09:14 p. m.

Actualizado el 26 de abr de 2026, 09:14 p. m.

Por Valeria Marmolejo / Especial para El País

Era un domingo, pero no uno cualquiera, sino aquel en el que darían inicio las competencias de apnea en las piscinas Alberto Galindo.

Lady Restrepo, una abogada caleña de 37 años, quien siempre se ha destacado por ser una mujer soñadora y con metas claras, se levantó pensando en su competencia, aquella que la obligaba, de alguna manera, a desafiar su zona de confort. Su mente solo tenía una cifra: 200 metros con bialetas, la meta que se había trazado.

Lady inicia su día preparándose con sus técnicas de respiración. Luego toma un desayuno sano y ligero, para que su estómago no le juegue en contra. Mientras tanto, sabe que en la piscina el silencio no es vacío: es presión, es cuerpo, es mente.

Eran las diez de la mañana. El agua parecía tranquila, casi indiferente. Pero debajo de esa superficie azul, todo era intensidad. Había llegado el llamado para Lady, cargado de múltiples emociones: adrenalina, miedo, ansiedad, nervios y felicidad. Aun así, sabía que debía mantener el autocontrol.

Empieza su preparación: se pone el traje de neopreno y revisa al detalle cada uno de los elementos para competir —nose clip, lanyard (lobster), gafas, gorro y aletas—, asegurándose de que nada falte. En ese instante, el juez hace su llamado. Es un momento altamente tensionante: las pulsaciones suben a mil por hora y tranquilizarse se convierte en todo un reto.

Después de superar el récord nacional de apnea, nadadora caleña se alista para Mundial en Serbia
Después de superar el récord nacional de apnea, nadadora caleña se alista para Mundial en Serbia | Foto: Alcaldía de Cali

Para Lady es algo indescriptible. “Muchas veces he pensado en salir corriendo y no hacer la prueba”, dice, mientras recuerda cada detalle.

Allí estaba ella, inmóvil por un segundo eterno antes de impulsarse. Empieza el conteo regresivo. Sabe que, una vez digan “top time”, debe sumergirse, como quien entra a otro mundo: uno donde el tiempo se mide distinto y respirar deja de ser un derecho para convertirse en un desafío.

Su máximo, hasta ese momento, había sido de 172 metros, logrados en un entrenamiento. Tan solo debía avanzar 30 metros más para alcanzar su objetivo.

Inicia su prueba. Cada patada con bialetas la empuja más lejos, pero también más profundo en esa lucha silenciosa contra su propio cuerpo, contra las contracciones y, sobre todo, contra su mente. Afuera, los jueces observan; adentro, su mente empieza a negociar con el instinto.

Los primeros metros son engañosos. Todo parece fácil. Pero después, el cuerpo recuerda que necesita aire. Hace 100 metros, da la vuelta, y es ahí donde empieza para ella la verdadera prueba. A los 150 metros, el esfuerzo ya es imposible de disimular: los músculos reclaman, el pecho arde y la cabeza —esa voz traicionera— insiste.

Sus respiraciones se vuelven más profundas y su estado de conciencia, mayor. Aunque los nervios continúan, intenta mantener la técnica que ha venido puliendo. Sus movimientos al nadar son difíciles de descifrar, ya que no son cíclicos, lo que genera mayor expectativa en el público, que percibe que en cualquier momento podría salir. Pero nunca es suficiente para Lady cuando tiene una meta.

Así, aunque todo empieza a hacerse difícil, decide escucharse a sí misma y continuar. “Mi cabeza es una locura. Todo el tiempo me quiero salir: a los 50 metros me quiero salir, a los 100 metros igual, pero me voy diciendo a mí misma que soy capaz de seguir, y le hago caso a esa voz. Siempre escucho mi cuerpo, las señales de hipoxia, pero es una lucha mental fuerte en cada metro que avanzo”, cuenta.

Era evidente que, después de los 170 metros, el récord nacional estaba en juego. Pero también algo más íntimo: la capacidad de sostenerse cuando todo dentro de ella empieza a gritar que salga. Según Lady, “los últimos metros se sienten con una mezcla de dolor, disciplina y fe”.

Y entonces emerge. Su mundo no vuelve de inmediato. Primero se concentra en sus respiraciones de seguridad, en recuperar el control, en volver con todos sus sentidos y dar la señal de que está bien para que la tarjeta sea blanca. Segundos después, sale de ese estado y empieza a reconocer el ruido, el aire y los aplausos de quienes la acompañan.

No hubo grito inmediato. Solo una bocanada profunda, como si regresara de otro lugar. Luego, la sonrisa.

196 metros fue el logro alcanzado en esta ocasión. Y con él, la certeza de haber empujado un límite: el que la llevaría a convertirse en récord nacional.

Lorena Quevedo, entrenadora del grupo Zamá Free Diving, le cuenta a El País:

“Leydy se ha caracterizado desde el inicio por algo muy especial: su carácter. Es rebelde, terca en el mejor sentido y profundamente persistente. Siempre quiere ir un paso más allá; cuando se le pide algo, ella da más. Esa mentalidad es la que ha marcado la diferencia en su proceso”.

Además, destaca su crecimiento: “Ha sido realmente impresionante, porque viene desde cero y ha tenido una evolución exponencial en muy poco tiempo. Eso no es casualidad, es el resultado de su disciplina, su ambición y su capacidad de empujar sus propios límites constantemente”.

Y es que, aunque cueste creerlo, a Lady el agua le generaba pánico. No sabía nadar. En 2021, tras la pérdida de una oportunidad laboral, atravesó un episodio de depresión y ataques de ansiedad que le quitaron las ganas de vivir. Como parte de un tratamiento médico, le recomendaron nadar para ayudar a regular su cortisol. Así dio sus primeros pasos en Zamá Free Diving.

Entre risas, recuerda una anécdota de su primer día: “La entrenadora me preguntó: ‘¿Tú sabes nadar?’. Yo le dije: ‘sí, claro’… me metí a la piscina y me hundí”, cuenta. “Entonces me dijo: ‘primero debemos aprender a nadar’. Y aprendí en un mes”.

Después, sin dejar pasar mucho tiempo, vio a una amiga entrenando con pesas bajo el agua. Eso la llevó a probar algo más extremo: el mundo del freediving. Y ahí se enamoró.

“Sentir que debajo del agua solo piensas en ti, escuchar las señales de tu cuerpo, estar contigo mismo, con ese silencio rotundo… te alejas de los problemas porque te obliga a no pensar en nada más, solo en salir consciente de cada apnea”, explica. Para ella, ese es el estado más encantador de este deporte, aunque siempre convive con un miedo: desmayarse, tener un blackout.

Quizás, si no hubiese atravesado por aquel episodio de depresión, nunca habría descubierto ese talento que necesitaba despertar. Para Lady, el deporte es lo más maravilloso que le puede ocurrir a una persona: da felicidad, salud y bienestar.

La apnea como deporte

La apnea es un deporte poco conocido. Al no ser olímpico, el apoyo es casi nulo. Ni siquiera existe una selección Colombia consolidada, lo que dificulta que las entidades se interesen en su crecimiento.

Por eso, tras obtener su récord nacional y ser avalada por la comisión técnica de apnea para representar al Valle del Cauca y a Colombia en el mundial de Serbia, que se llevará a cabo en junio, Lady se enfrenta a un nuevo reto, uno que llegó por sorpresa en todos los sentidos.

Más allá del aval, necesita recursos para costear el viaje y la inscripción. Hasta ahora, todo lo ha autofinanciado con su trabajo. Representar a Colombia cuesta alrededor de 20 millones de pesos y tiene menos de un mes para reunirlos. Por eso, junto a su grupo, han creado una “vaki” para quienes quieran aportar a que este sueño se haga realidad.

Su entrenadora, que ha seguido de cerca todo el proceso, no duda:

“Creo firmemente que lo que hemos visto hasta ahora es solo el comienzo de lo que puede lograr. A nivel mundial, su potencial es enorme. Tiene esa combinación poco común de talento, determinación y hambre de superarse que se necesita para destacar. Además, hay un factor clave: el apoyo incondicional de su familia, especialmente su esposo e hijo”.

Su esposo, Wilson Gutiérrez, lo vive con intensidad: cada competencia le genera miedo y nervios, pero también un orgullo inmenso y una admiración total hacia su esposa, al ver cada metro recorrido con una sola respiración. Hará todo lo posible para que pueda viajar.

No es lo mismo empezar a competir tarde: Lady entrena, trabaja y sostiene su hogar. Aun así, eso no le impide seguir soñando en grande, abriéndose camino en la apnea y en el escenario internacional.

“Con la ayuda de Dios, voy con muchas expectativas, miedo e incertidumbre, pero confiada en el proceso y feliz de representar a mi país”.

Lady se convierte así en una enseñanza de vida: que los miedos se vencen trazando metas; que el deporte puede ser un camino para salir de los momentos más oscuros; y que nunca es tarde para soñar en grande.

Su terquedad y persistencia —las mismas que la llevaron de temerle al agua a conquistarla— son las que hoy la impulsan a mirar más allá de los 196 metros. Porque para ella, el límite nunca es el final, es apenas el punto de partida.

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